Repudio

Tomo esta foto prestada (sin permiso expreso) de la nota de prensa de BBC Mundo.

Ciudadanos colombianos deportados en la frontera con Venezuela. Tomo esta foto prestada (sin permiso expreso) de la nota de prensa de BBC Mundo.

Los hechos que se están produciendo en la frontera entre Colombia y Venezuela son simplemente desesperantes. Gente expulsada a la fuerza. Viviendas confiscadas y saqueadas. Emigrantes puestos en la frontera a punta de fusil, con mujeres, niños y ancianos; sin ninguna posibilidad de protesta o pataleo. “Nadie estaba preparado para este desplazamiento forzado al estilo de Hitler”: acaba de declarar el alcalde de Cúcuta. “Nos botan como perros”, decía un desplazado a las cámaras de un canal local. “La franja de Gaza en los Andes”, replica un amigo.

Los comentarios de vecinos y familiares son espeluznantes. Hace doce años, mientras vivía en Francia; explicarle a los franceces las violaciones a derechos humanos que se estaban produciendo en Venezuela era, simplemente, imposible. Por entonces, en Colombia estaba desatado el conflicto y las migraciones de desplazados. Ante eso, el despido en vivo y directo de 18.000 empleados de PDVSA era, simplemente, un juego de niños. Era mi palabra contra todo el aparato internacional de propaganda del Estado Venezolano, financiado con petrodólares pagados a más de 100USD el barril. Elijo recordar en primer lugar a los despedidos de PDSVA durante el paro petrolero. Ese despido tuvo las mismas connotaciones de lo que ahora pasa en la frontera con Colombia: Familias enteras sacadas por la fuerza de sus casas en los campos petroleros, personas despedidas por no presentarse a trabajar mientras estaban en reposo por incapacidad médica, y una enorme lista de violaciones a derechos humanos y laborales a los que el régimen les pasó por encima. Las familias de deportados en la frontera me recordaron inmediatamente  a los expulsados de los campos petroleros; también mujeres, ancianos y niños incluidos. Nadie estaba preparado para una expulsión al estilo Hitler.

Hace poco más de seis años, cuando llegué a Colombia; una buena parte de mis conocidos no me creían cuando les hablaba de las repetidas violaciones a derechos humanos que se estaban produciendo en Venezuela. Resultaba difícil, aunque ya no imposible, hacerle entender al colombiano promedio que las cosas en Venezuela estaban más graves de lo que parecían. Una parte importante, sin embargo, tenían sus propias convicciones políticas, las cuales les impedían escuchar (una de las mayores distorsiones del marxismo es la descalificación del interlocutor en virtud de su origen económico, étnico o social). Ya había presos políticos en Venezuela (Afiuni, Forero, Simonovis) ninguno de los cuales (lamentablemente) tuvo la notoriedad mediática de Leopoldo López. Ya hacía varios años estaba funcionando la lista Tascón (ahora disponible en versión 5.0 beta). Los nombres de todos los opositores públicos (incluido quien escribe, familiares, amigos y conocidos) fueron proscritos del sistema de economía nacional: nadie volvería a ofrecer empleo a un opositor. A uno le rescindieron un contrato para instalar cámaras en la alcaldía del municipio tal, porque había firmado. A otro lo sacaron del concurso en la universidad cual. Muchos se fueron agobiados por las dificultades económicas y laborales. Otros, finalmente, porque además comenzamos a temer cosas más graves. Conseguimos refugio (¿definitivo?) en países extranjeros. Fuimos botados como perros.

Los colombianos (el ciudadano de a pié: la vecina del frente, el panadero de la cuadra, el conductor de la buseta, el compañero de trabajo) han comenzado a abrir los ojos sobre la gravedad del problema en el país vecino. La represión brutal a las manifestaciones estudiantiles en los últimos años, el encierro de López y Ledezma, la prohibición de visita a expresidentes “no alineados” con la ideología del gobierno, la inhabilitación de opositores; todo ello ha comenzado a resonar, cada vez más, también fuera de las fronteras de Venezuela.

El episodio actual es solo la guinda del pastel. El objetivo no es la gente que se expulsa; sino la declaración (ya oficial) de estado de emergencia en el Táchira, una de las dependencias más fuertemente opositoras a una política económica absurda que el régimen pretende implementar a sangre y fuego, contra todo resto de racionalidad. Las expresiones que he escuchado a algunos personeros del régimen venezolano, al referirse a los deportados de la frontera en los últimos días, superan todo mi asombro. Me recuerdan el Dakazo de 2013 sobre el cual ya había escrito otra columna hace tiempo. Me recuerdan la profanación de la sinagoga de Maripérez, la cual yo mismo presencié y fue uno de los motivos más fuertes de mi partida. Lo que hay en Venezuela no es una democracia con la cual se pueda dialogar. Negocian de mala fe. Arrasan con personas, familias, sindicatos, instituciones y, de ser necesario, con países enteros. Merecen el rechazo rotundo tanto de sus propios ciudadanos como de las naciones vecinas. Lo que hay en Venezuela, no de ahora, sino desde hace 18 años, es la Kristallnacth en Caracas. Es la franja de Gaza en los Andes, como decía mi amigo.

Una vez, más me veo en la necesidad personal de repudiar las acciones del régimen violento que gobierna en mi país. Esta es la segunda. Dice la Sharia que, después del tercer repudio, sobreviene el divorcio definitivo.

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Enciclopedia de las vainas inútiles: Clasificación de las Flatulencias

Clasificación de las flatulencias

Tomado del Manual Diagnóstico de la OMF (Organización Mundial de la Flatulencia).

Inoportuno: Esta categoría, tarde o temprano, le sucede a todo el mundo. Acontece en las peores circunstancias, usualmente públicas y solemnes, como los entierros o velorios, desfiles patrios, etc. La víctima está en el momento justo y en el centro de la acción.  El cumpleañero al momento de soplar la vela. El novio o la novia en el instante del beso en el altar.

Canino: Variación del inoportuno, que ocurre en ese temido instante, en el sofá de la casa de los (actuales o futuros) suegros. De pronto sucede el milagro: alguien a quien echarle la culpa, bajo el sofá estaba el perro de la casa.

Ecuestre: Ese que hay que sacar ya, porque sí, cuestre lo que cuestre.

Engañoso: El que parece, pero no es. Tiene como variante el traidor, que es, pero no parece.

Boomerang: ¿A quién no le ha sucedido estar reventándose las tripas en una reunión familiar, pedir el baño prestado y darse cuenta de que solo se trataba de fuegos artificiales? Después del segundo o tercer conato de emergencia, el incauto piensa que no es grave, se aleja hasta el balcón para de descargar su angustia. Entonces la madre naturaleza (o el karma) manda una suave brisa que hace regresar la emisión gasífera, completica, al centro de la reunión social.

Terrorista: Emitidos por niños pequeños e incivilizados (propiedades ambas en relación directamente proporcional). A menor edad, más violento es el ataque. Uno no sabe exactamente qué acuerdo internacional violan: si el de Kyoto (emisiones de carbono), el de Ginebra (armas de destrucción masiva) o el de La Haya (delitos de lesa humanidad).

Antisocial: Variante del anterior, realizada con deliberación y alevosía, a fin de terminar ipso facto una reunión social. Se caracteriza por la edad adulta (no menos de 18 años) del victimario, quien posee plena conciencia y se regodea con el sufrimiento ajeno.

Exhibicionista: Curiosa subvariante del terrorista, que ocurre en lugares de concentración masiva y alta circulación de gente, como los centros comerciales.

Anticultural: Idem, con preferencia por teatros, museos o cines.

Modernista: Idem, en ascensores, aviones, helicópteros, autos de carreras o naves espaciales.

Antideportivo: Idem, en estadios de béisbol/futbol/lo que aguante.

Antigastronómico: Idem, en medio de una epicúrea reunión de pantagruélicos comensales.

Sonoro: Esta categoría tiene subtipos: vientos, metales, cuerdas, percusión. Sobran cualquier descripción.

Musical: Variante melismática del anterior. Solo ocurre entre los subtipos vientos/cuerdas.

Orquestal: Coincidencia  simultánea de dos o más sonoros, en contrapunto y/o harmonía.

Encobijado: El favorito de esos abuelos soñados por todos los niños, que llaman a sus nietos a acostarse en la cama con ellos.

Silencioso: El que no se oye. Suelen ser de gran efectividad, impacto y toxicidad; algunos implican riesgo bioquímico. Son los preferidos de los viajeros de transporte público, en horas pico.

Antireligioso: Variante del silencioso, que ocurre en templos religiosos atestados de gente, durante épocas litúrgicas fuertes y, de preferencia, en climas de cálidos a sofocantes. Tiene como subvariante el herético; que sucede cuando el victimario es la misma persona que oficia el rito. Algunos académicos refutan esta clasificación, pero la OMF en su manual diagnóstico establece que, si los decibeles sonoros superan el nivel 2, entonces se debe clasificar como Terrorista (op. cit. más arriba).

Comunista: Sucede en muy raras ocasiones, que por la flatulencia de uno solo, todo el mundo hace autocrítica y pide disculpas.

Capitalista: Siempre hay alguien que se las arregla para cobrarle a uno por cualquier cosa.

Kamikaze: Cuando el culpable se envenena a sí mismo con su propia emisión.

Inútil: Ese del que nadie se entera que existió.

Semisólido: Dícese de la flatulencia que viene acompañada de chufletazo. Vale decir, que los interiores del culpable quedan manchados con la marca del Zorro. Por eso mismo, es sencillo saber a quién corresponde el atentado.

Semilíquido: Variante que no requiere mayor explicación.

Coloide: El que queda a mitad de camino entre semisólido y semilíquido. Los hay en estado sol o gel, dependiendo de la predominancia del estado físico.

Post-orgásmico: ¡Ay no! ¿De verdad?

Freudiano: ¿Y todavía le parece que es un chiste?

Lacaniano: el que no se entiende.

Jungiano: esta no es una variante del Freudiano, sino del orquestal, en la cual la coincidencia colectiva se produce de manera inconsciente.

Bachiano: Se dice de aquel en el que el responsable del atentado, por vergüenza, se pierde y no regresa nunca más. Toccatta y fuga.

Beethoveniano: Cuando no se oyen; pero eso sí, vienen el primero, el segundo, el tercero… y el noveno de pié.

Brahmsiano: Idem, con coda.

Mahleriano: Además de modular, también muta lentamente las diferentes sensaciones olfativas de putrefacción. Se extingue (¡finalmente!) luego de varias horas: las víctimas no deben esperar sentadas, por riesgo de intoxicación aguda.

Schubertiano: El inconcluso.

Wagneriano: Idem. Pero no se extingue.

Gregoriano: Se creerá Usted en el séptimo infierno de Dante. Recitará, aunque Usted mismo no se lo crea: “Rex, tremenda maiestatis, salvanos fons pietatis”.

Another one bites the dust

Another one bites the dust

by G. Padilla

To professor M. Paluszny, who once gave me, as a gift, the rebirth of skepticism.

Dear reader: I have recently found an article by D. Dennet, published at the Wall Street Journal; and an answer, by D. Linker, at The Week. This note is intended to be an answer to both.

The key question for Mr. Linker is if the future of Christianity in the US is bleak. I agree with the short answer: not necessarily. If the belief on the existence of only one God and one way to pray constitutes a source of intrinsic intolerance; then I would be not so happy. But if, as Mr. Linker points out, what we see is a retreat of Catholicism and Protestantism, and at the same time a more or less proportional increase of Evangelical Protestantism; then those who have more primitive beliefs and are the growing ones. Something similar is happening in muslim countries, this is one of the reasons of struggles between the different branches of Islam.

Ancient monotheism used to live in minority, a situation that helped to elaborate the theology of the “God’s remainder”: The fewer we are, the more orthodox we become. We prosecute heresy. We ask our believers to teach the faith to their children. We practice proselitism (“propaganda fide”). After having ruled an important part of the world for centuries, Islam and Christianity (particularly Catholicism) are not quite used to be a minority, specially not everywhere. A growing population of nones (non affiliated to a particular religion) says, with some probability, that in the future to be a none might just be normal. If religions were just a “resident evil” waiting for any kind of plague that makes them grow again; then to consider religion as “not important at all” might not be so wise. Recall Jorge de Burgos, the old blind monk in Umberto Eco’s “Il nomme della rosa”, killing everyone who dares to read the first pages of a lost book of Aristotle (the “Comedy”). Laughter is particularly subversive but, in order to laugh, you must know what the joke is about. Sadly, the same new generations which are more likely nones, also spend more time on Youtube than Wikipedia.

I feel tempted to make a joke about the “religious thinking”. Isn’t this an oxymoron, anyway? (Ok, I did it, sorry). And, yet, I think it over again. According to A. Damasio (I will simplify a lifetime research in a couple of lines), thinking is a neuronal activity which involves our last evolutionary phases along the million years we have been feeling, i.e. translating perceptions and biochemichal signals into brain “maps”; like the last thin coating of colour over a steel-reinforced concrete wall.

I stand for what modernity has given to us: democracy, illustration, the universal declaration of human rights, political secularism, technological and scientific progress (or, at least, the idea of it). Nevertheless; a rigid rationalism can be as fanatic and blind as some religions, at some historic moments, have been. The XXth century gave us plenty of examples, some of them were related to religious conflicts, as Armenia or Darfur. But no religion made what Nazism did in Auschwitz-Birkenau, Khmer-rouges in Cambodia, Milosevic’s army in Bosnia, nor the MDP in Rwanda. Following H. Arendt, a feature of totalitarianism is the significant collective moral loss it leads to, also called the “banality of evil”.

A key to recover our individual ethical self-guidance is to make the exercise of reconnecting thoughts and feelings. That is, in other words, what the Poet described:

If you can keep your head when all about you

Are losing theirs and blaming it on you (…)

If you can dream—and not make dreams your master;

If you can think—and not make thoughts your aim…”

In order to connect feelings and thoughts, not only science (“rigid rationalism”) is needed. We need religion; so yes, Mr. Linker and I agree a little, again.

Here is where we desagree: A single boy/girl constitutes the personality structure, first by imitation, and later by challenging the constituted personalities he/she lives with. To a certain extent, the same happens to the entire society. We need arts, literature, poetry, history, metaphysics, mythology, ancient tales and the memories of our ancestors. We need limits, rules, totems and taboo. We need religion as we need a father: sometimes we follow them; others, we break/kill them. That’s how we connect feelings and thoughts, and how our individual ethical convictions, one day, will make sense. Metaphysics are different of religion. It is possible to find ethical roots in secular arguments. Asking if everything happens for a reason might, also, be the start of a scientific thinking, or a phenomenological approach. Existentialism neither forces nor excludes any particular religious thought. You can pick Kierkegaard, Jaspers, Marcel, Sartre or anyone else.

I also do not agree with a simplified scope which identifies the future of Christianity (or any other particular religion) with the “future of religion”, as a human need and activity. This kind of reduction can only be accepted by a particular believer: one who might, at a particular moment, consent the elimination of other creeds.

Being an atheist is not the same that being an anti-theist. It makes no sense to say an atheist (or a none) is God-hater”. If he/she’s not interested on religions, why should hate them? It’s also sad to read that, through the religious thinking is how “…potential religion maintains a more powerful grip”…on souls. It’s clear that providential words might betray everyone.

Misery and calamities might help some religions or some religious leaders (the kind I use to keep away) to increase the number of believers/followers. I remember J. I. Cabrujas, a venezuelan writer who, 15 years ago, when asked about the result of a poll for the former venezuelan social democratic party AD, said: To grow up is one thing; to fatten is another stuff.

Whenever a so-called religious leader says that your suffering is “meant to be” so you can learn something he/she is ready to teach you; just send him/her to the ____________ (fill in with your favorite distant place). Remember: None of us is at the center of the universe. Shit doesn’t happen to you (him/her, me, us); it just happens. Finally: Internet, science and technology are very fragile firewalls. They have also been used to spread fundamentalism, xenophobia and intolerance. It would be reductionist and self-indulgent to let the Nature with the responsability of building new ethical, moral and religious values.

Believers, atheists or “nones”, it is our responsibility as individuals, to tell religious leaders that we expect from them exactly the opposite: tolerance, dialogue, inclusion.

Paro en la UNAL: un recuento

Los empleados de la UNAL están de paro y asamblea permanente… Otra vez. Algunos, por demandas laborales. Otros, por solidaridad con el resto de los empleados públicos que han convocado pliegos para un paro nacional.  Mientras todo eso ocurre; hago recuento de algunos links que ofrecen una postura diferente sobre los cíclicos paros de la UNAL.

12 Abril El Espectador: Comienza el paro en la UNAL.

13 Abril 2015: Paul Bromberg. ¿Cómo es la elección del rector en la UNAL? En razonpublica.com

14 Abril 2015 RCN Radio Trabajadores piden a directivos UNAL que publiquen sus declaraciones de renta.

22 Abril 2015 ¿Por qué no apoyo al paro de la UNAL? (Nota de Rubén Darío Aragón)

20 Febrero 2013 ¿Por qué los científicos no hacemos paro? (Nota de WordPress)

21 Marzo 2013 ¿Por qué los científicos no hacemos paro? (youtube)

Antes de dormir

Antes de ir a dormir, hago hoy un último comentario. Acabo de ver, en Twitter, esta nota: “18 razones para no leer el Nuevo Testamento” . Son citas del Nuevo Testamento (biblia cristiana) enumeradas como motivo para que un judío no lea los  evangelios. El Tanaj (“viejo testamento”, lo llaman los cristianos) es uno de los más incomprendidos. Las traducciones cristianas son todas defectuosas; pero, a pesar de ello, la proporción de cristianos que en su vida han leído, de tapa a tapa, toda la “biblia” (ambos testamentos, vale decir, los libros religiosos cristianos) es mínima. Ello, a pesar de Lutero y de Gutemberg, a pesar del Vaticano II. Igualmente mínima es la proporción de judíos que han leído, enteros, todo el Tanaj (a pesar del precepto de escribir, en vida, un rollo de Torah); no hablemos del Talmud. La de musulmanes que desconocen el texto entero del Corán y la Shariah,es simplemente monumental. Especialmente entre mujeres musulmanas. Es precisamente el desconocimiento de su propia religión y sus leyes, lo que las hace una población tan sensible de agresiones con argumentos religiosos. ¿Cómo voy a saber lo que dice el Profeta en el sagrado Corán si ni siquiera sé leer?
Por favor; no vayan a tomar el siguiente comentario como una comparación entre textos (lo prevengo de antemano). Es mi modesta opinión que todos los libros se hicieron para ser leídos. Decía Hannah Arendt que uno de los mayores errores del siglo XX fue ignorar olímpicamente todo el programa político de Hitler, que estaba contenido en Mein Kampf. (De nuevo hago la aclaratoria: NO estoy comparando a Mein Kampf con ningún libro religioso). Solo imaginen lo que habríamos podido prevenir, de habernos tomado más en serio la tarea de leerlo y desmontar sus falacias. Si supiésemos un poco más de nuestras propias religiones, y también sobre las religiones de nuestros vecinos (aunque no las compartamos), quizás, solo quizás, encontraríamos algún punto de intersección para comenzar un diálogo. Eso mismo pensaba Hans Kung. Digo uno: la idea de compasión, en el Islam, es comparable al papel que juega el perdón, hasta cierto punto, en el cristianismo. La idea cristiana de amor al prójimo, y de solidaridad en el Islam; se comparan hasta cierto punto con la relación entre las responsabilidades individuales y colectivas que afronta un judío practicante.
Lo mismo pasa con unas cuantas de las nuevas religiones del siglo XX. ¿Saben cuánto comunista-socialista anda por allí, que en su vida se ha leído el Manifiesto Comunista? No digamos El Capital. No digamos Materialismo y Empirocriticismo de Lenin. No los han leído pero asumen algunos de esos supuestos con el mismo fanatismo de un recién converso. Y, ya se sabe, no hay nadie que tenga peor sentido del humor que un recién converso. Por favor, no caigamos en el mal chiste de decir que “pensamiento chavista” es un oxímoron; entonces seríamos parte del problema. Primero: es intolerante. Segundo; uno no solo piensa con la cabeza. También se piensa con las tripas y las emociones. Gran parte del problema del pensamiento chavista no está en la línea de pensamiento mismo (en su “propia lógica”); sino en el hecho de que, a veces, se origina en emociones enfermas. Un resentido, al igual que un paranoico, puede pensar de manera totalmente coherente… y también totalmente delirante. Las emociones son el edificio de concreto al cual hemos añadido una capa de pintura que llamamos razonar (pregúntenle a Antonio Damasio). Por eso, uno agradece cuando un Vladimiro Mujica se toma la molestia de tomar un argumento chavista y, en lugar de descalificarlo, lo refuta en un artículo, con toda la calma y pedagogía necesarias. Por eso uno agradece cuando un Ricardo Ríos se toma la molestia de conversar, tomarse un café, y mamar el gallo sobre todas las contradicciones terribles que los venezolanos llevamos a cuestas. Las risas que me arranca de las tripas el programa de Rico, simplemente me rescatan. Me recuerdan lo que todavía tengo de venezolano. De tanto reírme, me dejan, literalmente, como el guarapo.
Volviendo a la cuestión: Estamos llegando a una inflexión. A un punto de no retorno. Lo que está sucediendo con ISIS (quemas de bibliotecas, asesinatos masivos, ejecuciones públicas, destrucción de museos) es el estallido de un nuevo pensamiento neomedieval. Si seguimos por el camino de cuestionar la modernidad, terminaremos de nuevo con las quemas de herejes y las cruzadas a Tierra Santa.
El paso del pensamiento medieval a la modernidad comenzó con la aparición de las universidades. Comenzó cuando los cristianos miraron el Talmud de los judíos, la Mishná y los escritos de los sabios. Y concluyeron que, después de todo, algo de razonable tenía que tener la religión. Las reglas de comentario de texto rabínico (kal vajómer… etc) devinieron en las reglas de argumentación de Tomás de Aquino. ¿Fue delirante el proyecto de intentar demostrar la existencia de dios? (O Dios, o D-s, como prefieran). Puede ser; pero gracias a ese delirio explotaron, ochocientos años después, la ilustración y la enciclopedia Diderot-D’Alembert. El proyecto de Tomás de Aquino, en perspectiva, era tan delirante como el de Bertrand Russell (basar toda la ciencia en las matemáticas, para basar las matemáticas en la lógica). A cada cochino le llega su palo; a cada Aquino, su Lutero; a cada Hilel su Akiva; y a cada Russell su Goedel, su Wittgenstein o su Feyerabend.
En fin: a cada fanático del razonamiento, tarde o temprano, le llega su tatequieto. Bueno es que el pensamiento moderno tenga sus límites; pero no que lo degollemos en el umbral del miedo a lo desconocido. El apego excesivo a la racionalidad puede convertirse en un tipo de fanatismo, o de delirio. Una parte de la “sanidad mental” del razonamiento se mide en la capacidad de quien razona para reconocer sus propios supuestos o “axiomas”: Es ésto lo que nos previene de ser fanáticos: admitir de entrada qué podemos discutir… y qué nos cuesta un poco más. La modernidad debe digerir las lecciones del postmodernismo, admitir sus límites y, a pesar de todo, continuar.
A la terrible escalada de intolerancia que está surgiendo, en todos los niveles; hay que responder con una enconada defensa de la modernidad… Desde el pensamiento racional. Sí. Pero, también, desde nuestras tripas y emociones. ¿Qué es más sano? ¿Cumplir (practicar) con una religión, o no? ¿Degollar infieles, o jugar dominó por las tardes, después del rito semanal? Buscar el reino de los cielos, el Olam Habá, o el paraíso; ¿a través de la guerra santa, o a través del amor al prójimo y la tolerancia a la diferencia? ¿Qué nos ha brindado más bienestar común? ¿Quemar herejes? ¿Lanzar nuevas cruzadas? ¿O dedicar parte del tiempo libre que antes nos tomaban dichas actividades para estudiar matemáticas, física, astronomía, ingeniería…?
Por último: ¿Son inexplicables las religiones? ¿Tienen contradicciones? ¿No las tienen también los paradigmas científicos? ¿Los modelos políticos y económicos? La democracia fue, simplemente, una vaina que se inventaron los griegos para no tener que dirimir cada decisión política, literalmente, a machetazos: con una nueva coñiza, escaramuza o guerra civil. Es la dicotomía de Mario Moreno (moderno filósofo Mexicano). “O nos comportamos como caballeros, o como lo que somos”. O discutimos, o nos caemos a coñazos.

Nuestra moderna respuesta a cada una de estas cuestiones no debe venir solo de un pensamiento racional (y especialmente, no de  un pensamiento rígido). Debe provenir, también, de nuestra tripa. De nuestro sentido común.

Sí. Ese mismo.

El menos común de los sentidos.

Güisquilízate

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Tengo algo que me ronda la cabeza. No. No es la imagen de Claudio Nazoa cansado de caminar, a pleno sol, marchando con la pancartica de “con mi güisqui no te metas”.  No; tampoco es el güisqui, ob-vi-a-men-te puej. Es una idea fija y en llave, la fija del 5 y 6. Será por eso que me despierto con el grito de Alí Kan: “Partidaaaaaaa”…Sí: partida y secreta.

Sería un delirio paranoide, de no ser porque yo mismo me doy cuenta y, como alguna vez dijo un viejo amigo: mi paranoia nunca me falla. Tengo algo que contarles. Tal vez, solo tal vez, si siguen leyendo, se depriman. Mejor no. En todo caso, si siguen, es bajo su propio riesgo.

Panos y panas. Amigos y amigas. Camarados y camaradas todos. Debo decir la verdad en esta oscura hora.

He llegado a la conclusión de que er dijunto, er inigualable, er intergaláctico, micomandantepresidente Hugo Chávez Frías, era en realidad un agente infiltrado de la CIA. Curioso: pasó tanto tiempo acusando a otros de ese cargo, que jamás se me habría pasado por la cabeza que el único agente de la CIA en suelo venezolano era, precisamente, él. Ironías de la vida. Claro está, todo ello fue producto de su capacidad ilimitada para concebir maniobras distractoras (pasó casi 18 años distraído, casi sin gobernar).

No. No estoy mamando gallo. Que no es broma. Piénsenlo dos veces.

En todos estos años, ¿cuántas veces le hemos suspendido el suministro de petróleo al imperio mejmo? ¡Nunca mi hermano! Nun-ca. ¿Por qué, ajá, por qué? Porque el único agente de la CIA que el imperio tenía en nuestro suelo sagrado, se encargó de asegurarles el suministro, pasara lo que pasara. ¡Faltaba más! Pa que vean: Tanto tiempo que esperé yo, aquí sentado, a que me llegara un cheque, o por lo menos un giro con el sueldo que supuestamente me pagaba la CIA como agente desencubierto… Y resulta que al intergaláctico se los depositaban en Suiza…

Eso que le descubrieron a los panas en el HSBC no era un sueldito ahí. Er dijunto tenía plata como pa montarse tres casinos en Mónaco. Por la medida chiquita, un Casino Royal. El intergaláctico era agente de la CIA, que se los digo yo. Pero no cualquier agente. Cobraba más que 007.

De pana que sí. Deja que me sirvo otro trago pa campanearme estos güisquilícs. Tan buenos.

Así paga el diablo…

Acoso

Por respeto a la memoria de Franklin Brito, y a la existencia de Iván Simonovis, Lorent Saleh, Leopoldo López, Henry Vivas, Lázaro Forero, a los nombres de aquellos que repetiré cual loco hasta que termine en un sanatorio.

 

Te amenazan. Te siguen.

Te joden.

Te amedrentan.

Te acosan, te torturan.

O, si acaso, te vas.

 

Te encierran sin juzgarte.

Te extraditan.

Te pegan.

Te deportan sin juicio.

O, si acaso, te vas.

 

Te expropian, te corrompen.

Te envenenan.

Te aturden.

Te persiguen, proscriben.

O, si acaso, te vas.

 

Te difaman.

Te odian.

Te temen cuando hablas.

Te callan o te compran.

O, si acaso, te vas.

 

Te enrollan.

Te golpean.

Te torturan, te cogen.

Te violan.

Te persiguen.

Te matan o te vas.