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Acoso

Por respeto a la memoria de Franklin Brito, y a la existencia de Iván Simonovis, Lorent Saleh, Leopoldo López, Henry Vivas, Lázaro Forero, a los nombres de aquellos que repetiré cual loco hasta que termine en un sanatorio.

 

Te amenazan. Te siguen.

Te joden.

Te amedrentan.

Te acosan, te torturan.

O, si acaso, te vas.

 

Te encierran sin juzgarte.

Te extraditan.

Te pegan.

Te deportan sin juicio.

O, si acaso, te vas.

 

Te expropian, te corrompen.

Te envenenan.

Te aturden.

Te persiguen, proscriben.

O, si acaso, te vas.

 

Te difaman.

Te odian.

Te temen cuando hablas.

Te callan o te compran.

O, si acaso, te vas.

 

Te enrollan.

Te golpean.

Te torturan, te cogen.

Te violan.

Te persiguen.

Te matan o te vas.

Síntomas de urbanidad

Para Carlos, desde los nudos de mi diván.

 

En la última semana, a través de diferentes redes sociales, algunos conocidos han compartido conmigo al menos una media docena de artículos sobre el derecho de las mujeres a no reproducirse, el movimiento NoMo (no mamás) etc. Parece que se ha convertido, o está por convertirse, en un #TT. Y bueno. Está bien que cada persona tenga la última palabra sobre las decisiones que atañen a su propio cuerpo.

Ahora bien, sin sombra de ironía, hay algo que me tengo atragantado y quisiera decir. Ya que cada quien tiene la última palabra, me pido, con el debido respeto y por un momento, el turno de la penúltima.

Tienen derecho. Tenemos derecho. Todos. Mi cuerpo es mío; el tuyo, tuyo. Lo mismo que vale para las mujeres que no quieren ser madres, vale también para las que quieren serlo, para quienes deciden que el sexo es solo un modo de placer, para los que son fieles o infieles, derechos o torcidos, cuerdos o dementes, frígidos, héteros, homos, bis, trans, zoo, arhci, cuatri, pan, pluri, mega y non-plus-ultra sexuales; cualquiera que sea la perversión que prefieran. Cada quien hace lo que quiera con su vientre, ovarios, testículos, penes, clítoris, vaginas, labios, bocas, nalgas, dedos, lenguas, orificios y demás. Pero, por favor,

  1. Tómeselo con soda (cójala suaaaave): Si Usted no quiere parir, le tiene alergia a los niños (o solo les gustan los de los demás, y de lejos); y decide esterilizarse a los 18, ese rollo es suyo. No tome a mal cuando algún ser querido, amigo o pariente de más edad, le diga “de pronto cambias de opinión”. Mire: si no cambia de opinión, pues qué bien. ¿Pero y si cambia? Entienda que el comentario no es por joder: es que ni Usted ni yo ni nadie, sabe qué carajo será o pensará dentro de cinco minutos. Nadie es todo el tiempo la misma cosa. Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río. A medida que pasan los años, reevaluamos lo que somos, las decisiones que hemos tomado, las personas a las que hemos amado/jodido/abandonado/etc.
  2. Salga del clóset lo antes posible: Avísele a quienes le rodean que su vida necesita un cambio. Que hasta hoy Usted ha sido blablablabla, y ha hecho blablablabla, pero a partir de ahora ya no más. Es el tipo de decisión que involucra siempre a terceros. Mientras más rápido mejor.

Mírelo de este modo: Si Usted ha pasado 20 años de su vida creyéndose a sí mismo hétero (y haciéndoselo creer a los demás), pero un día descubre que ya no más; solo le quedan dos opciones en la vida. O tiene la razón, o es feliz. Si se decide por tener la razón, allá Usted. Pero si se decide por intentar ser feliz y no amargarle la vida a quienes le han querido, es mejor que trague entero y se contradiga a sí mismo. Hágalo de una vez. Lo mismo nos pasa a todos. No crea que es Usted el único en el universo con esos rollos. Respire, respire, respire, respire. E intente vivir en el puto presente. No detenga la decisión. Mientras más la difiera, más agua se irá acumulando en la represa, como la mierda que se acumula en las tripas y no es posible retenerla todo el tiempo, ni a punta de lomotil. Créame: si se cose el culo se le saldrá por las orejas. Es mejor soltarla de una vez, antes de que el río nos lleve a todos. Es mejor un homosexual autoasumido que desfile el día del orgullo gay, agarradito de la mano con su parejo, acompañado quizás de alguno de sus hijos (del que tenga coraje pa comprenderlo y decir mi viejo/vieja es gay, y yo lo/la quiero y no me importa); que un/una homosexual que no sale del clóset, que solo se sabe relacionar con sus hijos y su pareja a punta de maltrato.

Lo mismo vale para todos. Si Usted es una feminista cuatriboleada que un día se descubre mirándose al espejo y muriéndose de ganas por planchar una camisa; pues plánchela y ríase. Y a la inversa también; si toda su vida había tenido un sentido de moral más bien conformista y un día se decide por el sexo libre; no lo piense tanto.

En cuanto a las NoMo, si Usted la tiene clara desde el principio, aunque sea duro, hágaselo saber a los demás. El que se vaya por eso, simplemente no es el que tiene que estar. No pierda Usted su tiempo ni se lo haga perder a nadie.  Diga claramente que no quiere tener hijos. Ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni nunca. Si ya lo ha hecho, mucho más que mi respeto y admiración, se merece Usted una pareja que le valore por todo lo que Usted, de hecho, ya es. Y esa pareja no llega, mejor sola que mal acompañada. Por otra parte; si Usted no la tiene clara, no diga quizás. Diga que no la tiene clara, que no sabe si la tendrá clara, que mejor no la esperen. A menos que de verdad los quiera para más tarde; no diga que quiere tener hijos, pero que ya va, que ahorita no, que primero quiere estudiar y trabajar y luego verá; porque Usted sabe que no es cierto y, los demás, aunque sea tarde, lo sabrán también. No deje a media humanidad esperando por lo que tiene Usted que decirles. Dígalo de una, que los demás no tenemos vocación de Albertico Limonta. Tragaremos entero y veremos qué decidimos con nuestra vida, a nuestro turno.

derecho de nacer

La parte difícil del “vive y deja vivir” no es la primera, sino la segunda. No es que tengamos que cojernos o dejarnos coger por todos los culos, bocas, vaginas o penes. No es que tengamos que bebernos todo lo bebible, inyectarnos todo lo inyectable y fumarnos todo lo fumable. Busque lo que tiene que buscar; que si le toma la vida, es lo mismo que nos toma a los demás. Todos tenemos deseos y culpas, fantasías y sueños, necesidades y vacíos. Todos, alguna vez, cambiamos de opinión. Es saludable aprender a contradecirse. Cuando le toque, no haga esperar a nadie.  La vida es corta. La suya, la mía y la de todos. Es mejor un NO dicho a tiempo, bien marcado. Si a la larga igual vamos a cortar, es mejor un Hattori Hanzo que una Gillette o unas tijeras punta roma.

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El tiempo siempre se escurre, de modo que es mejor dejar pasar y recomenzar lo antes posible. Quienes en un principio se van, si no les hacemos esperar más de la cuenta, más tarde lo agradecen. No deje a nadie añorando un beso, un polvo, un contrato, o un hijo que nunca llegará. 

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Maduramos en la medida en la que nos traicionamos a nosostros mismos; pues esa, precisamente, es la medida en la que dejamos de hacer esperar a los demás; algo que, como decía Serrat, es “tot un detall, tot un símptoma d’urbanitat que no perdessin sempre els mateixos, i que heretessin els desheretats”.

Especulaciones simples

Originalmente publicado bajo el título “Especulaciones fascistas” en gabrielpadillaleon.wordpress.com el 24/09/2012. Este artículo fue editado luego de las amables observaciones de algunos amigos. Una de ellas, quizá la más importante, fue que (tal como estaba inicialmente escrito) la palabra “fascista” se podía tomar como una descalificación personal. Nada más lejano de mi intención de réplica: Para mí el fascismo es una actitud política identificable; todos (incluido quien escribe) podemos caer eventualmente en algún tipo de acción pública que favorezca el pensamiento fascista. Por tales motivos me decidí finalmente a reescribir esta nota.

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No hay nada peor a olvidar las diferencias entre derecha e izquierda. Derecha e izquierda coexisten, luchan, conviven y negocian. A veces, jugadores políticos de cualquiera de los dos espectros le juegan sucio a la Sociedad Abierta. A veces aparece un tercer espectro: el de la identificación entre derecha e izquierda. La confusión socava las reglas de juego de la Sociedad Abierta desde sus cimientos. De la confusión entre derecha e izquierda surgen frecuentemente los extremos de derecha e izquierda.

Para que sea posible identificar valores opuestos hace falta limitar, también deliberadamente, el propio razonamiento lógico. Los valores opuestos sólo se amalgaman a través de una pasión: “No me gusta la política, soy antipolítico. No soy  ni de derecha ni de izquierda, sino venezolano (colombiano, argentino, chileno, francés, alemán, etc…)”. ¿Suena conocido? Hay también actores políticos que buscan deliberadamente esa confusión-identificación. El fascismo es la amalgama de los principios más extremos de derecha e izquierda, de modo deliberado, a través de una o varias pasiones que funcionan como catalizadores y vehículos sintéticos del pensamiento primitivo.  Ejemplos de pasiones sintéticas pueden ser el odio a un enemigo externo (el imperio, la amenaza roja) o interno (terrorismo), la cohesión religiosa, la identificación tribal…

Dicen que la república es eterna porque muere todos los días. A veces la Sociedad Abierta se suicida o, al menos, lo intenta. Los profetas del desencanto arremeten contra  instituciones que defienden nuestras libertades individuales. Prometen una sociedad más justa a cambio de eliminar “algunos estorbos”. ¿Nos preguntamos qué quedaría si de un día nos levantásemos y ya no existieran los partidos políticos, el congreso, la prensa libre, los sindicatos independientes, la universidad autónoma? Hacemos caso a los enemigos de la Sociedad Abierta  porque le tememos a la libertad. Es imposible embaucar a alguien inocente: caemos por algo. Olvidamos la paradoja de Popper: la Sociedad Abierta no puede tolerar a los intolerantes.

La inversión en cultura, en arte, en tecnología y en ciencias naturales, por pequeña que sea, siempre redunda en la calidad de vida de toda una nación. Puede que esto no sea evidente para el carnicero de la esquina, pero sí lo es para cualquiera que viene de la academia. La Sociedad Abierta es responsable de invertir en la formación de sus ciudadanos. La efectividad de esa inversión no sólo se mide en la cantidad de egresados. Una escuela de artes, un dojo de artes marciales, un conservatorio de música, una universidad; no sólo existen para producir escultores, físicos, judokas o directores de orquesta (al menos no a cualquier precio ni de cualquier manera). Su impacto trasciende los diplomas, licencias o cinturones negros. No son sólo fábricas de egresados.

Cuando alguien pasa por una universidad, aprecia una obra maestra de pintura o descubre los cuartetos póstumos de Beethoven; su vida cambia para siempre. Poco importa si no termina los cursos en los que se inscribió. Su vida ya ha cambiado desde practica alguna de esas disciplinas por algún tiempo. Su vida ya ha cambiado desde que inició un nuevo viaje: es el viaje mismo lo que nos abre una perspectiva diferente del mundo porque descubrimos una nueva Ítaca. ¿Recordamos los científicos acaso lo que significan las Ítacas?

El secreto está en practicar, experimentar, vivir. No importa si es breve o largo, la experiencia nos cambia. Esta es la idea que tenía, por ejemplo, Jigoro Kano sobre el impacto y la misión de la enseñanza del Judo. El impacto social que tiene el proyecto de orquestas juveniles en un barrio de Caracas va más allá del número de conciertos que graba Dudamel con la orquesta Simón Bolívar.

¿Hay quien financia turismo académico a costa de los contribuyentes? ¿Existen políticos corruptos? ¿Hay empleados públicos ineficientes? ¿Se habla demasiado y se hace poco en el congreso, o en la Corte Suprema? Respuesta de una Sociedad Abierta que no quiera suicidarse: Sí, ¿y qué? 
Reformamos las instituciones sin destruirlas o nos quedamos sin ellas. Si prescindimos de sindicatos independientes, universidades autónomas, partidos políticos, prensa libre, Congreso, Corte Suprema, etc…  ¿Por quién votaremos, si es que nos dejan votar después? ¿Por un par de botas? ¿Por una sotana?
¿Somos los académicos una clase privilegiada, una oligarquía del conocimiento? ¿No debería ser más democrática la universidad? Las preguntas simples a veces merecen respuestas complicadas (¡Díganselo a Fermat!). Toda simplificación es, en cierto modo, un reduccionismo. Duelen los académicos que dan a las personas simples argumentos más simples aún. Necesito una academia que ocupe su espacio político desde el conocimiento.
La academia es el lugar en donde damos argumentos complicados a preguntas simples.
Más aún: parte de nuestra labor es explicar esos argumentos complicados a las personas simples. Prefiero una academia imperfecta, una universidad pública con todos sus defectos, un Colciencias jurásico; a la desaparición de esas instituciones. A veces, responder de manera simple a una pregunta simple equivale a suicidarnos.

Si fueran honestos; los enemigos (conscientes o no) de la Sociedad Abierta pedirían a las botas y a las sotanas lo mismo que exigen a las universidades. Sueño con un alto mando militar elegido por voto el directo de reclutas, soldados, porteros y bedeles.

¿Puede toda la sociedad evaluar la relevancia que tendrá en su presente o en su futuro el conocimiento científico que actualmente producimos en Colombia? ¿Tenemos que justificar nuestra investigación en la relevancia social de nuestro trabajo? Los empresarios financian investigaciones que garantizaran ganancias. Los regímenes autoritarios financian panfletos. Detrás de argumentos simples que amarran la libertad de pensamiento de un científico, de un músico, de un artista, a la relevancia social de su trabajo; se esconde el miedo al pensamiento que profesan los dictadores. Al “¡Muera la intelectuaildad traidora! ¡Viva la muerte!” de Millán Astray contestaba Unamuno “Este es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote, estáis profanando su santo recinto”. Lo único que un investigador no negocia es su libertad para pensar y escoger en qué investiga.

Una hoja de ruta seria no se elabora a punta de consignas. El camino al fascismo está empedrado por argumentos simples; en ocasiones, minúsculamente simples.