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Paralelos y no tanto

sino.jpgEsto es un comentario amplificado de una respuesta que en otro lado le di a mi macropana Diana Pareja, quien se dedica a las estadísticas y análisis de mercado. Creo que deberíamos recapacitar sobre el manejo del miedo que ha habido en parte de la campaña del No; así como en el triunfalismo que ahora, después de los resultados, se hace evidente en los partidarios del Sí. Sobre ambos puntos, hay algunas cosas que paso a comentar.

En la campaña del No en Colombia; los partidarios de esa tendencia usaron con bastante ligereza los “paralelos con la situación venezolana”. Se dijo que después de firmar la paz, la guerrilla iba a tomar todas las posiciones políticas de poder (alcaldías, gobierno) a través de elecciones para llevar a Colombia al comunismo… “como en Venezuela”.  Afirmar algo así es desconocer que la izquierda venezolana que firmó la paz en los años 70 fue la que se integró honestamente al juego democrático. Los mejores ejemplos que tengo de eso son Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez, Moisés Moleiro, Freddy y Simón Muñoz, Manuel Caballero, Rui de Carvalho (antaño profesor de mi padre, a quien él siempre admiró), mi profesor y amigo Ricardo Ríos; y mi difunto amigo Omar Zamora. Casi todos ellos o fueron desde el principio o terminaron a la larga en la oposición al chavismo.

Se ha dicho que “la paz política en venezuela fue producto del boom petrolero, sin el cual habría sido insostenible”. En mi opinión, la verdad fue más bien la recíproca: La paz política que Venezuela consiguió con la paficicación de la guerrilla potenció enormemente la prosperidad económica que tuvimos. De otro modo, nuestros guerrilleros activos habrían bombardeado oleoductos, o se habrían aliado con las mafias del secuestro y el narcotráfico internacional; nada de lo cual ocurrió.

Se ha tratado de hacer ver que, “como en Venezuela”, la guerrilla buscaba legitimarse a través del referendo por el Sí para luego dar el zarpazo final. En Venezuela, el ala democrática que alguna vez tuvo el chavismo (que existió, que tenía proyectos y demandas legítimas) fue traicionada, desde su nacimiento, por el ala “cívico-militar” que tenía desde 1998 sus propios planes autoritarios y excluyentes, léase dictatoriales. Los responsables del golpe de Estado a Carlos Andrés Pérez en su 2do período no fueron los que firmaron el acuerdo de paz venezolano de los años 70, sino las facciones que públicamente le dieron la espalda. Y, por favor, que quede claro: no estoy diciendo que esto mismo esté sucediendo en Colombia ahora, ni estoy adjudicándole “intenciones antidemocráticas” al bando del No. Solo estoy poniendo en claro que esos “paralelos” con Venezuela, son inferencias arbitrarias y nada más.

Por otra parte; casi 20 años después de la llegada de Hugo Chávez Frías al poder en Venezuela, tengo que recordar que mucho de lo que vivimos se pudo evitar, simplemente, con un poco más de humildad y sentido común de parte y parte. La tragedia venezolana sí fue evitable. Tuvimos muchas oportunidades para evitarla… y las echamos todas al caño. Si uno no quiere que Pedro Pérez gane la presidencia, pues uno se inscribe en el registro electoral, participa en la campaña, le explica a todo el que uno se tropieza por qué Pedrito no debería ganar (o mejor aún, por qué a uno le llama más la atención el programa de Juan González); y finalmente el día de las elecciones va uno y vota. Entonces, aunque el Sí hubiese ganado en el referendo; nada implicaba por fuerza que Colombia “terminaría en el comunismo” (como lo pintaban las viudas del terror). La cosa es fácil: quien no quería a los guerrilleros, con no votar por Timochenko, tenía (y tiene). La desgracia que nos acontece a los venezolanos es nuestra responsabilidad en cuanto no fuimos capaces de mostrarle a nuestros conciudadanos todo lo que estaba por venir (y creo que ninguno de nosotros, en aquella época, la imaginó en toda su amplitud).

Dicho esto; el riesgo del suicidio social como el zeppuku múltiple y masivo que practicamos los venezolanos en diecisiete elecciones, el que se hicieron a sí mismos los alemanes cuando eligieron a Hitler, o el que están a puntico de cometer los gringos con Donald Tramp (sic, muchas gracias) es un aspecto inherente a cualquier sistema de tomas de decisiones, individuales o compartidas. Los errores son posibles. En una democracia, lamentablemente, las mayorías también se equivocan.

En lo que respecta al referendo en Colombia, me la he pasado recolectando opiniones sueltas de la gente en la calle. Tengo que relatar que, con asombro, he escuchado gente de a pié (un taxista, un obrero, un conductor de bus) decir que iban a votar por el No. Luego de publicados los resultados los vi no solo contentos, sino especialmente aliviados. Del lado del No había angustia,  había temor, y los partidarios del Sí no llegaron a calmar esos temores. Hubo la sensación de que el gobierno colombiano “pisaba el acelerador” en las últimas fases del acuerdo. Esta gente existe. Sintieron tranquilidad después que supieron los resultados (que ganaba el No). Son parte de la realidad a la que cualquier animal político (como yo mejmo) le debe tomar el pulso. Los matemáticos, estadísticos, encuestadores y analistas de datos están (estamos) allí para tomar ese pulso. Las encuestas son también fotografías instantáneas. Retratan un momento pasado de una realidad cambiante. Reflejan parcialmente la realidad política en un momento dado del pasado, no predicen el futuro, especialmente no lo predicen cuando la dinámica polĺtica es (por naturaleza o debido a algunas circunstancias) demasiado volátil. Algo de ello pudo haber pasado, para que los sondeos de semanas atrás se estrellaran de modo semejante contra la realidad de las votaciones de hoy. No es la primera vez que lo veo (ya he tenido varios sinsabores con la realidad política y las encuestas venezolanas).

Como profesional del área, debe uno también tener paciencia con los demás. Una parte importante de nuestra profesión es la de comunicar lo poco que sabemos de la manera más humana y amable a nuestros semejantes. Esto también es parte del trabajo. Alguien me llegó a sugerir que los abstencionistas estaban todos con el No. Le respondí, con la mayor calma de la que fui capaz, lo que cualquier estadístico con algo de respeto por sí mismo le diría: que la intención de voto entre los abstencionistas es idéntica a la de quienes finalmente votan o, al menos, esa es nuestra “hipótesis nula”.

Nadie quiere volver de nuevo al estado de guerra. En ese sentido, es importantísima la rápida reacción de Timochenko  al declarar que las FARC no se alzarán de nuevo en armas: es aceptar que se van a quedar en la mesa de negociación, que no le van a dar una patada. Tampoco se trata de que el gobierno y guerrilla deshojen la margarita eternamente. Lo que queda claro con los resultados de las votaciones de hoy, en grueso, es que una mitad de Colombia no está de acuerdo (o al menos no está tan convencida) con lo que propone la otra mitad. En particular;  la mitad de los votantesno aprueba totalmente los términos en los que Santos y Timochenko firmaron los acuerdos. Decía Leibnitz que vivimos en el mejor de los mundos posibles. En este caso, al menos, tenía razón. En tales circunstancias lo mejor que podía pasar era lo que finalmente sucedió: que ganara el No y los actores políticos se vean obligados a renegociar.

No le habría convenido al Sí ganar por ese estrecho márgen que las encuestadoras no previeron. Continuar así los acuerdos de paz habría sido imponer un proyecto, de manera apresurada y a contrapelo, a la otra mitad del país. Vencer sin convencer es una forma de violencia. La lectura correcta del resultado electoral de hoy, para los partidarios del acuerdo de paz, es que no han hecho todo el trabajo necesario. Hay que escuchar, buscar respuestas en el otro bando,  armar mayores y mejores consensos, volver a empezar. Únicamente en ello puede que los partidarios del Sí consigan un “paralelo” con la situación venezolana: tienen algo que aprender  de la dura lección que hemos metabolizado los opositores venezolanos en estos casi veinte años. Hay que hacer el trabajo completo. Métase en la campaña. Inscríbase en un partido político. Participe en las mesas de votaciones. Presencie los conteos de votos el día de las elecciones. Proteja la limpieza del resultado en las mesas de su circuito, incluso y especialmente, si es su bando el que pierde. No desligitime todo el sistema y todo el juego cuando pierda. Acepte la derrota, comience desde cero y vuelva a trabajar.

Recuerde que la democracia es el único sistema político en el que las cosas se resuelven discutiendo. Su mejor arma política, la única que lo salva (a Usted, a mí y a todos a la larga) de tener que dirimir las vainas a tiros con sus semejantes; es el voto. Úselo. La democracia es como el béisbol. Nada la retrata mejor que aquella frase de Yogi Berra: “It ain’t over till its over”. Esto se termina cuando se termina. Concéntrese en el próximo hit.

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Desesperanza

Es tarde en la noche

los niños duermen

Hace rato se acabó el ruido de fondo

me siento frente a la ventana

respiro

siento la brisa fría de la meseta

el olor dulce de los árboles lejanos

 

Mientras todos celebran

 

me invade esta tristeza a contrapelo

me pregunto si en verdad

tenías que hacerme esperar veinte años

vendiéndome un paraíso en el que no creías

 

El aire fresco acaricia mis sienes

el frío eriza levemente

la barba sobre el candado

recuerdo cuántas veces te pedí

que no te tiraras medio siglo de esfuerzo conjunto

por una venganza minúscula

 

Tenías que lograr a toda costa

tu minuto de revancha orgásmica

sin importar

a quiénes se llevaban por el medio

quiénes fuimos excluidos a la fuerza

expatriados

marcados con estrellas

 

Tenías que ver cómo la ira me sobrepasaba

en una cola absurda

en la que me humillaste

a cambio de un paquete de pañales

un kilo de harina

o cualquier otra cosa

necesitabas disfrutar

mientras la frustración me consumía

para soltar el primer ademán de movimiento

 

Fue necesario que destruirlo todo

llegar al fondo y ponerte a cavar tu propia tumba

sin importar cuánto te suplicara

que te detuvieses

Tuve que renunciar a tener hijos para que tú los tuvieses

perdí mi fe para que tú la hallaras

te dejé solo con tu resentimiento

para que al fin

cuando yo ya no pudiese regresar

cuando ya nada tuviera remedio

concluyeras

que ya no crees en dictaduras

que ahora tienes esperanza en una patria

 

que tienes la ingenua osadía

de contar conmigo

 

La brisa noctura es suave

el frío leve

cuento respiraciones

abro los ojos

miro la luz en la ventana del frente

dejo pasar estrellas y nubes

dejo pasar tu recuerdo

 

 

ISIS afraid

Isis is afraid. Terrorists are afraid. Existence of laic States just scares them, even if those States are far away. They feel not so well ’cause there are societies which not only allow, but encourage women to study, to vote and to decide (even worse, you can go to prison for misstreating one). They are concerned with the possibility that, some day, sissy fags and fairies (this is how they call anyone who belongs to the wide, warm and beautiful rainbow of LGTB community) realize they actually can stand for their rights. Much more scared they are that, some day, they will exert those rights. Terrorists are afraid of illustration, public schools, press; and yes, they’re afraid, truly and absolutely afraid of books. They know what books and reading can do to people. Encyclopedies freak them out., Internet (the same they use to hang on youtube the videos of beheaded journalists), when used to didactical goals (wikipedia for instance) provokes them chill in the spine). ISIS attacs Irak and Turkey because these muslim countries have tried, during decades of inner struggles, to walk the way of laicity. The fears of terrorists are those of fanatics and fundamentalists. You must kill everyone who doesn’t share your creed. If not, or one day he/she would induce you to think against the dogma and, that day, you will wake up and look in the mirror what exactly you are. One day you might realize that, all that defenseless people, yes, you killed’em for humbugs and tales and lies. Terrorists have fear of Westerns, because we estimate too much (or, at least, too dangerously) our right to think and express what we think. They hate Paris, the cradle of modern thought, with the same feelings they have for encyclopedism and illustration. They are afraid of the meaning of that three-bars flag, that  bleu-blanc-rouge flag.

They are afraid of liberty, la equality and fraternity. And they are right.

We, westerns, have seen what happens and how falls an insane, irrational religion; when most of the society nows how to read.

ISIS tiene miedo

Isis tiene miedo. Los terroristas tienen miedo. Les da miedo que existan estados laicos, aunque queden muy muy lejos de ellos. Les da miedo que haya sociedades en las que las mujeres estudian, votan y deciden (peor aún, te ponen preso por pegarle a una). Les da miedo que un día a los maricos (así llaman a ese amplio arcoiris que es la multicolor comunidad LGTB) les dé por reclamar sus derechos y hacer marchas. Mucho más miedo les da que algún día logren hacer valer esos derechos. Los terroristas tienen miedo de la ilustración; miedo de las escuelas públicas y las imprentas, y sí, miedo, mucho miedo a los libros. Las enciclopedias les dan terror, y el internet (ese que usan para colgar en youtube los vídeos de periodistas degollados) usado para fines didácticos (wikipedia verbigracia) les provoca un escalofrío en el espinazo. ISIS ataca en Irak porque es un país que durante décadas intentó transitar el camino hacia la laicidad. El miedo de los terroristas es el miedo de los fanáticos. Hay que matar a tiros a todo el que no crea en lo mismo que yo, no sea que un día, conversando cualquier vaina, de pronto me hagan pensar en contra del dogma. No sea que un día despierte mirando en el espejo eso que en realidad soy. No sea que un día descubra que eso por lo que mato gente desconocida, indefensa y desarmada; es una pura patraña y una vil mentira. Los terroristas tienen miedo de Occidente, porque los occidentales valoramos demasiado peligrosamente nuestro derecho a pensar. Odian París, cuna del enciclopedismo y la ilustración. Tienen miedo de lo que significan esas tres franjas en bleu-blanc-rouge. Tienen miedo de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Eclipse de cumpleaños

Hay pocas cosas en la vida que sean menos frecuentes que un eclipse. El último eclipse de luna ocurrió en la noche del cumpleaños de Santi; todo un regalo. Nos dedicamos a mirarlo una buena parte de la noche, tumbados en la alfombra de la habitación principal, que da al balcón. Luego me dio por recordar La Luna de Bertolucci. Vainas…

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Repudio

Tomo esta foto prestada (sin permiso expreso) de la nota de prensa de BBC Mundo.

Ciudadanos colombianos deportados en la frontera con Venezuela. Tomo esta foto prestada (sin permiso expreso) de la nota de prensa de BBC Mundo.

Los hechos que se están produciendo en la frontera entre Colombia y Venezuela son simplemente desesperantes. Gente expulsada a la fuerza. Viviendas confiscadas y saqueadas. Emigrantes puestos en la frontera a punta de fusil, con mujeres, niños y ancianos; sin ninguna posibilidad de protesta o pataleo. “Nadie estaba preparado para este desplazamiento forzado al estilo de Hitler”: acaba de declarar el alcalde de Cúcuta. “Nos botan como perros”, decía un desplazado a las cámaras de un canal local. “La franja de Gaza en los Andes”, replica un amigo.

Los comentarios de vecinos y familiares son espeluznantes. Hace doce años, mientras vivía en Francia; explicarle a los franceces las violaciones a derechos humanos que se estaban produciendo en Venezuela era, simplemente, imposible. Por entonces, en Colombia estaba desatado el conflicto y las migraciones de desplazados. Ante eso, el despido en vivo y directo de 18.000 empleados de PDVSA era, simplemente, un juego de niños. Era mi palabra contra todo el aparato internacional de propaganda del Estado Venezolano, financiado con petrodólares pagados a más de 100USD el barril. Elijo recordar en primer lugar a los despedidos de PDSVA durante el paro petrolero. Ese despido tuvo las mismas connotaciones de lo que ahora pasa en la frontera con Colombia: Familias enteras sacadas por la fuerza de sus casas en los campos petroleros, personas despedidas por no presentarse a trabajar mientras estaban en reposo por incapacidad médica, y una enorme lista de violaciones a derechos humanos y laborales a los que el régimen les pasó por encima. Las familias de deportados en la frontera me recordaron inmediatamente  a los expulsados de los campos petroleros; también mujeres, ancianos y niños incluidos. Nadie estaba preparado para una expulsión al estilo Hitler.

Hace poco más de seis años, cuando llegué a Colombia; una buena parte de mis conocidos no me creían cuando les hablaba de las repetidas violaciones a derechos humanos que se estaban produciendo en Venezuela. Resultaba difícil, aunque ya no imposible, hacerle entender al colombiano promedio que las cosas en Venezuela estaban más graves de lo que parecían. Una parte importante, sin embargo, tenían sus propias convicciones políticas, las cuales les impedían escuchar (una de las mayores distorsiones del marxismo es la descalificación del interlocutor en virtud de su origen económico, étnico o social). Ya había presos políticos en Venezuela (Afiuni, Forero, Simonovis) ninguno de los cuales (lamentablemente) tuvo la notoriedad mediática de Leopoldo López. Ya hacía varios años estaba funcionando la lista Tascón (ahora disponible en versión 5.0 beta). Los nombres de todos los opositores públicos (incluido quien escribe, familiares, amigos y conocidos) fueron proscritos del sistema de economía nacional: nadie volvería a ofrecer empleo a un opositor. A uno le rescindieron un contrato para instalar cámaras en la alcaldía del municipio tal, porque había firmado. A otro lo sacaron del concurso en la universidad cual. Muchos se fueron agobiados por las dificultades económicas y laborales. Otros, finalmente, porque además comenzamos a temer cosas más graves. Conseguimos refugio (¿definitivo?) en países extranjeros. Fuimos botados como perros.

Los colombianos (el ciudadano de a pié: la vecina del frente, el panadero de la cuadra, el conductor de la buseta, el compañero de trabajo) han comenzado a abrir los ojos sobre la gravedad del problema en el país vecino. La represión brutal a las manifestaciones estudiantiles en los últimos años, el encierro de López y Ledezma, la prohibición de visita a expresidentes “no alineados” con la ideología del gobierno, la inhabilitación de opositores; todo ello ha comenzado a resonar, cada vez más, también fuera de las fronteras de Venezuela.

El episodio actual es solo la guinda del pastel. El objetivo no es la gente que se expulsa; sino la declaración (ya oficial) de estado de emergencia en el Táchira, una de las dependencias más fuertemente opositoras a una política económica absurda que el régimen pretende implementar a sangre y fuego, contra todo resto de racionalidad. Las expresiones que he escuchado a algunos personeros del régimen venezolano, al referirse a los deportados de la frontera en los últimos días, superan todo mi asombro. Me recuerdan el Dakazo de 2013 sobre el cual ya había escrito otra columna hace tiempo. Me recuerdan la profanación de la sinagoga de Maripérez, la cual yo mismo presencié y fue uno de los motivos más fuertes de mi partida. Lo que hay en Venezuela no es una democracia con la cual se pueda dialogar. Negocian de mala fe. Arrasan con personas, familias, sindicatos, instituciones y, de ser necesario, con países enteros. Merecen el rechazo rotundo tanto de sus propios ciudadanos como de las naciones vecinas. Lo que hay en Venezuela, no de ahora, sino desde hace 18 años, es la Kristallnacth en Caracas. Es la franja de Gaza en los Andes, como decía mi amigo.

Una vez, más me veo en la necesidad personal de repudiar las acciones del régimen violento que gobierna en mi país. Esta es la segunda. Dice la Sharia que, después del tercer repudio, sobreviene el divorcio definitivo.

Another one bites the dust

Another one bites the dust

by G. Padilla

To professor M. Paluszny, who once gave me, as a gift, the rebirth of skepticism.

Dear reader: I have recently found an article by D. Dennet, published at the Wall Street Journal; and an answer, by D. Linker, at The Week. This note is intended to be an answer to both.

The key question for Mr. Linker is if the future of Christianity in the US is bleak. I agree with the short answer: not necessarily. If the belief on the existence of only one God and one way to pray constitutes a source of intrinsic intolerance; then I would be not so happy. But if, as Mr. Linker points out, what we see is a retreat of Catholicism and Protestantism, and at the same time a more or less proportional increase of Evangelical Protestantism; then those who have more primitive beliefs and are the growing ones. Something similar is happening in muslim countries, this is one of the reasons of struggles between the different branches of Islam.

Ancient monotheism used to live in minority, a situation that helped to elaborate the theology of the “God’s remainder”: The fewer we are, the more orthodox we become. We prosecute heresy. We ask our believers to teach the faith to their children. We practice proselitism (“propaganda fide”). After having ruled an important part of the world for centuries, Islam and Christianity (particularly Catholicism) are not quite used to be a minority, specially not everywhere. A growing population of nones (non affiliated to a particular religion) says, with some probability, that in the future to be a none might just be normal. If religions were just a “resident evil” waiting for any kind of plague that makes them grow again; then to consider religion as “not important at all” might not be so wise. Recall Jorge de Burgos, the old blind monk in Umberto Eco’s “Il nomme della rosa”, killing everyone who dares to read the first pages of a lost book of Aristotle (the “Comedy”). Laughter is particularly subversive but, in order to laugh, you must know what the joke is about. Sadly, the same new generations which are more likely nones, also spend more time on Youtube than Wikipedia.

I feel tempted to make a joke about the “religious thinking”. Isn’t this an oxymoron, anyway? (Ok, I did it, sorry). And, yet, I think it over again. According to A. Damasio (I will simplify a lifetime research in a couple of lines), thinking is a neuronal activity which involves our last evolutionary phases along the million years we have been feeling, i.e. translating perceptions and biochemichal signals into brain “maps”; like the last thin coating of colour over a steel-reinforced concrete wall.

I stand for what modernity has given to us: democracy, illustration, the universal declaration of human rights, political secularism, technological and scientific progress (or, at least, the idea of it). Nevertheless; a rigid rationalism can be as fanatic and blind as some religions, at some historic moments, have been. The XXth century gave us plenty of examples, some of them were related to religious conflicts, as Armenia or Darfur. But no religion made what Nazism did in Auschwitz-Birkenau, Khmer-rouges in Cambodia, Milosevic’s army in Bosnia, nor the MDP in Rwanda. Following H. Arendt, a feature of totalitarianism is the significant collective moral loss it leads to, also called the “banality of evil”.

A key to recover our individual ethical self-guidance is to make the exercise of reconnecting thoughts and feelings. That is, in other words, what the Poet described:

If you can keep your head when all about you

Are losing theirs and blaming it on you (…)

If you can dream—and not make dreams your master;

If you can think—and not make thoughts your aim…”

In order to connect feelings and thoughts, not only science (“rigid rationalism”) is needed. We need religion; so yes, Mr. Linker and I agree a little, again.

Here is where we desagree: A single boy/girl constitutes the personality structure, first by imitation, and later by challenging the constituted personalities he/she lives with. To a certain extent, the same happens to the entire society. We need arts, literature, poetry, history, metaphysics, mythology, ancient tales and the memories of our ancestors. We need limits, rules, totems and taboo. We need religion as we need a father: sometimes we follow them; others, we break/kill them. That’s how we connect feelings and thoughts, and how our individual ethical convictions, one day, will make sense. Metaphysics are different of religion. It is possible to find ethical roots in secular arguments. Asking if everything happens for a reason might, also, be the start of a scientific thinking, or a phenomenological approach. Existentialism neither forces nor excludes any particular religious thought. You can pick Kierkegaard, Jaspers, Marcel, Sartre or anyone else.

I also do not agree with a simplified scope which identifies the future of Christianity (or any other particular religion) with the “future of religion”, as a human need and activity. This kind of reduction can only be accepted by a particular believer: one who might, at a particular moment, consent the elimination of other creeds.

Being an atheist is not the same that being an anti-theist. It makes no sense to say an atheist (or a none) is God-hater”. If he/she’s not interested on religions, why should hate them? It’s also sad to read that, through the religious thinking is how “…potential religion maintains a more powerful grip”…on souls. It’s clear that providential words might betray everyone.

Misery and calamities might help some religions or some religious leaders (the kind I use to keep away) to increase the number of believers/followers. I remember J. I. Cabrujas, a venezuelan writer who, 15 years ago, when asked about the result of a poll for the former venezuelan social democratic party AD, said: To grow up is one thing; to fatten is another stuff.

Whenever a so-called religious leader says that your suffering is “meant to be” so you can learn something he/she is ready to teach you; just send him/her to the ____________ (fill in with your favorite distant place). Remember: None of us is at the center of the universe. Shit doesn’t happen to you (him/her, me, us); it just happens. Finally: Internet, science and technology are very fragile firewalls. They have also been used to spread fundamentalism, xenophobia and intolerance. It would be reductionist and self-indulgent to let the Nature with the responsability of building new ethical, moral and religious values.

Believers, atheists or “nones”, it is our responsibility as individuals, to tell religious leaders that we expect from them exactly the opposite: tolerance, dialogue, inclusion.