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Humanistas antihumanos

Andante
La llegada de este régimen comenzó con el intento de golpe de Estado el 4 de Febrero de 1992 por el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías. Seis años después, luego de una condena judicial y un indulto presidencial, su proyecto político ganó, de manera democrática, la carrera presidencial en 1998. Apenas en dos años, reformó la Constitución (1999) y se re-elegió (2000) en votaciones en las que obtuvo amplia mayoría y generó grandes esperanzas.  Desde el inicio y a lo largo del tiempo, gobierno de Chávez mostró de manera paulatina  características autoritarias, como la designación de militares en cargos usualmente ocupados por civiles, y el particular disgusto por todo tipo de disensos, lo que provocó el temprano distanciamiento de algunos apoyos importantes en su  inicio, como el de Jorge Olavarría y el de Luis Miquilena. La constituyente de 1999 se montó sobre la disolución, por decreto presidencial, del Tribunal Supremo de Justicia, medida que no estaba prevista en el marco legal de la Constitución de 1961. Después de ello, en el trasncurso de los siguientes 3 años, el gobierno chavista tomó el control de Consejo de la Judicatura, con lo cual comenzaron a decidir los nombramientos de jueces en todas las jurisdicciones y circuitos. El intento de control de sindicatos, federaciones, asociaciones y universidades desencadenó protestas más o menos periodicas.
“Yo era abogada (…) Nunca me imaginé que iba a terminar haciendo esto. No quiero que mi madre lo sepa, pero sé que tengo una súper-mamá, y si ella llegara a saberlo, sé que me perdonaría. Yo solo lo hago porque no tengo otra manera de mantener a mi hijo”. Esto es lo que dice una de las tantas mujeres venezolanas llegadas a Cúcuta, ciudad en la que desde siempre el desempleo ha sido siete veces más alto que en la capital de Colombia. En Cúcuta no hay trabajo ni para los cucuteños. Las venezolanas que no tienen fuerzas para continuar caminando hasta Ecuador, se quedan en Cúcuta como prostitutas y aceptan cualquier cosa, hasta comida, especialmente comida. Esta mujer fue entrevistada por una periodista de NTN24, en la edición del noticiero del 16/02/2019.
En 2002 el gobierno de Chávez contuvo un golpe de Estado que surgió, de manera abrupta, a raíz de una larga racha de protestas organizadas por la Confederación de Trabajadores. Hay dos tesis al respecto, la de un vacío de poder que  provocó el incidente, y la de un plan premeditado de derrocamiento. La tesis que ganó fue la segunda. Como consecuencia de ello, el chavismo comenzó una larga lista de presos políticos con juicios de validez discutible o nula, como son el caso de Iván Simonovis, o el comisario Manuel Forero. En 2007 se le dictó auto de detención al banquero Eligio Cedeño, quien se entregó voluntariamente y fue detenido en el Helicoide. Cedeño fue aislado y no se le siguió ningún juicio, siendo el tercer preso político del chavismo. Dos años después, por no haberse seguido los procesos judiciales normales en el caso de Cedeño, la jueza María de Lourdes Afiuni le concedió la libertad condicional. Cedeño desapareció en menos de 48 horas. Entonces, en su programa televisivo “Aló Presidente”, Chávez mandó a poner presa a Afiuni, quien inmediatamente fue capturada y llevada, sin juicio, a la cárcel penal de mujeres. La historia de las violaciones, torturas, maltratos físicos y psicológicos a María Afiuni está registrada y constituye un episodio profético y oscuro que marcó el verdadero inicio de esta dictadura.
“Yo era dirigente estudiantil desde 2007. En las manifestaciones de 2012 estuve preso en el Helicoide. Me torturaron. Luego me dejaron salir. Ahora, debido al atentado a Maduro, vinieron a buscarme a mi casa para volver a llevarme preso. Salieron a buscarnos a todos. Me vine con mi esposa y mi hijo. No tengo nada que darles”. Eso lo relata un hombre joven y alto, mientras pide dinero de ayuda en el Transmilenio. Nadie me lo cuenta. Lo vi yo mismo.
Largo
Chávez contó con una aceptación y popularidad relativas, aunque a lo largo del tiempo, entre el golpe de Estado de la oposición y el discurso encendido del oficialismo, el ambiente terminó por crisparse y la polarización tomó todos los espacios. Durante los siguientes cuatro años la polarización solo se acentuó, pero el “fantasma” del golpe de Estado de la oposición hizo imposible cualquier otro tipo de movimiento político. Acogiéndose a los artículos 70 y 72 de la Constitución de 1999, en 2004 la oposición recogió firmas y logró convocar un referendo revocatorio que luego perdió. Sin embargo, el Consejo Nacional Electoral cedió la información personal de las personas que habían firmado la solicitud de revocación, y el chavismo organizó una lista de personas señaladas como “golpistas” por haber estado de acuerdo con esta iniciativa (en la cual yo participé), conocida como la Lista Tascón gracias al diputado que tuvo la iniciativa de crearla, este fue el primer paso en dirección a la discriminación política y económica definitiva que terminó por marcar los años siguientes,  y se trató de un Apartheid político que impedía, a todo aquel que disentía de las políticas del Estado, la posibilidad de acceder a un trabajo. En el transcurso de los años siguientes, el chavismo avanzó en los siguientes objetivos de política interna y externa, que luego fueron afianzados durante el gobierno de Nicolás Maduro:
(1) Consolidación de la propaganda de Estado como única forma de verdad. Esta estrategia se llevó a cabo mediante: (a) La toma de los medios estatales (Venezolana de Televisión, Radio Nacional). (b) El cierre de medios independientes como la televisora RCTV, y la compra hostil de otros como la televisora Globovisión o el periódico El Universal. En 2009 ya iban 24 emisoras de radio cerradas, para 2015 ya se contaban más de 200.  (c) La creación y financiación de medios alternativos, con información afín al régimen (TeleSur, red de radios y televisoras de los barrios). Se estima que, en Venezuela, en los últimos años dejaron de circular 35 diarios informativos. Solo en 2017, Maduro cerró unos 50 medios de comunicación, de los cuales al menos 40 periódicos de circulación nacional o regional. El gobierno de Nicolás Maduro también ha bloqueado a televisoras extranjeras que ofrecen su servicio por cable (CNN, NTN24), y hasta a wikipedia, el conocido portal de la enciclopedia libre. (e) La promulgación de nuevas leyes de control sobre el contenido informativo. (f) La represión directa a periodistas profesionales o personas particulares que expresasen su opinión en medios alternativos, incluidas  opiniones en las redes sociales. (f) Consolidación de una red internacional de intelectuales afines a la propaganda del régimen: este es un punto discutido pues no se tienen pruebas, sin embargo, son grandes las sospechas de que muchos intelectuales han dado su apoyo incondicional a la dictadura venezolana a cambio de dinero, constituyendo una enorme red de palangrismo internacional y contra-información. Entre las personas de las que se supone alguna vez estuvieron vinculadas a esta supuesta red, se sospecha de Ignacio Ramonet, Heinz Dietrich, Noam Chomsky, y figuras públicas como los ex-alcaldes progresistas  Ken Livingstone (Londres) y Gustavo Petro (Bogotá). Sobre algunos de ellos, la propia dictadura chavista ha confirmado las sospechas de este financiamiento.
(2) El control de las instituciones independientes. Este se siguió por medios similares a los ya descritos. Por ejemplo, en el caso de las universidades públicas, estas históricamente se colocaron, desde el principio, en la línea del disenso respecto al régimen. El estado aprobó leyes que atacaban la autonomía universitaria, al tiempo que creó una nueva red de universidades afines al discurso del régimen (Universidad Bolivariana), con muy pocos requisitos de ingreso y planes educativos de baja calidad.
(3) Confiscaciones forzadas. A pesar de que la propiedad privada fue garantizada en la constitución vigente en Venezuela, el gobierno comenzó una política de expropiación de bienes que, en la práctica se convirtieron en confiscaciones forzadas, ya que el Estado nunca pagó ningún tipo de indemnización a los propietarios originales. Caso emblemático de esta política es el agricultor Franklin Brito, quien murió luego de una larga huelga de hambre exigiendo la restitución de su hacienda. El gobierno también confiscó bienes no productivos, como casas, edificaciones, y hoteles. Está el caso del empresario colombiano Hamilton Martínez, que invirtió en un hotel turístico en Margarita y lo perdió todo cuando el gobierno de Chávez autorizó la invasión del hotel. El gobierno re-estatizó la CANTV (empresa de telecomunicaciónes), la Electricidad de Caracas, Industrias Diana (productora de arroz), almacenes Makro (cadena de supermercados). Luego proseguirían esta política confiscando industrias de producción de alimentos e insumos químicos. Venezuela lleva 20 años de “expropiaciones” que nunca se pagaron a sus dueños. Fueron confiscaciones forzadas, robos, latrocinios. Y no solo confiscaban terrenos baldíos o empresas improductivas. El chavismo siempre tuvo un gusto exquisito.
Desde hace 17 años está congelada la ley de inquilinatos, los propietarios de inmuebles no pueden subir los alquileres. Desde hace más o menos el mismo tiempo fue decretada una inamobilidad laboral que impide despedir a cualquier empleado. Esto no impidió que, luego del paro petrolero de 2002, en plena cadena televisiva del programa “Aló Presidente”, micrófono en mano, Hugo Chávez despidiese a cerca de 19.000 trabajadores de la empresa petrolera, sin ningún tipo de procedimiento administrativo. Sin que se les liquidaran sus prestaciones. Los obreros e ingenieros que vivían en los campos petroleros fueron simplemente expulsados de sus viviendas, con toda su familia. En menor medida, en 2007, 40 empleados del Ministerio del Trabajo, que protestaban por la falta de pagos,  Quedaron en la calle y sin dinero, de un día para el otro. Este es posiblemente la violación pública y notoria de derechos laborales más grande, jamás perpetrada por gobierno alguno. El chavismo dividió los sindicatos para secuestrar los derechos laborales, igual que dividió y atacó al resto de las instituciones existentes: universidades, iglesias, ONG’s: el propósito desde el principio fue la desarticulación completa de la sociedad, para tenerla a merced de un solo poder.
(4) El control indirecto de todo tipo de manifestación social. Esta se dio por los siguientes medios: (a) La formación de grupos paramilitares de choque , llamados “colectivos“, los cuales fueron armados y entrenados por el Estado (véase “La Piedrita“). (b) La exigencia del carnet del partido oficialistas (PSUV) y, posteriormente, del “carnet de la patria” para acceder a las ayudas sociales como las bolsas de comida CLAP. (c) El rechazo de todo tipo de ayuda humanitaria: Para que la estrategia de control político a través de los CLAP sea efectiva, nadie debe poder producir y adquirir comida o medicamentos fuera del mecanismo instaurado por el gobierno. Entre 2014-2016 la activista Lilian Tintori, esposa del político Leopoldo López, quien fue preso político; intentó por varios medios recoger donaciones de medicamentos y hacerlos llegar a Venezuela. La iniciativa fue rechazada por el gobierno. En septiembre 2018 la ONU aprobó una resolución que reclama a Venezuela la aceptación de ayuda humanitaria para la situación de los refugiados que ha surgido desde 2017.
(5) Política y discurso antisemita: El antisemitismo ha sido utilizado varias veces, durante el régimen actual, como política de Estado. Desde temprano, (2010) varias confiscaciones se dirigieron a propiedades de judíos venezolanos (Edificio La Francia, Teatro Radio City). Venezuela votó en 1949 a favor de la pertenencia de Israel a las Naciones Unidas. En 2006, las relaciones entre Venezuela e Israel se deterioraron debido a la guerra en el Líbano. El Estado venezolano comenzó a propagar su discurso antisemita por los medios de comunicación, en particular, por el programa televisivo “Aló Presidente”, conducido por el propio Hugo Chávez. A raíz de esto, se creó el Observatorio Hannah Arendt, un grupo de académicos que decidió supervisar las acciones totalitarias del Estado venezolano desde entonces.
Adagio
Dentro del capítulo de las expropiaciones del chavismo, merece un aparte la narrativa de las confiscaciones forzadas de propiedades judías. El cine Radio City, uno de los más emblemáticos y antiguos de Caracas, en el corazón del bulevar de Sabana Grande, fue expropiado a la familia que lo había construido. En  otra “alocución” (como se llamaba a los egolátricos e interminables monólogos de “Aló Presidente”), Chávez expropió varias propiedades, entre ellas el Edificio La Francia, en plena esquina de la Plaza Bolívar en el centro colonial de Caracas. Con esta edificación, como otras que también fueron expropiadas en su momento, no se hizo nada hasta que quedó reducida a escombros. Como hemos mencionado, estas “expropiaciones” fueron confiscaciones forzadas, los propietarios nunca recibieron indemnización monetaria alguna.
La forma del discurso antisemita adoptada por el gobierno, durante estos 21 años, ha sido la del nuevo antisemitismo descrito por Alain Finkielkraut (“Au nom de l’autre”, 2004). No se atacaba a los judíos en cuanto raza inferior, sino en calidad de nazis. Se trataba de un antisemitismo humanista, por compasión a las víctimas palestinas. De este modo se insultaba dos veces a los judíos, ya que se les trataba como lo peor en lo que se podían convertir, aquello que los mismos judíos más detestan: el racismo. Se les acusaba no de ser racistas, sino de ser los peores racistas.  El 31 de Enero de 2009 la Sinagoga Tiféret Israel de Caracas fue profanada, luego de varias semanas de ataques anónimos a personas en la calle. Pintaron insultos y svásticas a lo largo de todos los muros. Entraron al recinto de la sinagoga. Destrozaron la biblioteca de la yeshivá. Dentro de la nave principal también hicieron pintas y destrozos, abrieron el hejal, sacaron los rollos de Torá, los echaron al piso, los rompieron, orinaron y defecaron (*).
Moderato
Con el permiso del lector, voy a traer a colación una alegoría. Digamos que, a pocos metros de su vivienda (casa, apartamento o rancho), vive una familia pequeña, una pareja, quizás con un hijo o hija, a lo sumo dos, ambos pequeños. Una pareja que no es “nueva”, pero aún está comenzando.  Hacia afuera todo se ve normal pero hacia adentro las cosas son diferentes. El problema no es solo que él no cumpla todas las obligaciones que tiene con sus hijos. Mamá tiene un trabajo con el que, mal que bien, se bandean. Lo grave es que, encima de todo, él la maltrata. Esto no sucede a plena luz del día, sino quizás cuando los niños duermen. Pero, Usted y yo, que somos vecinos del mismo vecindario y a veces nos quedamos leyendo hasta tarde, sabemos al menos lo que de vez en cuando se escucha. ¿Qué deben hacer mamá y los hijos? ¿Por qué ella no le pone límites? Las cifras de la OMS y Unicef hablan de que 35% de las mujeres del mundo han sufrido violencia física y sexual, y que de ellas, poco más del 70% han sido víctima de su propia pareja. En Colombia, 7 de cada 10 mujeres han sido víctimas de abuso sexual, y el 70% de esos casos se cometen cuando la víctima es menor de edad, es decir, una niña. Aproximadamente el 40% de las mujeres que sufren maltrato buscan ayuda de algún tipo, aunque menos de la mitad de estas denuncian al agresor, y menos aún deciden continuar un proceso judicial.  En fin, entre nuestros vecinos “todo va bien”, por así decir. Quienes no estamos mezclados con el problema, podemos mirar a otro lado o taparnos las orejas. Pero apenas esta madrugada, escuchamos los mismos golpes sordos de siempre, junto con gritos desesperados: “No me mates, por favor, no me mates”. Sí, es la voz de la vecina, y ambos, Usted y yo la reconocemos. Entonces quedan dos opciones: O alguno de nosotros, Usted o yo, levantamos el teléfono y llamamos al 911 o al 112… o ella termina en la morgue, él en prisión y los hijos en Bienestar Familiar.  ¿Por qué más de 144 países del mundo han aprobado leyes contra el maltrato de género? Porque en una relación de maltrato, como en toda relación, hay un componente bilateral: la víctima se acostumbra al maltrato. Esta es, también, la razón por la cual se creó el número de emergencia de la policía para hacer denuncias anónimas. A veces, la persona maltratada no cambia de lugar porque no puede. Y si no puede, y no interviene nadie desde afuera, entonces al final todo termina en la morgue.
La analogía viene al caso porque la ONU, heredera jurídica de la “Liga de las Naciones” de la década de 1920, fue creada para dar un marco legal a la guerra y a las invasiones, y particularmente, para evitar episodios como los de la 1ra y la 2da guerras mundiales. No estoy hablando de su efectividad, como tampoco, en el párrafo anterior, hablábamos de la efectividad del 911 o del 112. Hablamos de su propósito, de su misión.
Para el 8 de Noviembre de 2018, la ACNUR estimaba unos 2.400.000 refugiados que habían salido de Venezuela. Según la OIM, son 3.000.000. En Diciembre de 2018 Migración Colombia reportó más de 1.000.000 de venezolanos que viven en este país. Entre 2015 y 2017 la salida de venezolanos se incrementó en 134%, pero la solicitud de entradas y asilos en países de América Latina se incrementó en más de 800%. Estas cifras fueron ampliamente superadas en 2018. Uno puede ignorar, si así lo quiere, reportes como el de CNN sobre las prostitutas venezolanas en Cúcuta, bajo la excusa de que es un medio “del imperio”. Lo que no se puede ignorar es lo que sucede delante de nuestras narices. Hace seis años en Colombia había inmigrantes venezolanos. Hace cuatro comenzaron a aparecer venezolanos pidiendo dinero en las calles. Primero llegaron a Cúcuta, Santa Marta o Barranquilla. Luego, sorpresivamente, los comenzamos a ver en el transporte público de Bogotá. Después nos enteramos, con estupor, de que muchos siguen de largo, se van a pié hasta Ecuador, Perú o Chile. Se los ve atravesar las carreteras de Colombia con un niño en una mano, y en la otra una almohada y media maleta.
Así pues, sobre comunicados “neutrales”, como la Declaración del Observatorio de Ecología Política de Venezuela, puedo decir con toda la sangre fría que aún me queda, que estoy de acuerdo en algunas de sus tesis y hasta puedo reenviarlos a quien quiera suscribirlos. Pero estoy frontalmente en desacuerdo con otras:
  • La primera es la tesis del “auge y alineamiento de las derechas de América” para invadir Venezuela. La izquierda latinoamericana tiene 22 años alineada con una dictadura que solo le ha producido hambre, enfermedad y humillaciones a los venezolanos. Comieron de su mano Lula en Brasil, la banda de los Kirchner (por cierto implicados en el atentado de la AMIA en Argentina, del cual los responsables escaparon a través de Venezuela durante el gobierno de Chávez), Ortega en Nicaragua, como la plétora del palangrismo ilustrado internacional.
  • Otra: La “amenaza a la vida de millones de venezolanos” que representa una intervención. De acuerdo con el informe de la Asamblea Nacional, La tasa anual de homicidios en Venezuela saltó, de 4.450 muertes en 1998, año de la toma de posesión de Hugo Chávez, a 23.047 muertes en 2018, con su pico más alto el año pasado 2017, con 26.616 víctimas, para un total de 215658 víctimas por muertes violentas en 20 años. Estas cifras no incluyen, por su puesto, todos los fallecimientos causados por la falta de medicinas.
  • Más aún: El gobierno que está atornillado en Venezuela no es una pobre revolución de izquierda que trata de sobrevivir entre los tiburones del océano imperialistas. Es un régimen que está aplicando una política de control social basada en el hambre y la enfermedad, como lo hizo el Estalinismo con los Ucranianos en el Holodomor. Dado que no podían controlar a los opositores, decidieron matar de hambre a toda la población para que nadie tuviese tiempo de ir a marchar o protestar. Sin embargo, decir que es un régimen estalinista o leninista es pecar de ingenuos. Son nazis en el sentido más vil de la comparación: son absolutamente perversos. Mientras los venezolanos mueren de mengua, gastan los millones de dólares y euros que han robado, comprando títulos nobiliarios y comiendo y vistiendo los derroches más obscenos. El Petrus Pomerol, aparentemente, sabe mejor cuando le añades tres millones de refugiados. Al momento de escribir esta nota, han salido varios reportajes sobre las personas que cruzan la frontera colombo-venezolana entre Cúcuta y San Antonio del Táchira, todos los días, para comer al menos una vez al día. La Iglesia católica organizó un comedor para refugiados, que comenzó con 1000 almuerzos diarios en 2017. A mediadios de 2018 ya duplicaban esa cifra, el Estado colombiano y la Agencia internacional para el desarrollo de Estados Unidos (USAid) comenzaron a realizar aportes regulares. La fila para comer ocupa varias cuadras y casi siempre quedan algunas personas por fuera, hay otras que llegan con los teteros de los niños, pidiendo que se los llenen aunque sea con avena.
Yo no soy ningún agente del imperialismo y, si lo fuese, como dice Laureano Márquez, han debido informármelo antes para ir a cobrarle a la CIA todo lo que me debe. Por su parte, el palangrismo internacional va a hacerse selfies en un supermercado para desmentir el desabastecimiento, o toma videos en un centro comercial para desacreditar la situación humanitaria, con el mismo cinismo e impunidad con la que se pasearían por un hotel turístico en Cuba para decir que en la isla no hay hambre. La canalla ilustrada, esos sí son lacayos de  Vladimir Putin, fanáticos ciegos y sordos. Esa es la miseria del historicismo de la que habla Karl Popper (**).
¿Quiere esto decir que estoy de acuerdo con una intervención internacional? NO. A todos nos duele pensar que, llegado el caso, el destino de Venezuela se tenga que decidir con la participación de otras personas. Pero la realidad que tenemos es esta. Afirmar que quienes están forzando la participación de agentes extranjeros somos quienes nos oponemos al autoritarismo usurpador, y no los usurpadores mismos, es un vil chantaje, un doble insulto a las víctimas, y uno de la más baja ralea. Como insultar  a la mujer que es víctima de maltrato doméstico, diciéndole cobarde o, peor aún, equiparándola con el victimario, porque llama a la policía pidiendo protección para que no la maten.
Esto dice una empleada que vive y trabaja en Caracas, en el mismísimo Ministerio de Justicia, que debería ocuparse de velar por los derechos laborales de los venezolanos, en lugar de acosar laboralmente a sus propios empleados: “Llevo años trabajando aquí. Yo tengo un hijo de 10 años diabético. Estoy esperando que entre la ayuda humanitaria porque si sigo sin encontrar insulina, mi hijo se me va a morir. Y ahora ellos me amenazan con perder mi trabajo si no firmo un comunicado de apoyo a Maduro”.  Ante las crecientes manifestaciones de empleados públicos que han aparecido apoyando al presidente encargado Juan Guaidó, el titular del ministerio decidió picar adelante, y obligar a sus trabajadores a firmar el comunicado de marras. Un familiar mío que trabaja en esos mismos tribunales me comentaba: “En mi comunidad no me obligaron a firmar un documento de apoyo a Maduro para poder recibir el CLAP. Solo nos avisaron que lo habían dejado en un sitio y nos dijeron: ‘Si están interesados, pueden ir a firmarlo’. Amo a mi comunidad. En mi trabajo están dementes”.
Allegro
El chavismo-madurismo ha hecho con la Asamblea Nacional lo mismo que hacen cada vez que han perdido una elección: desconocerla. En el año 2007 Hugo Chávez perdió un referendo consultivo sobre una discutida legislación para aprobar un proyecto de Estado Socialista con organización comunal.  Cuando supo la noticia, el presidente apareció histérico, sobrepasado por la ira, espetándonos a todos los ciudadanos que adversamos su proyecto, a grito destemplado: “…ganaron su elección de mierda”. Y de allí en adelante, comenzó a forzar todas las medidas que había perdido en el referendo, a punta de decretos. Maduro perdió en 2016 la Asamblea Nacional y acto seguido decidieron convocar una nueva Asamblea Constituyente y nombrar un nuevo Tribunal Supremo, atribuciones ambas que no son del ejecutivo sino de la mismísima Asamblea que querían desconocer (véase más arriba el texto de la Constitución de la República de Venezuela, Op. Cit.). En 2012 Chávez ganó de nuevo la presidencia en una elección de resultados discutidos, ante Capriles. El 3 de Agosto de 2017 la empresa SmartMatic, que controlaba el sistema de votación en Venezuela, denunció que Maduro había cometido fraude en las elecciones. Se trata de la misma empresa que supervisó todas las votaciones en Venezuela desde el año 2000. El modus-operandi denunciado por la empresa, por cierto, es el mismo que la oposición denunció desde, al menos, el año 2004. Eso que SmartMatic confesó en 2017 es lo que los venezolanos sospechamos, con mucha seriedad, al menos desde 2012 (que se robaban las elecciones) y sabemos con gran amargura desde 2004 y volvimos a vivirlo en 2017 (que las desconocen cuando las pierden).
Sobre Juan Guaidó es poco lo que se sabía cualquiera que no fuese venezolano y estuviese pendiente de las noticias. Pertenece al partido Voluntad Popular, mismo de Leopoldo López. Fue elegido diputado por el Estado Vargas, mismo que sufrió la tragedia natural de diciembre de 2000, en la que fallecieron miles de personas. Mismo Estado (“departamento”) que durante dos décadas votó por el chavismo. Fue nombrado presidente de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, misma que tanto estorba a Maduro. En Venezuela, al menos en lo que a mí concierne (aunque creo que esta es la opinión de muchos de mis conciudadanos):
La Asamblea Nacional de mayoría opositora, que llegó en 2016, es legítima y legal. Más aún, desde el 10 de Enero de 2019, a partir de la usurpación del poder ejecutivo por parte del Sr. Maduro, y hasta el 22 de Enero, fue el único poder legítimo y democrático.
En Venezuela hay no hay un Tribunal Supremo legítimo, pues el que lo era está en el exilio, y el otro, nombrado por la Asamblea Constituyente, es tan espurio como esta.
A partir del 23 de Enero de 2019, Venezuela no tiene “dos presidentes” sino uno solo. Se llama Juan Guaidó. El Sr. Maduro solo está usurpando las funciones ejecutivas.
No hay dos presidentes. No hay dos Asambleas. No hay dos tribunales. Solo hay un gobierno legítimo. Los venezolanos queremos:
  • Cese de la usurpación.
  • Gobierno de transición.
  • Elecciones libres.
Coda 
El Sr. Maduro está, posiblemente, en el mismo trance de todos los faraones a los que, como describe el Éxodo, “Dios endureció su corazón”. Algunos amigos me han dicho que el grito de “Maduro coñoetumadre” descalifica a la oposición. La realidad es que esa mentada de madre pública se ha convertido, con el paso de los días, en una especie de terapia colectiva para no volvernos locos. La gente la repite como mantra y la risa les vuelve al rostro, es una mentada catártica, que sale de lo más profundo de las tripas. ¿Qué es lo menos que puede merecer alguien que somete a su propio pueblo al hambre, la enfermedad, la indigencia y la humillación? La mejor intepretación de todas, mi favorita, es la de Gabriela Montero. Hasta los artistas, cuando toman partido y se atreven a decir groserías, se ven más hermosos.
Usted, lector, ¿qué hará? Yo, al menos, no voy a seguir discutiendo mientras exista la posibilidad de que maten a mi vecina. Voy a tocar la puerta de al lado, a ver si le parto la jeta al malparido que le pega a su mujer. Si no lo logro, llamo al 911.
Notas aclaratorias
(*) El movimiento Adagio, así como el punto (5) inmediatamente superior, no pretenden ser una demostración de lo que afirmamos (el antisemitismo de Estado que se ha ejercido en Venezuela). En derecho penal se habla de pruebas (por ejemplo, es común el dicho “a confesión de parte, relevo de pruebas”). Buena parte de esta nota es un recuento de pruebas, al estilo de una denuncia penal de maltrato, un recuento de los maltratos que hemos sufrido los venezolanos durante los últimos 20 años. No existen demostraciones, ni tiene sentido pedirlas (o esperarlas) en el ámbito de la historia.
(**) Un “historicista” es una persona que confunde un recuento histórico con una demostración lógica (la definición es mía). Esto es, por ejemplo, lo que sucede con el Capital de Marx y la teoría de la lucha de clases, o la sociología política que deriva Platón de su teoría de las formas. El historicismo ha formado parte del método de las ciencias sociales tal como lo pensaba Max Weber, en contraposición al enfoque empírico de Durkheim. “La miseria del historicismo” es un librito bastante breve en el que se realiza una crítica puntual y precisa. Sin embargo, quien escribe prefiere muy de lejos el prólogo de “La sociedad abierta y sus enemigos”, en el que Popper esboza una propuesta de método alternativo para las ciencias sociales que, a juicio nuestro, da cuerpo a las aspiraciones científicas de Durkheim. En este libro, asimismo, se explica por qué el historicismo es, por naturaleza, profundamente antidemocrático.
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Valores universales… y otros no tanto

(Carta abierta al Noticiero de NTN24)
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Bogotá, 20 de Septiembre de 2018

Sra. Claudia Gurisatti,

Sra Idania Chirinos,

Estimados periodistas del Canal NTN24,
Ante todo, reciban de mi parte un cordial saludo.
Esta carta tiene como propósito llamar su atención sobre el contenido inexacto de una nota de prensa salida ayer, durante la emisión de la mañana, en el noticiero del canal NTN24, sobre el día de Yom Kipur, o día del perdón, fiesta religiosa judía. En el micro dedicado a esta festividad religiosa, se resaltaba el ritual de las kaparot, el cual es bastante llamativo, y consiste en alzar una gallina por encima de la cabeza de los penitentes como ceremonia de expiación.
En el calendario anual judío existen cinco festividades religiosas importantes, de mucho peso: Rosh-Hashaná,  Yom Kipur, Pésaj, Shavuot,  y Sucot. Hay otras fiestas religiosas importantes, como Purim y Januká, así como algunas de carácter meramente civil como el día de la independencia del Estado de Israel o el día de conmemoración de la Shoáh, que se rigen por el calendario usual, cuyos detalles pueden consultar aquí.
Las dos fiestas más importantes en términos de popularidad demográfica y peso emotivo, son Pésaj y Yom Kipur. Tienen, dentro de la identidad judía y en prácticamente todas las denominaciones del judaísmo el mismo peso  que tiene para cualquier cristiano, de cualquier denominación (católicos, ortodoxos, protestantes, etc) las fiestas de Navidad y la Pascua cristiana. Traigo a colación esta comparación por motivos didácticos: El Cristianismo ha pasado por diferentes crisis y modificaciones identitarias, así como por procesos de sincretismo, algunos de los cuales han originado verdaderos cambios de paradigmas religiosos, otros no. Para el catolicismo, por ejemplo, el concilio de Nicea o el concilio Vaticano II han interpretado, cada uno en su propia época, cambios importantes. La protesta de Lutero, en cambio, es un ejemplo de reforma que, si bien finalmente afectó la manera en la cual los cristianos de denominaciones diferentes, incluidos los católicos, se relacionan con Dios, no fue universalmente aceptada de igual modo por todos los cristianos.
En el judaísmo, simplemente por motivos de antigüedad, han ocurrido a lo largo de la historia procesos similares. Por ejemplo, los judíos ya no tenemos templo en Jerusalén, por casi 1900 años no tuvimos un Estado y, ahora, hace unas pocas décadas, lo recuperamos.  La religión tuvo que adaptarse a estas y otras realidades. Más aún, a diferencia del catolicismo, el judaísmo no tiene una “autoridad regulatoria suprema” equivalente al Papa. Los procesos de “aprobación” de ciertos ritos litúrgicos entrañan una larga discusión entre las comunidades, y dependen en gran medida de la tradición recibida directamente de los padres y abuelos.
Como otras fiestas importantes, Yom Kipur posee algunos ritos que son universalmente aceptados por todas las denominaciones judías. Otros, como las kaparot que mostraron Ustedes en el micro de ayer en la mañana, ni son universalmente aceptados ni afectan nuestra estructura religiosa. Más aún, en el caso particularísimo de las kaparot, se trata de una costumbre muy controvertida por diversas razones. Entre ellas;
  • Motivos históricos: El rito podría tener, presumiblemente, origen sincrético.
  • Motivos demográficos: Como costumbre, se inició en las comunidades rurales del palio de asentamiento, que vivían en caseríos poco densos. Por ese mismo motivo, la costumbre es más aceptada entre personas de origen ashkenazí que entre aquellos que provienen de la cultura sefardí.
  • Motivos teológicos (halájicos): Rabinos antiguos, como Josef Caro o Maimónides, veían en este tipo de costumbres un intento de sustituir el sacrificio del cordero en el Templo, lo cual, dentro del Judaísmo, es algo peligrosamente cercano a la idolatría.
  • Motivos de crueldad animal: En las grandes ciudades esta práctica entraña otros problemas prácticos. Se han dado casos de animales que son dejados vivos, en sus jaulas, bajo la lluvia y la inclemencia del clima, mientras se deshidratan. En ciudades grandes como NY, esto ha entrañado protestas no solo de la comunidad judía, sino también de organizaciones y personas independientes. Asimismo, en algunas variantes del ritual, presumiblemente se sacrifica al animal de una manera no apta para su consumo (no kasher), lo cual no solo es un problema de práctica religiosa (halájico): se matan animales que no se van a consumir por judíos y no se pueden donar a judíos, pero tampoco se organiza una manera de donarlos a alguien más.
En wikipedia conseguirán mayor información sobre el tema de las kaparot y su controversia. El artículo es bastante imparcial.
Mostrar a esta costumbre de las kaparot como “La Tradición” (así con mayúsculas) de Yom Kipur, es antes que nada reduccionista: muestra una cara muy tribal y primitiva (aunque cierta) de nuestra religión, la cual no representa la manera en que todos los judíos asumimos dicha festividad. De nuevo usaré una comparación con una fiesta importante del Cristianismo que tiene sus propios procesos sincréticos: Lo que Ustedes mostraron en el video del noticiero de ayer en la mañana equivale a mostrar a todas las personas que van a las iglesias durante la Pascua cristiana cargando pencas de sábila o siguiendo otras costumbres de la religión Yoruba (religión africana que, por lo demás, también merece mi mayor respeto) como “La Tradición” de la pascua cristiana cuando, en realidad, se trata de una costumbre producto del sincretismo religioso y la violencia de la trata de esclavos de la época del colonialismo español, que no es universalmente aceptada por todos los cristianos.
Así como los cristianos preferirían que, cuando se informa sobre aquello en lo que consiste la Pascua o la Navidad cristianas, el periodista se refiriese no solo a los ritos, sino a los valores centrales de esas fiestas, asimismo, los judíos preferiríamos que en un reportaje sobre Yom Kipur, una de nuestras fiestas más queridas, se hablase de ritos aceptados por todos nosotros, como las plegarias de preparación y disculpas (Selijot), el rompimiento de los votos (Kol Nidrei), el toque del Shofar y, especialmente sobre el valor más importante de esta fiesta, el Perdón Universal, valor que compartimos las tres religiones monoteístas, Judaísmo, Cristianismo e Islam.
Sin más que agregar, me despido de Ustedes deseándoles que el Perdón Universal nos alcance a todos, a nuestros países y a nuestras familias. B’H.
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 Post-Scriptum: Las “denominaciones” del judaísmo actual no son ahskenazíes y sefardíes, estas dos divisiones étnico-culturales fueron importantes durante muchos siglos pero ya no representan, más allá de un contexto cultural y afectivo, a las diferencias en la discusión teológica y halájica del Judaísmo. Las denominaciones actuales, en términos generales, son: Ortodoxos, Conservadores y Reformistas. Hay, aún, otras subdivisiones como los Masortíes, los Jasídicos o los Haredíes. He aquí una referencia final sobre el tema de las denominaciones judías actuales, no completa pero sí bastante ilustrativa.

Levantarse sin pensar

“El coplero Florentino,
por el ancho terraplén,
caminos del desamparo
desanda, a golpe de seis”.
Alberto Arvelo Torrealba.
Florentino, el que cantó con el Diablo, es el segundo gran mito venezolano, dentro de nuestro realismo mágico, tanto como el de Doña Bárbara, e igual de importante para entender las fuerzas telúricas detrás de esta crisis. Sobre ambos mitos escribió Gallegos. Doña Bárbara, la misma que le ganó la pelea a Santos Luzardo por cansancio, es la versión caribeña de la diosa Kali, la destrucción que todo lo devora, la fuerza primitiva sobre lo racional, la lucha feroz por la supervivencia frente al dominio de la Ley. Es la amenaza de las invasiones, la barbarie, lo irracional. Es la energía del caos. Florentino o Cantaclaro es es el otro mito, el que está en el reverso de la moneda, al otro extremo del espectro mitológico. Florentino es la lucha contra el mal absoluto. Los versos de Alberto Arvelo Torrealba, que escogió Antonio Estévez para su música, son mucho más fuertes que la narrativa de Gallegos (comparada con Doña Bárbara, a mi modo de ver, Cantaclaro es simplemente soporífera). Esa fuerza telúrica le viene en parte de su esquemático dualismo (Bien-Mal, Luz-Oscuridad, Razón-Religión) que, en medio del paisaje llanero, nos remonta de manera súbita a los griegos, los minoicos y las guerras del Peloponeso. Florentino es el catire, vale decir blanquito con los ojos rubios y los labios rubios así como Fry Donahue; en tanto que el Diablo es indio, morenito y pelo malo (en eso también me recuerda a J.R.R.Tolkien, basta comparar al “Señor Oscuro” con cualquier elfo de los bonitos). La Cantata Criolla sigue siendo para mí una de las mejores vainas que ha parido Venezuela, de las que quedarán mucho, mucho después que todos nos hayamos ido. He recordado en estos días, mientras la escucho, a mi padre Franklin Padilla, y a un par de amigos especiales, Anaida Carquez Soler, Aida Lagos, y Carlos Márquez. Los venezolanos no tenemos un Ben Gurión, ni un Teodoro Herzl, ni un Moshé Dayan. Tampoco tenemos un De Gaulle que nos llame a resistir ni un Churchill que nos ordene pelear en las playas, en las calles y en las casas. En estos 22 aciagos años de dominio de la barbarie, en los que la fuerza indómita de Doña Bárbara se nos fue de las manos a los venezolanos (le permitimos hacer todo lo que quiso), el mito de Florentino de pronto es lo que necesitamos para recobrar la memoria. A veces, para luchar con el mal en su más pura esencia, para recuperar la lucidez y la cordura, no hace falta seguir discutiendo. Hay que apelar al nodo más irracional de nuestro ser, ese que nos indica lo que está bien y lo que no lo está, cuando todos los argumentos se han vendido, cuando el totalitarismo ya borró toda referencia ética. Ese que nos muestra claramente de cuál lado esta el miedo. El que susurra en nuestras sienes que, si aún podemos esperar, entonces no tenemos que hacer concesiones. El que nos recuerda que, aunque hayamos perdido mil batallas, todavía no termina la guerra y, además, es demasiado importante para dejarla en manos de los militares. Ese que nos hace apelar a Dios y a los dioses, a Budha, a los santos y ángeles, Olimpos y panteones, a todo nuestro ki, toda nuestras reservas religiosas, toda nuestra alma, nuestra fuerza y nuestro ser, para no dudar en cumplir la tarea. Ese que nos ordena levantarnos, apretar las nalgas y volver a la lucha, antes de que el mal absoluto finalmente todo lo domine.
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Sonderkommando

“Une fois étranger, toujours étranger”.

(Amine El-Gradechi).

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Imagen: “El hijo de Saúl”,  (húngaro: Saul fia)  película (2015) dirigida por László Nemes

En la época en que lo conocí, Amine tomaba el café expresso. Con pausa, saboreaba cada átomo del líquido amargo y untoso. Tenía un sentido del humor amable y una sonrisa cordial. Le agradaba el fútbol, hablaba poco, salía a trotar de vez en cuando por el paseo de la Citadelle. No suelo estar de acuerdo  con eso de que todo lo pasado era mejor. Lo cierto es que entonces Lille era un sitio que transpiraba inocencia. Había muchos árboles, pinos, arces, abedules.   Aunque Amine casi nunca hablaba de Argelia, una sola ocasión fue suficiente para mostrarme cuánto la quería, y en qué condiciones de despecho, amor y dolor se hallaba respecto a su tierra natal. Lo recuerdo bailando, sí,   mientras seguía los compases de Ya-Rayah. Esa canción de Dahmane El-Harachi quizás sea la manera más dionisíaca de hablar sobre la pena del extranjero. Bailando,  Amine me mostró que había más de una manera de asumir el exilio. Creo que fue también a Amine a quien escuché por primera vez la frase que encabeza esta nota. Ignoro si la inventó él mismo, es posible que se tratase de un refrán. Una vez te conviertes en extranjero, eres extranjero el resto de tu vida. Si no, que se lo pregunten a Albert Camus, otro argelino.

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Lo anterior viene a propósito del artículo de Jurate Rosales que en los últimos días se ha vuelto viral.  Si Usted es de los que no entienden (o cada vez entiende menos) lo que sucede en Venezuela, léalo sin demora. Vale la pena.

La nota de Rosales, sin embargo, parte de algunos supuestos que no comparto; supuestos sobre los que intentaré mostrar mis diferencias.

El primero es que los exiliados, en general, señalemos a alguien como culpable de nuestro exilio. Los exiliados no andamos jugando a ser perdonavidas. Partir no es solamente escapar de un país o un régimen que te agobia. El exilio, especialmente el auto impuesto, supone un duelo:

“He renunciado a ti, no era posible,

fueron vapores de la fantasía,

son ficciones que a veces dan a lo inaccesible

una proximidad de lejanía…”

decía Andrés Eloy Blanco. Solo que el exiliado no le dedica el poema a una novia sino a una sociedad de la cual siente el rechazo. En mi caso no fue tanto cuestión de supervivencia alimentaria como de preservación de la cordura. Con los años caí en cuenta de que partir fue también escapar de mí mismo, o al menos de la versión de mí mismo en la que podía terminar convirtiéndome.

La nota de Rosales hace un recuento vívido de varios regímenes comunistas de Europa oriental y algunas de las penurias que debieron soportar todos, tanto los que se quedaban como los que se iban. No le llevaré la contraria sobre la tesis del libreto aprendido de los comunistas y nuestra incapacidad para descifrar algunas claves. Quiero sin embargo notar que la lista no solo no es extensiva, sino sesgada. No contabiliza los exiliados y refugiados del franquismo, ni los escapados y presos políticos de las dictaduras de Chile, Argentina, Uruguay, Brasil. No recuerda los desaparecidos de la Operación Cóndor. Las dictaduras de derecha también han fabricado sus exilios y diásporas, igual de desarticuladas, igual de disociadas. Por cierto, el régimen que ocasionó mayor número de muertos y refugiados en el s.XX en Europa, no fue comunista: hablo del nazismo.

Rosales reclama dos cosas sobre las que me parece que tiene un punto importante, pero, al mismo tiempo, creo que su reflexión se queda corta. Cito textualmente:

  1. “La incapacidad de los refugiados de unirse en un solo bloque y menos el de servir de guía de unidad para los que quedaron en la patria desvalida” (..)
  2. “Asombra la incomprensión de las realidades del momento y la incapacidad de asumir que el exilio tiene su propio mandato, el de la unidad, y su rol inmediato, importantísimo, de apoyo y ayuda para los que quedaron en la patria”.  

Sobre la primera, me permitiré señalar a mis compatriotas venezolanos aquello por lo cual la mismísima Hanna Arendt fue tildada de antisemita durante el desarrollo de sus reportajes sobre el juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén. Es materialmente imposible, simplemente no se puede llevar a seis millones de personas a las cámaras de gas, si no se cuenta primero con la colaboración, al menos parcial, del mismo grupo que se pretende exterminar. Si la falta de unidad ha caracterizado al exilio venezolano, ¿cómo puede llamarse eso que ha mostrado el liderazgo local? No es posible someter a cuarenta millones de personas al hambre y la muerte por mengua, sin contar con la colaboración activa de una parte de esa misma población. Para llevar a cabo un genocidio de ese tamaño hacen falta unos cuantos Sonderkommandos.

Mi comparación con el nazismo, en esto, es deliberada. Los nazis fueron el primer régimen político moderno que estableció como táctica la degradación moral de la víctima, antes de su propia aniquilación. Establecieron una cadena de marchas y contramarchas, órdenes en un sentido y luego en el opuesto, todo con el fin de confundir para luego hacer lo que fuese su antojo. Arendt registra de manera escalofriante una serie de casos de colaboración, negociaciones, chantajes y delaciones que ocurrían entre judíos: los líderes comunitarios unas veces no podían y otras no querían ver las consecuencias de la política de colaborar para sobrevivir. “…Hay destinos peores que la muerte, y las SS tuvieron buen cuidado de que sus víctimas los tuvieran siempre presentes en su mente (…) La gloria de la revuelta del gueto de Varsovia y el heroísmo de los otros, pocos, que supieron resistir, radicó precisamente en que los judíos renunciaron a la muerte relativamente fácil que los nazis les ofrecían (…) fueron capaces de decidir que no podían aceptar ir a la muerte como corderos” (1).

Esta metodología de convertir a la víctima en una simple bestia deshumanizada fue luego copiada por muchos otros regímenes totalitarios: la Unión Soviética de Stalin, toda la Europa oriental de la Guerra Fría, la Camboya de los Khmer Rojos, y varios de los gobiernos mencionados por Rosales son ejemplos de esto. Sin embargo, los nazis la ejercieron no solo por cumplimiento del deber, sino por la absoluta satisfacción de un placer perverso. Piénsese, por ejemplo, que la Rusia soviética con todos sus crímenes humanos, sus genocidios, sus Gulaks y  Holodomores, es la misma que se enorgullecía de mantener un sistema educativo público,  financiar un programa espacial, tener la mejor compañía de ballet del mundo y preservar sus colecciones de arte en museos como l’Hermitage. Y si es cierto que cosa no quita la otra, también lo es que los nazis se regodearon no solo en el asesinato, sino también en la tortura, el robo, el saqueo y el expolio no solo de sus enemigos y víctimas naturales, sino de toda su nación. Por su parte, el Socialismo del s.XXI es un experimento social, diseñado desde la cúpula de los funcionarios “enchufados”, para obligar a las personas a dejar de pensar so pena de morir de hambre. Mientras tanto, esos mismos funcionarios alimentan cuentas de banco en paraísos fiscales, pagan enormes facturas por cosas tan fútiles como botellas de Petrus Pomerol con todo y descorche, compran títulos nobiliarios inservibles.  Este es quizás el rasgo en el que el Socialismo del s.XXI es más fiel a las enseñanzas de Goebbels y Himmler.

En cuanto al segundo punto, creo que es tiempo de que aclaremos algunas cosas.

La vivencia del exilio es siempre individual. El apátrida solo puede hablar desde lo particular, lo real, lo concreto. No existen dos personas que lo experimenten del mismo modo. En el imaginario de quienes se quedan, los que nos auto-exiliamos pasamos supuestamente toda una vida añorando volver al terruño, a la madre patria. Eso de que estemos interesados en organizarnos, que nos sintamos obligados por el imperativo categórico de ayudar a quienes están adentro a sostener una resistencia, si bien puede que sea cierto, también tiene unos matices bastante gruesos.

Para comenzar, los exiliados somos también inmigrantes. Nos establecemos en sociedades diferentes. Debemos integrarnos al sistema legal y laboral. Formamos familias. Creamos empresas. Investigamos. Nos relacionamos no solo entre nosotros, sino especialmente con las nuevas sociedades que nos reciben. Los exiliados estamos sometidos a un proceso constante de reinserción que, en muchos casos, implica aprender uno o varios idiomas nuevos, asumir religiones distintas, etc. Ponderado en ese contexto, la primera prioridad de cualquiera que emigre  es sobrevivir. La segunda, en el caso de los refugiados, es no regresar. De allí en adelante, cualquier cosa es ganancia. Sí: la mayoría de los exiliados mandamos remesas. La población venezolana es el rehén secuestrado por el cual el régimen chavista cobra todos los meses las remesas en dólares de cuatro millones de inmigrantes. Le pago al Estado secuestrador para que mi padre secuestrado al menos pueda comer y vestirse. Suena razonable. ¿No? Puedo sostener parcialmente la economía de mi padre, pero no puedo sostener toda la economía del país. Los exabruptos económicos del chavismo han colapsado a Venezuela, sin importar lo que hayamos podido hacer quienes salimos. En términos macro-económicos, las remesas son el último paño caliente de un moribundo. Nada más.

Quienes habitan la Venezuela de estos días están asfixiados por la deshumanización forzada. Debo decir que los funcionarios bolivarianos, en este aspecto al menos, no son ni estalinistas ni maoístas: son nazis de la más pura y vieja escuela. El régimen que ahora oprime a todos los venezolanos no llegó en un día, no fue producto de una sola mala decisión. Han sido veintidós años dedicados, 24h diarias 365 días al año, sin descanso, a destruir un país desde sus cimientos, a borrar del mapa toda una cultura y una manera de hacer las cosas.

Y aunque hace veintidós años la sociedad venezolana era, en muchas cosas, diferente, el huevo de la serpiente estaba allí. Tampoco pueden decir que nadie se los advirtió. Toda la Academia se cansó de avisarlo. Lo dijeron Heinz Sonntag, Rodolfo Rico, Nelson Rivera y todo el  Observatorio Arendt. Lo espetó desde las tribunas universitarias Ricardo Ríos. Lo dijo Uslar Pietri. Lo repitió, arrepentido, Jorge Olavarría. Lo gritó en sus editoriales Teodoro Petkoff. Lo advirtió Manuel Caballero, desde la intentona golpista de 1998 hasta que se le acabó el aliento.

El chavismo  parasitó a la democracia venezolana hasta destruirla. ¿Es exacto decir que fuimos estafados en 1999? Puede ser, pero, incluso en ese caso, nada es tan inocente. Uno no puede estafar a alguien que no tiene aunque sea un poco de malicia. Hace falta suficiente para suponer un beneficio, una ganancia fácil, un dolo, un ilícito. Pero, al mismo tiempo, no debe ser demasiada como para poder reconocer el paquete chileno. Dentro de mi trabajo y mi entorno, yo mismo fui una de las pocas pero ruidosas voces agoreras, y recuerdo muy bien cómo muchos de mis amigos, de mis compañeros de trabajo, tan explotados por el Estado como yo, decían claramente que no les importaba salir jodidos mientras la revolución se encargase de joder (eliminar, expulsar, expatriar) a tal o cual persona, a tal o cual corrupto, a tal o cual empresario… para que “hirvieran en aceite” a tal o cual partido político. El gancho de la estafa chavista fue el resentimiento. Como sociedad, mordimos el anzuelo. Hitler hizo lo mismo con la población alemana que había pasado una década de guerra, miseria e hiperinflación.

El problema es que mucha de esa gente sigue estando resentida. Y el resentimiento, en Venezuela, es un problema de proporciones epidémicas y clínicas: no es un delirio, sino un trastorno de la estructura de personalidad. O, para decirlo en términos lógico-neurológicos: No es que sientan resentimiento porque piensan mal, es que piensan mal porque el resentimiento los supera. Por eso no se puede desmontar solo con argumentos, ese fue el error de Descartes, porque el razonamiento es la última capa de pintura sobre ese muro de millones de años que es nuestro cerebro con sus emociones.

El chavismo lanzó a sus huestes sobre cada uno de sus enemigos. De todos los salarios en Venezuela, los peores siempre fueron los de los investigadores y profesores. La multitud vino por nosotros, nos trataron como oligarcas mientras éramos humillados y explotados. Es solo un ejemplo: En Venezuela todo el que, por motivos propios o ajenos, en algún momento se halló en la acera del frente, más temprano que tarde fue tratado como un lacayo del imperio y enemigo de la patria.

¿Siento rencor? Pues no, la verdad, no. En cambio, sí siento cansancio. ¿Para qué uno va a explicar lo que nadie quiere entender? Sobre aquello que no se puede hablar, ¿no es mejor guardar silencio?

El Espíritu de la Nación es una de esas pestes que han estado a punto de acabar con la razón. El romanticismo todo lo echa a perder. Por eso me fui: Yo era la minoría, incluso entre mis pares. No podía luchar contra el régimen, como heroicamente lo hicieron los estudiantes universitarios en 2012 y en 2017. Renuncié a todo lo que dejé atrás. El exilio me devolvió la posibilidad de aceptar a los demás tal como son. Acepté el derecho de los venezolanos a realizar el experimento socio-político que llevaron a cabo. Reivindiqué mi derecho a no volver a ser involucrado en dicho experimento.

Yo, que no voté por la revolución ni una sola vez y perdí hasta la saliva advirtiendo lo que se venía, no me siento responsable por toda la comunidad de venezolanos que se quedaron, mejor dicho, que tomaron la decisión de quedarse y votaron de manera reiterada por el proyecto político que los oprime, cuyo desenlace era tan previsible como la propia Jurate Rosales bien lo describe. No siento el imperativo categórico de organizarme para salvar al país, a la sociedad que me expulsó de sus entrañas.

Siempre me rehusé a convertirme en colaboracionista del régimen chavista. También me negué a resentirme, a odiar a otros por lo que son o piensan.  Vivir en el extranjero fue la única forma de mantener la cordura, de regresar a la sanidad mental y emocional,  de volver a abrazar la modernidad, de discutir con argumentos y no con emociones desbordadas ni descalificaciones violentas. Es cierto, lo admito: el exilio fue mi manera de mandar para el carajo a la turba de los superfluos. Quien se va también, de alguna manera, le pone un límite a los demás.

Mi límite es este: Usted tiene derecho a hacer experimentos sociales si consigue los votos que lo apoyen, tanto como tanto como yo tengo derecho a escoger dónde vivir. No hay facturas. No hay cuentas pendientes. Nada que cobrar. Nada que pagar. Estamos tablas.

Eso sí: El resultado de su experimento social es problema suyo, no mío.

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(1) Arendt, Hanna. “Eichmann en Jerusalén, o la banalidad del mal”. Random House, 2010.

Al maestro con cariño

A Oswaldo Lezama, colega y amigo.

Bogotá, 4 de Junio de 2018.

Para comenzar, copio aquí un vínculo que lleva a la carta que Oswaldo Lezama, premio nacional de matemáticas de Colombia, le dirigió al candidato Sergio Fajardo con motivo de su declaración de mantener la posición de votar en blanco en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de este año en Colombia. Le ruego encarecidamente que la lea antes de seguir estas líneas, a fin de que pueda sacar sus propias conclusiones.

Gracias.

Discrepo de la postura que Oswaldo toma en dicha carta.

Antes de explicar por qué, debo aclarar que no soy colombiano. Nací en Venezuela, llevo casi dos décadas viviendo fuera de mi país, y los últimos nueve años los he pasado en Bogotá. Mientras viví en mi país de origen, participé en varias elecciones, presidenciales, legislativas y locales, como testigo o miembro de mesa, algunas veces de manera independiente y voluntaria, y otras, las últimas, propuesto por el  partido político en el cual finalmente había decidido ingresar, el Movimiento al Socialismo, por sus siglas, el MAS, que fundara Teodoro Petkoff. Hace ya muchos años que no participo activamente en una elección, por motivos tanto políticos como personales.

Deseo asimismo expresar claramente que, tanto en lo personal como en lo laboral, siento gran estima por Oswaldo. Es una persona entrañable, un colega querido por todos. El premio nacional de matemáticas, así como otras laureas que ha recibido en vida, son más que merecidas. En su persona se constituye un importante ejemplo de lo que puede llegar a ser cualquier colombiano. Para quienes no tienen idea de qué es la Academia, este es un buen símil: Oswaldo es, por así decirlo, como un Falcao, un James  o un Nairo Quintana (con un poco más de años), un Obiwan Kenobi, o más bien un Yoda de las matemáticas. Hay otros premios nacionales de matemáticas y de ciencia, algunos bastante más jóvenes, pero ese no es el punto ahora. Lo que quiero decir con esto que es Oswaldo constituye un modelo a seguir para cualquier joven colombiano que quiera ser científico.

Es precisamente el lugar de Oswaldo en la sociedad colombiana  lo que me obliga a contradecirlo.

No le hace falta que yo añada más títulos o alabanzas a los que ya merecidamente ha ganado. Me parece una obligación más importante, en cambio, señalar aquel punto de inflexión en el que, en mi opinión, cualquier ciudadano común debería pensarlo dos veces y no seguir a ciegas las ideas que expresa.

No es la primera vez que una connotada personalidad se equivoca al razonar sobre política. A cualquiera le pasa. Lo mismo le sucedió a Platón, uno de los indiscutibles padres de la filosofía, a quien se le ocurrió juntar las ideas de forma y esencia con la filosofía del cambio de Heráclito, y construyó un método filosófico con el fin de atacar la democracia griega. O a Hegel, cuyo sistema lógico fue hecho en parte para criticar la revolución francesa. No es casual que ambos sistemas filosóficos tengan puntos en común. Ambos son profundamente historicistas y, hasta cierto punto, anti-racionalistas.

Otras personas públicas han adelantado argumentos diferentes sobre la conveniencia o no del voto en blanco, sobre la responsabilidad de la izquierda colombiana, sobre el momento histórico que vive Colombia. Algunos me han parecido convincentes, como los esgrimidos en otros espacios por mi colega y estimado amigo Andrés Villaveces. Otros, no tanto. Gente de a pié y vecinos de la cuadra también me han dado razones mucho más prácticas y menos románticas, desde los casos de falsos positivos hasta la corrupción de las EPS, la parapolítica, o la pérdida de derechos laborales concretos. Vale decir: menos Zeitgeist, más Res Pública.

Voy a volver un instante sobre los argumentos centrales de la carta en cuestión: Que Fajardo ya no ejerza como profesor o matemático no significa que no sea matemático. Que se ensucie las manos metiéndose en la política no significa que le haya vendido el alma al diablo. Entonces, ¿Caro no era gramático? ¿Gaitán no era abogado? ¿Mockus tampoco es ni matemático ni profesor? ¿Reagan no era actor? ¿Vargas Llosa y Vaclac Havel no son escritores? La política no es algo que se ejerza de manera separada a las vidas que llevamos.

El pensamiento historicista está demasiado acostumbrado a la sospecha metodológica. Un racista le dirá que es Usted negro, gitano, judío, roghinya o de cualquier otra minoría molesta. Un fanático religioso le dirá que es Usted gay, lesbiana, o simplemente mujer o niño. Un marxista le atacará en razón de su clase: Usted es un burgués, un oligarca, un lacayo del imperialismo. Un nazi, que pertenece Usted a la conflagración judeo-masónica que quiere controlar el mundo. Un historicista, si es coherente con su propio método, mirará en su pasado, su currúculum u hoja de vida, sus antecedentes. Si Usted es alguien de la otra acera, queda descalificado. En retórica argumentativa esto es llama falacia ad hominem: En lugar de refutar los argumentos, se descalifica a la persona del otro.

Fajardo está construyendo una opción de centro. Puedo estar de acuerdo o no con esta opción, pero es lo que él, y otra gente que lo rodea, está intentando construir. Desde las últimas elecciones de Uribe, en las cuales toda Colombia estaba polarizada, hasta hace dos días en que, en la primera vuelta, nos enteramos de que más del 40% de los votos eran para dos opciones de centro (Vargas Lleras y Fajardo), es mucho lo que se ha recorrido. Hay muchas lecturas de esa primera vuelta. Una de ellas es que la gente está más cansada de los extremos. Otra es que el centro está creciendo, poco a poco y de manera más o menos sostenible. Me parece que la carta de Oswaldo no da nuevos argumentos para analizar la decisión de Fajardo. En cambio, y aunque esto es una conjetura de mi parte, creo que la intención de la misma es la de enviar un mensaje moral. Pero este mensaje moral, tal y como está escrito, es sumamente peligroso: la política es sucia, la academia es limpia.Esta idea simple es, en realidad, terriblemente reaccionaria. Su peligro radica en su simplicidad, cualquiera la ha escuchado alguna vez, como cuando nuestras abuelas decían “antes, todo era mejor”. Cualquiera puede, también, repetirla de manera desprevenida.

Las ideas (las formas platónicas o el cálculo variacional) son limpias, inmutables, eternas. La política es equívoca, riesgosa, malvada. El proyecto político esbozado por Platón en la Repúblicay el Timeoes ese: construir un estado inalterable, inmutable, eterno, lo más parecido posible con la forma, la verdadera idea de Estado, el verdadero Estado. Las democracias cambiantes están mucho más lejos de esa inmutabilidad que una buena tiranía, llevada por cualquier caudillo fuerte.

En las universidades, el pan de cada día de muchas jóvenes mujeres es el acoso sexual y el abuso de poder. Sucede a escasos metros de la oficina de uno. Te enteras cuando la marcha pasa y escuchas las consignas a través de la ventana, si no por la prensa o las redes sociales. ¿Quiere ello decir que todos los profesores universitarios somos sádicos o perversos? Pues no. Ni la academia es tan limpia como para que todos salgamos impolutos, ni la democracia es tan sucia como para que no valga la pena entrar y llenarse de mugre. Y sí, la política es sucia. Por eso mismo, hay que ensuciarse las manos, decía Sartre. Ejercer la política sin perder los principios rectores, sin que los fines, los medios y los principios se difuminen, es realmente difícil.

Por eso mismo es importante que, en Colombia, dos profesores universitarios, Fajardo y Mockus, estén metidos en ello construyendo una opción de centro con un principio claramente pacifista y de muy largo alcance: toda vida es sagrada.La lección ética que pueden dar con su simple ejemplo, con el de hacer lo que creen que es correcto, es algo que vale oro. En Venezuela, por no ir tan lejos, hay también un profesor de matemáticas que ha desempeñado cargos políticos. Se llama Nelson Merentes, es uno de los mayores responsables de las políticas económicas de dicho gobierno en los últimos veinte años. Si buscan un poco, verán las enormes diferencias entre ambas aproximaciones a la política y el poder. Porque tengo en la mano un ejemplo es que puedo defender al otro.

Hay personas que se meten hasta la cabeza en la suciedad, la podredumbre, la mierda de la política. Y luego salen limpios, no de la mierda de la que se rodearon, sino de su propia conciencia. Allí está Pepe Mujica. Allí tienen a Fajardo y a Mockus. En Venezuela tenemos aún a gente como Capriles. No es mi político favorito, pero es un ejemplo de coherencia ética. Habrá quejas, reclamos, y hasta denuncias. Pero a nadie se le ocurriría mezclar el nombre de Pepe Mujica, digamos, con los casos de Odebrecht.

Hay mucha, mucha gente inteligente, incluso brillante, apoyando la candidatura de Petro. Pero, también, una parte importante de sus seguidores está reaccionando de manera intolerante ante las diferencias de opiniones. En lugar de tender puentes hacia quienes estiman que podrían convencer, están discriminándolos y descalificándolos. Prácticamente los echan a la calle, todos los días, gota a gota.

No quieren escuchar críticas. Petro es perfecto. No tiene defectos. Es la quintaesencia de la virtud. No se equivoca. No lo dejaron gobernar. Si acaso gana Petro las elecciones, ¿es eso lo que van a repetir dentro de cuatro años? ¿No lo dejaron gobernar? ¿No les parece que su candidato es suficientemente inteligente y adulto como para asumir sus propias responsabilidades?

La costumbre de no escuchar está, también, emparentada con la sospecha metodológica historicista. Si el otro no es un ser humano, entonces ni si quiera es digno de que yo me rebaje a refutar su argumento. Todas esas las ideas perfectas e inmutables, todas escritas en mayúsculas (el Estado, la Salvación, el Reino de los Cielos, la Revolución, la Lucha de Clases, el Hombre, la Raza, etc.) nos impiden ver la realidad y las personas concretas. Un ejemplo de ello es el mal llamado “racismo científico” cuyas investigaciones buscaban justificar la supremacía racial blanca, y que tanto daño le hicieron a la biología, la medicina y la antropología, llegando a influir de manera determinante en la política durante, al menos, dos siglos. Ahora que ha corrido tanta tinta sobre la decodificación del genoma humano, sabemos que todos provenimos de un número reducido de migraciones que vinieron de África. Todos somos africanos. La idea de raza es científicamente insostenible, una pura y simple mentira. Lo mismo sucede con los métodos pseudocientíficos de Marx. Que, a partir de las sucesivas evoluciones de los medios económicos de producción, lleguemos a predecir el acaecimiento ineludible del comunismo, es solo una conjetura arbitraria. No existe tal cosa como una ley histórica que nos permita predecir el futuro. Cuando estamos embelesados por una idea, ajustamos nuestras observaciones a lo que queremos justificar en lugar de buscar, investigar y perfeccionar nuestro método.

De los muchos factores que están afectando a estas elecciones en Colombia, que vienen de la realidad, esa terca y difícil realidad que todo lo trastoca; dos de ellos tienen que ver no con el discurso de Oswaldo, sino con el de otros de mis amigos que están apoyando la opción Petro.

El primero es el miedo. Sí, tienen razón. Hay una parte de la campaña que está dedicada a manipular ese miedo. “La guerrilla va a volver a apoderarse de este país”. No. Al menos no tan rápido. Ni la guerrilla ni los paramilitares se van a volver a apoderar de esto, siempre que todos, Usted, yo y el vecino, todos, nos pongamos de acuerdo en garantizar que en 4 años volverán a haber elecciones, y nos comprometamos a cuidar todos los votos, los que nos gustan y los que no nos gustan, uno por uno. Cualquiera que se monte en un autobús, que hable aquí con gente de a pié, puede constatar que aquí todo el mundo tiene una historia de violencia. Algunas con la guerrilla. Otras con los paramilitares. La firma de los acuerdos de paz era algo que todos necesitábamos. Pero también es cierto que una buena parte de la población tenía y sigue teniendo miedo. Cuando Santos realizó el plebiscito y ganó el NO, al día siguiente nadie sabía qué hacer con eso. Todos nos quedamos como: “Ajá… ¿Y ahora qué hacemos?”. Ese miedo está allí, y no se le puede responder simplemente con una palmada condescendiente. El candidato Duque es el único que ha tocado el tema de la reforma a los estatutos de la justicia especial de transición. Desde la acera de la propuesta Petro es urgente dar una respuesta. (*)

El segundo es el factor Venezuela. “Nos vamos a convertir en otra Venezuela” dice la campaña del miedo. De nuevo: No tan rápido, pequeño saltamontes. Para llegar a lo que pasa en Venezuela no es suficiente con “equivocarse” (así probablemente vea una parte del electorado a quienes votan por Petro) en una elección. Son veintidós años dedicados a brazo partido, 24/24 7/7, los 365 días del año, a destruir un país. El único candidato de la izquierda colombiana que llamó al régimen venezolano como lo que es, una dictadura salvaje, fue Fajardo. El candidato Petro, por cierto, ha tenido en el pasado reciente declaraciones y acciones no solo amistosas hacia esa dictadura, sino absolutamente irresponsables y desinformativas hacia la opinión pública colombiana, como ir a tomarse fotos en un Excelsior Gama (un supermercado del este de Caracas) para decir que la escasez de alimentos y medicinas era una mentira más de la campaña de descrédito imperialista. Hoy, mientras escribo esto, en la OEA se está discutiendo por primera vez el informe sobre las violaciones de derechos humanos en Venezuela. La respuesta del canciller de chile a los insultos y vejámenes públicos de Jorge Arreaza, canciller venezolano, fue esta: “Si teníamos dudas sobre el carácter dictatorial del régimen venezolano, el canciller Arreaza acaba de aclararnos todo. Si un diplomático como Arreaza nos trata así, a nosotros que somos sus pares extranjeros, ¿cómo trata a sus conciudadanos, los que tienen su mismo pasaporte, los que están sometidos a su poder en su propio país?. En toda América Latina hay olas de refugiados venezolanos. Las cifras oficiales hablan de medio millón en territorio colombiano, aunque informalmente se supone que han entrado casi un millón. Sí, muchos inmigrantes venezolanos están “haciendo campaña” hacia la opción de Duque. ¿Es eso tan sorprendente? He escuchado gente que dice que no les presten atención porque “están traumatizados”. Como dice Leobardo Valera, otro colega y viejo amigo: Te encuentras en la calle con una mujer a quien su marido le pega, y como la ves traumatizada, ¿decides no pararle bolas porque no es imparcial? El pánico colectivo de los refugiados venezolanos es real: vienen escapando de un régimen que se llama a sí mismo “socialismo del siglo XXI”. Sí. Antes de llamarlo simple histeria, deberíamos pensar en otras posibilidades como el stress post-traumático. ¿Es por ello desdeñable? Para tomar decisiones acertadas a veces hace falta comprender también la profundidad de las emociones en juego. Cuando el río suena, piedras trae.

Voy a decir esto esperando que lo lean como yo lo escribo: con todo el cariño del cual soy capaz. Estoy apostando a que lo procesen antes de las elecciones, y corrijan lo que están haciendo. Si la izquierda necesita juntar fuerzas, es contradictorio que descalifiquen a los demás porque tienen miedo, que los tilden de primitivos o brutos porque no ven viable la opción que Ustedes les están presentando. A mí me pasó, del lado contrario, durante unas 10 elecciones, con la gente que una y otra vez votaba por el proyecto de Hugo Chávez. Uno no puede terminar resentido con el otro. Hay que recapacitar y construir consensos, aunque eso se tome tiempo. No están haciendo la tarea. No todos se están tomando en serio el trabajo de convencer. En lugar de ello, están armando una Intelligentzia, están formando el perfil de un caudillo.

Gabriel Padilla

Matemático, profesor y extranjero. Venezolano y demócrata, uno que aprecia, extraña, y añora las elecciones libres, especialmente bajo el claro sol de mi país.

(*) Esta nota fue editada para wordpress. Entre su aparición en internet y su corrección final apareció una propuesta concreta de Humberto de la Calle, el 4 de Junio de 2018 en su columna del diario El Tiempo, en la cual contra-argumenta seriamente la posición de Iván Duque sobre la revisión de la justicia especial de transición. Cito textualmente: “Los derechos de las víctimas son la verdadera medida de proporcionalidad en la justicia transicional. Iván Duque no ha entendido que el contenido reparador de las sanciones mira el interés de ellas.”

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Post-Scriptum: Me rehúso a llamar a Duque “el candidato del uribismo” por los mismos motivos por los que me niego a llamar a Petro “el candidato del castrochavismo y la guerrilla”. No hay nada más antidemocrático que la sospecha metodológica y la descalificación del otro. Alguien con mucho sentido del humor dijo hace poco en twitter que, para los uribistas, Timochenko era el candidato de las FARC, pero Fajardo era el candidato oculto de las FARC y Petro era el verdadero candidato de las FARC. Lo mismo se puede aplicar a la inversa: Duque era el candidato del uribismo, pero Vargas Lleras era el verdadero candidato del uribismo y Fajardo era el plan oculto del uribismo. Así no se llega a ninguna parte.

Post-post-scriptum: El tercer factor tiene que ver con mi propia pregunta al próximo presidente de Colombia. El tercer factor es la banalidad del mal.

Hace un mes estaba en el Transmilenio cuando un venezolano se montó a pedir dinero. Dijo, por cierto, que era profesor universitario, de sociología, en la Universidad de Los Andes (ciudad de Mérida), la cual había tenido que dejar por las razones que ya sabemos. Un colombiano cualquiera le preguntó, sin sombra de ironía, “Oiga, ¿y Ustedes por qué no han bajado a ese man?”. El hombre solo pudo acertar a decir:“Porque no pudimos”. Me costó mucho digerir sus palabras. Primero me dio rabia con él: ¿Por qué no podía asumir su propia responsabilidad en haber votado quién sabe cuántas veces por ese régimen del que ahora huye? Después recordé a Hannah Arendt: “¿Por qué seis millones de judíos subieron por su propio pié a los trenes, cargando sus maletas, y llegaron a las cámaras de gas, sin oponer casi ninguna resistencia? (…) Las SS dejaron muy claro desde el principio que había cosas peores que la muerte (…) En ese contexto, el milagro es que se hubiese producido un episodio heroico como el del levantamiento y la resistencia en el ghetto de Varsovia. Fueron los más jóvenes quienes nos dejaron en claro que era no estaban dispuestos a morir en esas condiciones”.

Eso es exactamente lo que sucede en Venezuela. Los episodios de violaciones a derechos humanos, de estudiantes violad@s, desaparecid@s, torturad@s y asesinad@s, acribillad@s a mansalva frente a las cámaras de periodistas internacionales, son la expresión del poder de las Fuerzas Armadas venezolanas dejando en claro que hay vainas peores que morir. Que el presidente de la república sea un conductor de autobús sin siquiera un diploma de bachillerato, un simple mediocre con delirios de grandeza como los de Adolf Eichmann, quien tenía un título falso de ingeniero y solo aprovechó el juicio de Jerusalén para sentirse por un minuto más como el centro del universo, esa es la mejor expresión de la absoluta banalidad con la que el mal, en su estado más puro, se pasea por las calles de Venezuela. Por los últimos censos se sabe que al menos el 30% de los venezolanos (los que habitan en Venezuela) tienen un pariente en Colombia, y cerca de la mitad tienen cédula colombiana. Una proporción menor, pero igualmente importante (cerca del 20%) se estima en Colombia, de personas nacidas colombianas que tienen parientes y/o cédula venezolana. El miedo y el maltrato a la autoestima que ha creado el régimen venezolano lo están sintiendo ciudadanos colombianos que han refugiado a sus parientes. Una respuesta condescendiente no basta.

Esta es mi pregunta para el próximo presidente de Colombia: El régimen totalitario de Venezuela no es socialista. No es estalinista. Es nazi. Venezuela es un campo de concentración con 30 millones de reclusos a los que se les raciona la comida, se les obliga a trabajar como mano de obra esclava y se les niegan las medicinas. Diariamente mueren niños, mujeres y ancianos por desnutrición y epidemias que hace 30 años habían sido erradicadas, mientras los jerarcas del régimen comen caviar Beluga, toman Petrus Pomerol, visten las marcas más caras de ropa y joyas, dilapidan el erario nacional, roban y subastan las obras de arte que han saqueado de los museos y colecciones privadas. Tarde o temprano, cuando dicho régimen llegue al punto crítico de inestabilidad, aumentarán de modo alarmante las posibilidades de un estallido bélico, un conflicto militar de proporciones internacionales. Mientras Venezuela esté bajo una mafia militar, narcotraficante y asesina, las democracias en América Latina no estarán seguras. ¿Cuál va a ser la política exterior de Colombia al respecto?

Cambiar de lugar

Todos tenemos alguna historia, una pincelada, un trozo de la estampida de los refugiados venezolanos.

Hace diez años, cuando llegué a Bogotá, la inmigración venezolana en Colombia era escasa, por decir algo. Los inmigrantes venezolanos salían por diversos motivos, algunos por la continuada crisis económica, otros por la “situación política”, frase eufemística que usábamos para aludir a la dictadura encubierta del teniente coronel Hugo Chávez, que en aquella época gastaba montañas de petrodólares en publicidad y lobby geopolítico regional.  Yo era El segundo venezolano que había ocupado una plaza en el Departamento de Matemáticas de la Universidad Nacional de Colombia en los últimos veinte años: el primero era otro colega, bogotano de origen, que había trabajado hasta jubilarse en la Universidad de Los Andes, en la ciudad de Mérida.

Hasta el 2012 todo siguió más o menos igual.  Podíamos contarnos con los dedos… y sobraban dedos. Mi gremio es uno bastante privilegiado en relación al trabajo. A diferencia de los ingenieros, médicos, psicólogos o arquitectos, no existen licencias para “ejercer” las matemáticas,  ni afiliaciones gremiales; acaso la convalidación de los diplomas y la inscripción opcional en una sociedad científica local. Los matemáticos venezolanos en Bogotá nos conocíamos, si no personalmente todos, sí al menos de referencia. En la prensa circulaban estudios (de dudosa autoría) donde se referían a las bondades de la migración venezolana: éramos “estadísticamente mejor formados” y “altamente calificados”, o al menos esa era la fantasía que reflejaban tales artículos, de la cual se hacían eco de las incipientes comunidades de inmigrantes venezolanos que poco a poco se habían consolidado en otros países.

En cuestión de cinco años, esa situación cambió drásticamente. Venezolanos que “preferían destinos del primer mundo” (según citaban los estudios periodísticos de marras), de buenas a primeras, comenzaron a venirse de paseo a los países vecinos. Llegaban a tantear la situación laboral, a invertir algo de dinero. Dejaban a sus hijos estudiando, aterrizaban en casa de algún pariente e intentaban legalizar todos los diplomas académicos que pudiesen. La primera señal de la importancia del cambio de tendencia la dio el propio gobierno venezolano: en 2014 paralizaron todos los trámites de legalización internacional de diplomas (apostillas de La Haya). “Que se vayan, pero no les vamos a dejar sacar los títulos, que vayan a lavar platos” dijo algún burócrata. Y lo que hasta entonces había sido un trámite cualquiera, que no tomaba más de tres días, se convirtió en un calvario. Las colas en los registros locales y en el Ministerio de Relaciones Exteriores se multiplicaron exponencialmente. Los enchufados acababan de descubrir una nueva veta de ingresos.  Un par de años después, la burocracia revolucionaria decidió hacer lo mismo con un documento más sensible: los pasaportes. Comenzaron por retardar la tramitación de los mismos sin ninguna explicación. En cuestión de dos años experimentaron estrategias diferentes, desde los acosos en los aeropuertos, la confiscación de documentos y el cierre de fronteras, hasta la anulación de pasaportes al azar.

Pero la ola no se detuvo. Más bien creció y creció, como una bola de nieve, como un tsunami.  Hasta que los países vecinos comenzaron a reconocer en la realidad venezolana signos de escenarios y economías de guerra.

El doctor Luis había sido decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado. Después había sido asesor legal del gremio de profesores universitarios del Estado Lara, y había ascendido a profesor titular. Llegó a Bogotá sin un peso, con una mano adelante y la otra atrás. Lo conocí cuando estaba recién llegado, lo contacté con el hermano del conocido de un colega, que podía ser una referencia laboral. Buscó trabajo con desespero, tocó puertas en diferentes universidades, institutos, colegios. Buscó en diferentes ONG’s. Un par de meses después, mi esposa lo vio vendiendo ropa interior en un local de la Avenida Jiménez. “Cualquier cosa antes que regresarme”, le dijo. Ambos nos asombramos.

El cuñado del amigo del vecino del veterinario Tal y Tal, llegó de Maracaibo a vivir en El Barrio, con sus diplomas de médico y sus posgrados de oftalmología debajo del brazo. No le fue sencillo insertarse: la competencia entre médicos, en Colombia, es feroz. Los médicos son explotados por las EPS (empresas prestadoras de salud), y no tienen suficiente libertad para cumplir con la mística que les exige el juramento de Hipócritas. Luego fue el esposo de mi cuñada, que llegó buscando trabajo como técnico de comunicaciones. Las historias se multiplicaron. Las historias de computistas, contadores, abogados o actrices, se convirtieron en comentarios sobre taxistas, vigilantes, peluqueras, meseros. Y de un momento a otro, finalmente comenzaron a llegar ya sin diplomas, sin títulos, sin dinero, sin ropa, sin nada. Comenzaron a atravesar la frontera con una pastilla de jabón y treinta mil pesos. Llegaban de Cúcuta a Bogotá vendiendo caramelos en los autobuses, vendiendo chocolates, vendiendo cualquier cosa. Luego dejaron de vender y comenzaron a regalar: regalaban, cambiaban lo que tenían por cualquier cosa. Desaparecieron “estudios” sobre las migraciones altamente calificadas de venezolanos, y comenzaron a publicarse entrevistas y estudios a los nuevos recién llegados. Un indigente venezolano, entrevistado en Bogotá, explicaba que prefería recoger basura en Colombia pues aquí, al menos, no arriesgaba la vida. Una universitaria venezolana explicaba que se había dedicado a la prostitución, también aquí, en Bogotá, porque no tenía dinero para costear el oneroso trámite de la convalidación de sus diplomas y necesitaba enviarle dinero a su hijo con urgencia.

A medida que la “situación” se agrava, la ola indetenible no ha hecho más que crecer. Están en lo parques y en los autobuses, en los puestos de mercados y en los mostradores de las cadenas de comida rápida. En cualquier sitio donde el trabajo sea ingrato, pesado, difícil o todas las anteriores, es casi seguro que uno va a reconocer, de un momento a otro, el “acento” de un venezolano. La economía de los países vecinos está resintiendo los efectos. En Panamá y Costa Rica han aparecido brotes de violencia xenófoba en contra de migrantes venezolanos. En la zona de tolerancia, en una de las calles de puteaderos (burdeles) de Bogotá, apareció hace poco una pinta: “O cobran completo o las matamos”. Están en todas partes. De haber sido inmigrantes, los venezolanos nos convertimos en refugiados.

Los 19 años de engaños y elecciones forjadas, de resultados trampeados, de fraudes, secuestros, amedrentaciones, presos políticos, chantajes alimentarios y demás que ha producido el chavismo, han creado un patrón de maltrato. Cada oferta de una nueva elección aviva el deseo por lo inalcanzable. De acuerdo: debo aclarar algo. Que la salida de la dictadura salga por votos sea inlcanzable, es una presuposición arbitraria mía. Allí está Pinochet. También están Fidel o Putin. Vuelves a votar. Vuelven a robar las elecciones. Vuelve el coñazo con la realidad y la desilusión. Queda la compulsión al maltrato. Entonces aparece de nuevo el dilema: ¿Me quedo? ¿En qué situación me quedo, si es que me quedo? ¿Me voy? ¿En qué términos me voy? ¿Me convierto en disidente o en refugiado? La revolución solo tiene tres soluciones para quienes le adversamos: o nos reeducan o nos compran, o nos matan o nos meten presos.

Lo más difícil es cambiar de lugar. Buscar la manera. Salir del juego. Salir hacia afuera como un emigrante o un refugiado, o salir hacia adentro como un abstencionista. Salir en todo caso de de la relación de maltrato, del marco perverso. Cambiar de nombre, de identidad, de variable (un alias) o cambiar de terreno, de referentes, de conjunto y estructura (un isomorfismo). No soy quien para decirle a los demás de qué modo cambiar de lugar. Solo sé que hay otras maneras. Hay otros lugares. Romper el nudo gordiano, ciertamente, solo se puede de una única manera. Pero el nudo está en nosotros, no afuera. Una vez lo hemos roto, una vez cambiamos de lugar respecto al maltratador, hay que darse cuenta de que ya no hay modo de convivir. O se van ellos o nos vamos nosotros. Me lleva él o me lo llevo yo, Emiliano Zuleta dixit.

De todas las comparaciones que se han hecho entre el chavismo y el nazismo, aquella que me resuena más no es con el nazismo en Alemania, sino en los países que ocuparon. Venezuela recuerda al régimen de Vichy. Los venezolanos vivimos bajo una ocupación, tanto los que se quedan como los que nos exiliamos. Hemos sido ocupados por los antidemócratas. No nos mandan a campos de concentración porque no les hace falta. Venezuela es un enorme campo de trabajos forzados. Si alguna vez se detuviesen los pozos de petróleo (o las redes de tráfico de drogas) a punta de fusil las rectivarían.

Para liberarnos de esta ocupación hacen falta dos fuerzas, dos líderes. No uno. Jean Moulin y Charles De Gaulle. Uno adentro. Uno afuera.

The world that we created

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This is the world we created. Each time I listen to Trump, Le Pen, Maduro (and/or Chávez), Uribe (and/or ad laterae), Kirchner (the whole gang)… etc, I  get angry. I admit it. But never so much, nor with the same astronomic astonishment as when I hear their  actual supporters. A venezuelan philosopher used to say that Chavez’s regime was one that did not repress, but rather depressed its oponents. Four years later, Mr. Maduro does both: that’s how anger becomes a public health problem. I have uribist, chavist, madurist (and now suppose also trumpist) friends. I even used to have a taliban friend, who I met in Paris. A decade ago I also met the leader of the “bolivarian circle” of that lovely city. Yes, you read well, in Paris, at such a comfortable place. In the time they jumped from one ideology to other: talibans to lepenists, chavists to trumpists and so on. I think they had no concern, nor a an infinitesimal shadow of contradiction. We don’t argue; we haven’t and we will not. I lost some of my oldest friends in that way, so at some point I just decided to not honour their questions with an answer.  But now it has arrived the time for me to say some things, I’m going to vent my heart.

Fear overwhelms us. It is normal. We are human, we have blood in our veins. An old friend of mine, musician by the way, initially antagonized the regime. We lived in a country where political dissent became a crime. Oppositioners began to be prosecuted and banned of public works through a perverse discriminating device: the Tascón list.  He needed to survive, and he realized he could make some money by producing short TV programs and other “chavist stuff” with “chavist thinking” (this is neither an oximoron nor a villain joke, thouhg it might sound so). He married a girl, they had a daughter. With a family to care about, he made his decision. He was asked to enter to the chavist side of the border. Progressively he did so, untill he became a “content producer”, which is a double-thinking euphemism for a publicist whose job is to make propaganda  or, more clearly, an editor of lies. In the following years, institutional lies through broadcast media turned into a huge machine. The only industry which works better is drug traffick, it moves more money than the now decadent oil industry. To summarize: he had weak points, they exploited them and, in the time, they got him. Would it have been different with me? I don’t think so: that’s why I got away.

This is the world we created. When we vote from our deepest fears, we let Palpatine senators kidnap our republics and countries, hijack our values and hack our cultures. We have seen hordes of fanatics bombing schools and shooting women who want to study; armed civilians supporting Latin American banana dictatorships, who threaten and shoot at elders, women and children without discrimination; gangs of stupids harrasing some people due to their ethnic origin or gender choice, crying at them “Raise the wall!”.

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The swastikas that appeared in  US this year have the same racist substratum of the antisemitic agression in the Mariperez sinagogue (Caracas, Venezuela) on January 2009, and the bombing of schools in Pakistan. The abusive speech of Mr. Trump is making american politics to fall down the cliff of evil banality. As Mr. Chávez did to latin american democracies, now  it is the first-world’s democratic societies of Europe and north america which are being empoisoned on their core values. Whatever is the end, it will be faster if we do not resist. Civilizations dissappear.  Species extinguish. Why should it be different with us? But if this is our fate, shouldn’t we just away by a different reason than our own stupidity?

This is the world we created. Thinking on “no conflict” strategies, while there is a contendor looking for our total anihilation, is not realistic. Might it be primitive to say we are good and they are evil; the civilized imposture of negotiating in such conditions is a nonsense.  We must stop being tolerant, specially towards intollerants, racists, and other groups with similar antidemocratic agendas. We must stop the academic and intellectual charade, to admit we are dealing with really bad guys: dictators, massive murderers, war criminals, mafia bosses, gun-runners, terrorists and drug dealers, all them disguised as democrats. They are blowing up institutions worldwide. They  sabotage the courts and the laws,  misprize the congress and despise each single democratic value. From Iran to Russsia, from China to Nicaragua, from Venezuela to Spain and France, from th US to Argentina; they are doing their work very well. While you negotiate, they are are looking how to kill you.

I read the daily comments of a well known academic professor who is a political scientist. He uses to remark that Venezuela is a dictature which should be defeated by democratic ways. His main points are these: (a) If you do not defeat a dictature by votes, then you have to defeat it by gun shots. (b) If you ask a dictator for democratic guarantees before runing any election, he only has to deny you whatever you ask so you don’t run and loose another space. He is right, and I mostly agree all this, which has been the center of the political debate in Venezuela during the last years. I do not live in Venezuela; so I would not instigate anyone to look his/her own death by fighting individually against a regime which does not respect any human right.

Having said all that; I still think that there are a few details which have been lost in the landscape. In Venezuela, negotiations between the regime and the opposition are as naive as those between prime minister Chamberlane and chancellor Hitler. One of the sides argues in bad faith, because it’s not interested on arguments. They are professional provocateurs: that’s the kind of people you are trying to talk to. The venezuelan regime is a more complicated thing than just a simple group of militar fellows decided to hold on to the power at whatever consequences. There is still some opposition but each single person spends more time looking for food or medicines than he/she is able to work daily. The oppression of venezuelan regime on people is absolute: it does not let you think, you have no time. While you try to do so, someone else gets the food.  While we discuss with this kind of people; these guys sign contracts, buy weapons, kill students, exile oppositioners, prosecute dissidents, massacre minorities, influence presidential elections in foreign countries, build walls along frontiers with their neighbours.

Totalitarianism is not only identified or diagnosed by the total absense of opposition, which certainly is a major feature. There are other sings such as: (a) The psychological and moral oppresion of all citizens up to the point where everyone thinks that nothing can be done; (b) The indiscriminated violation of everyone’s human rights (political apartheid, absence of medical care for political prisoners); (c) The absolute disparition of collective moral references wich can provide an individual with a hint of his/her own ethical decisions; (d) The systematic incitement to violence against minorities which are labelled as agents of the enemy; (e) The deshumanization of dissidents. All these signs have been noted, from writers as George Orwell to philosophers as Hanna Arendt. All these are happening in the Venezuela of Chavez&Maduro. They  happened in  the USSR of Stalin, and  the Germany of Hitler. But, of course, the Soviet Union had Solschenitzin and nazi Germany had Hans and Sophie Scholl. So neither these nor the venezuelan case are, “strictly speaking”,  totalitarian regimes “but just militar dictatures”. Does this make sense? When a public academic decides to assume such a reductive criterion, when he/she refuses to call such regimes by their name, this is not an intellectual imposture but a political decision with consequences.

This is the world we created. When I was a kid, the president of the US was Ronald Reagan. People talked a lot about the Star Wars,  not the film by George Lucas, but the military program which intended to carry a preventive nuclear war against the russians.

bomb

Everybody had the paranoia of a fool nuclear physicist pressing the red button and destroying the planet in a few seconds. Also, and maybe because of that, an important number of people were living for today, as would say John  Lennon. After all, we were in the road of the 3rd WW, a nuclear one. It was not an arcade game. Somehow it is perversely funny that 40 years later we have a real risk of nuclear war between North Corea and the US, but we don’t pay much more attention. We are busy enough with Twitter and Whatsapp. These guys do so because we let them. We decided to sit down and look the moovie while they destroy the world of tolerance, human rights and equality of opportunities. It is a tragedy for humanity that the countries of the allied forces, which fought the 2nd WW in order to preserve democratic values, are now letting the poison raise inside them.

 

There are millions of children, women and young men who will not know democracy, as we did. We are now in the same point of our grandfathers. Democracy is too much important to be left to politicians. War is too much important to be left to military. I would not send anyone to war, nor would I encourage it. But, if  you need me, you know where to find me. Not to fight is not an option. Not to resist is inmoral.

By doing or by letting go, this is the world we created.