Síntomas de urbanidad

Para Carlos, desde los nudos de mi diván.

 

En la última semana, a través de diferentes redes sociales, algunos conocidos han compartido conmigo al menos una media docena de artículos sobre el derecho de las mujeres a no reproducirse, el movimiento NoMo (no mamás) etc. Parece que se ha convertido, o está por convertirse, en un #TT. Y bueno. Está bien que cada persona tenga la última palabra sobre las decisiones que atañen a su propio cuerpo.

Ahora bien, sin sombra de ironía, hay algo que me tengo atragantado y quisiera decir. Ya que cada quien tiene la última palabra, me pido, con el debido respeto y por un momento, el turno de la penúltima.

Tienen derecho. Tenemos derecho. Todos. Mi cuerpo es mío; el tuyo, tuyo. Lo mismo que vale para las mujeres que no quieren ser madres, vale también para las que quieren serlo, para quienes deciden que el sexo es solo un modo de placer, para los que son fieles o infieles, derechos o torcidos, cuerdos o dementes, frígidos, héteros, homos, bis, trans, zoo, arhci, cuatri, pan, pluri, mega y non-plus-ultra sexuales; cualquiera que sea la perversión que prefieran. Cada quien hace lo que quiera con su vientre, ovarios, testículos, penes, clítoris, vaginas, labios, bocas, nalgas, dedos, lenguas, orificios y demás. Pero, por favor,

  1. Tómeselo con soda (cójala suaaaave): Si Usted no quiere parir, le tiene alergia a los niños (o solo les gustan los de los demás, y de lejos); y decide esterilizarse a los 18, ese rollo es suyo. No tome a mal cuando algún ser querido, amigo o pariente de más edad, le diga “de pronto cambias de opinión”. Mire: si no cambia de opinión, pues qué bien. ¿Pero y si cambia? Entienda que el comentario no es por joder: es que ni Usted ni yo ni nadie, sabe qué carajo será o pensará dentro de cinco minutos. Nadie es todo el tiempo la misma cosa. Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río. A medida que pasan los años, reevaluamos lo que somos, las decisiones que hemos tomado, las personas a las que hemos amado/jodido/abandonado/etc.
  2. Salga del clóset lo antes posible: Avísele a quienes le rodean que su vida necesita un cambio. Que hasta hoy Usted ha sido blablablabla, y ha hecho blablablabla, pero a partir de ahora ya no más. Es el tipo de decisión que involucra siempre a terceros. Mientras más rápido mejor.

Mírelo de este modo: Si Usted ha pasado 20 años de su vida creyéndose a sí mismo hétero (y haciéndoselo creer a los demás), pero un día descubre que ya no más; solo le quedan dos opciones en la vida. O tiene la razón, o es feliz. Si se decide por tener la razón, allá Usted. Pero si se decide por intentar ser feliz y no amargarle la vida a quienes le han querido, es mejor que trague entero y se contradiga a sí mismo. Hágalo de una vez. Lo mismo nos pasa a todos. No crea que es Usted el único en el universo con esos rollos. Respire, respire, respire, respire. E intente vivir en el puto presente. No detenga la decisión. Mientras más la difiera, más agua se irá acumulando en la represa, como la mierda que se acumula en las tripas y no es posible retenerla todo el tiempo, ni a punta de lomotil. Créame: si se cose el culo se le saldrá por las orejas. Es mejor soltarla de una vez, antes de que el río nos lleve a todos. Es mejor un homosexual autoasumido que desfile el día del orgullo gay, agarradito de la mano con su parejo, acompañado quizás de alguno de sus hijos (del que tenga coraje pa comprenderlo y decir mi viejo/vieja es gay, y yo lo/la quiero y no me importa); que un/una homosexual que no sale del clóset, que solo se sabe relacionar con sus hijos y su pareja a punta de maltrato.

Lo mismo vale para todos. Si Usted es una feminista cuatriboleada que un día se descubre mirándose al espejo y muriéndose de ganas por planchar una camisa; pues plánchela y ríase. Y a la inversa también; si toda su vida había tenido un sentido de moral más bien conformista y un día se decide por el sexo libre; no lo piense tanto.

En cuanto a las NoMo, si Usted la tiene clara desde el principio, aunque sea duro, hágaselo saber a los demás. El que se vaya por eso, simplemente no es el que tiene que estar. No pierda Usted su tiempo ni se lo haga perder a nadie.  Diga claramente que no quiere tener hijos. Ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni nunca. Si ya lo ha hecho, mucho más que mi respeto y admiración, se merece Usted una pareja que le valore por todo lo que Usted, de hecho, ya es. Y esa pareja no llega, mejor sola que mal acompañada. Por otra parte; si Usted no la tiene clara, no diga quizás. Diga que no la tiene clara, que no sabe si la tendrá clara, que mejor no la esperen. A menos que de verdad los quiera para más tarde; no diga que quiere tener hijos, pero que ya va, que ahorita no, que primero quiere estudiar y trabajar y luego verá; porque Usted sabe que no es cierto y, los demás, aunque sea tarde, lo sabrán también. No deje a media humanidad esperando por lo que tiene Usted que decirles. Dígalo de una, que los demás no tenemos vocación de Albertico Limonta. Tragaremos entero y veremos qué decidimos con nuestra vida, a nuestro turno.

derecho de nacer

La parte difícil del “vive y deja vivir” no es la primera, sino la segunda. No es que tengamos que cojernos o dejarnos coger por todos los culos, bocas, vaginas o penes. No es que tengamos que bebernos todo lo bebible, inyectarnos todo lo inyectable y fumarnos todo lo fumable. Busque lo que tiene que buscar; que si le toma la vida, es lo mismo que nos toma a los demás. Todos tenemos deseos y culpas, fantasías y sueños, necesidades y vacíos. Todos, alguna vez, cambiamos de opinión. Es saludable aprender a contradecirse. Cuando le toque, no haga esperar a nadie.  La vida es corta. La suya, la mía y la de todos. Es mejor un NO dicho a tiempo, bien marcado. Si a la larga igual vamos a cortar, es mejor un Hattori Hanzo que una Gillette o unas tijeras punta roma.

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El tiempo siempre se escurre, de modo que es mejor dejar pasar y recomenzar lo antes posible. Quienes en un principio se van, si no les hacemos esperar más de la cuenta, más tarde lo agradecen. No deje a nadie añorando un beso, un polvo, un contrato, o un hijo que nunca llegará. 

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Maduramos en la medida en la que nos traicionamos a nosostros mismos; pues esa, precisamente, es la medida en la que dejamos de hacer esperar a los demás; algo que, como decía Serrat, es “tot un detall, tot un símptoma d’urbanitat que no perdessin sempre els mateixos, i que heretessin els desheretats”.

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