2+2=4

Ante el resultado de la primera vuelta de las presidenciales en Colombia, he visto por una parte, no poco triunfalismo adelantado en las filas del candidato que obtuvo la mayor votación. Y por otra, especialmente de parte de la izquierda, un alarmismo que da cuenta de su dificultad para mirar algunas señales. Es así como hoy me referiré a la columna de María Jimena Duzán en la revista Semana. Debo advertir que comparto las opiniones de Duzán… En un 99%. El 1% restante, el de la conclusión final, es el que paso a rebatir.

Primera parte. Hitler, Uribe & CO: La comparación entre los métodos comunicacionales del furibismo y los del tercer Reich tiene asidero. Más que entre Uribe y Hitler, lo que cabe es una analogía con los principios de propaganda de Goebbels. Entre ellos, es sencillo reconocer los siguientes (lista no extensiva):

Simplificación: Adopta una única idea, un único símbolo, un enemigo único. (Chávez, hace unos años. Ahora que éste falleció, el Castro-comunismo, no importa lo que eso signifique). Contagio: Reune a tus adversarios en una sola categoría (equiparar a Santos con el Castro-comunismo). Transposición: Carga sobre el adversario los propios errores o defectos (el fracaso de la negociación con la guerrilla es única responsabilidad de Santos, como si Uribe no hubiese sido presidente por dos periodos). Inventa mentiras comunicacionales como maniobras de distracción (guardamos las pruebas de nuestras acusaciones; pero no por ello dejes de acusar). Exageración: Convierte cualquier cosa en una amenaza grave (conversar con las FARC equivale a entregar el país a los comunistas). Vulgarización: Adapta tu discurso a los menos inteligentes (el furibismo no solo asume que Usted es imbécil; lo desea, le conviene). Orquestación: Limítate a un número pequeño de mentiras. Repítelas sin cansancio…

En esto concuerdo con Duzán. ¿Suena conocido? Aunque se puede seguir; dejémoslo hasta aquí.

Segunda parte: así paga el diablo. La democracia, desde su fundación por los griegos, ha sido un sistema en el que la veracidad de los argumentos es importante, por no decir crucial. Desde que los seres humanos asumimos que se puede gobernar sin pegar un tiro; discutir sin matarnos ha sido una meta ideal. No en vano el órganon de Aristóteles se divide en dos grandes partes: la primera de lógica deductiva, proposicional, teórica: o cómo de principios verdaderos llegamos a otras proposiciones verdaderas a través del razonamiento. La segunda, de retórica, o lógica práctica, la que se deriva del diálogo con un contrario. O cómo de principios que suponemos verdaderos llegamos a conclusiones que presumimos más o menos ciertas; vale decir, se trata de una clase de razonamiento plausible.

Desde sus inicios, el Marxismo se valió de la dialéctica Hegeliana como una herramienta para atacar a la democracia, no desde sus valores, sino desde su método mismo. Dinamitan la manera de razonar. Apuntan a los interlocutores menos formados, con menos herramientas lógicas para contraargumentar. Desesperan a los demócratas, angustiados por la veracidad de sus argumentos, llenándolos con razonamientos circulares que llegan siempre al mismo punto vacío vacías: la lucha de clases, la imposibilidad de ponerse de acuerdo declarada un axioma (la lucha de clases, para el marxismo, es como el axioma del vacío para la lógica matemática: todo se deriva de él).

Razonan de mala fé, no les importa la veracidad de lo que dicen. Son provocadores de oficio. Nos enseñan que pensar no sirve de nada. Peor aún: pensar es un acto pequeño-burgués (siempre pequeño, siempre con el adjetivo de marras). Pensar es antirrevolocionario.  Los individuos no cuentan. La historia se reacomoda a los dictados del partido único. Los marxistas pasan años trabajando para que los jóvenes, en lugar de pensar, se dejen arrastrar por la pasión revolucionaria. Emplean años en torpedear los cimientos del único sistema político en el que no nos matamos para decidir. Creen que al final del camino, cuando la corona de Francia venga arrastrada por el río, la recogerán ellos.

Y  héte aquí que, entonces, aparece el fascismo. No viene por arte de magia. Surge cuando hemos confundido a nuestra propia población votante de tal modo que el 60% de ella se abstiene de participar o deja de importarle el destino de nuestra sociedad. Surge cuando decidimos suicidarnos colectivamente, como las ballenas que encallan en la playa. El fascismo asoma los colmillos el día que nos cansamos de pensar, nos vence el desánimo, esa desesperanza aprendida que nos han enseñado los Marxistas.

Entonces,  cuando ven en sus narices la amenaza de las deportaciones, los campos de concentración, las ciudades y pueblos enteros de civiles arrasados, la guerra indiscriminada, la persecución de periodistas, la violación de todos los derechos civiles y humanos (especialmente de los suyos propios, que inicialmente no estaban en el plan de ser perdidos); solo entonces los marxistas se levantan a defender el razonamiento lógico: “…el único antídoto para evitar que la ultaderecha se tome el poder es atreverse a pensar”. ¡Pues bien! Bienvenidos aunque tarde. Lástima que ya estemos en Treblinka. Así paga el diablo. Es por eso que, antes de llegar a Auschwitz o a los Gulags, es mejor enfrentar los extremos. Antes de que se tomen el país, hay que detenerlos y comenzar a razonar punto por punto. Pensar es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de otro distinto de Usted mismo. Piense. Desconfíe, incluso de esta columna. Piense por Usted mismo. No importa si se equivoca al principio. No importa si le cuesta. A la larga acertará.

Última parte: Son feos los dos.  “Si Santos no entiende este momento y ejerce un nuevo liderazgo que lo aleje de esos grandes derrotados que hoy es su Unidad Nacional, integrada por el Partido Liberal, Cambio Radical, y lo que le queda de los conservadores, la ultraderecha se va a tomar este país”; dice Duzán.

¿Santos lo está haciendo tan mal? No creo. Para comenzar, todavía aestá en el ruedo, a diferencia de la izquierda, que no se ve por ninguna parte. Despechados, por no haber llegado a la segunda vuelta, no admiten que ellos mismos se han llevado a ese punto, gracias a su forma de hacer política. Todavía no metabolizan el legado de Samuel Moreno o Gustavo Petro. Hay que dejarlos respirar.

En segundo lugar, Santos tiene ahora el deber y la posibilidad de aglutinar alrededor de su proyecto político a todo el que no esté de acuerdo con ningún extremo. Eso ya lo diferencia del furibismo. También de las FARC. Peñaloza también ha enviado señales claras. El discurso de Santos (“Colombia unida por la paz”) recuerda al de Jacques Chirac en la segunda vuelta del 2002, cuando el Front National de Jean Marie Le Pen llegó a la segunda vuelta sobre los hombros de una izquierda dormida en sus laureles.

A la izquierda colombiana habría que recordarle cada vez que sea posible (especialmente durante estas próximas tres semanas) que hay un animal nada agradable que está creciendo de nuevo, y goza de excelente salud. Si siguen así, ese animal se va a comer lo que ellos han trabajado.

No es la primera vez que sucede. Mírense en este espejo: En la vecina Venezuela, ayudados por las propia incapacidad de respuesta de los demócratas (mala atención a los sectores de menos recursos, ineficiencia, clientelismo, corrupción; todas cosas innegables); numerosos grupos económicos y políticos conspiraron, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente, contra las bases del sistema democrático. Dos de ellos ayudaron activamente a crear un estado de ánimo colectivo en el que, antes que cualquier argumento más o menos lógico, estaba la pasión: Primero, había que acabar con los partidos políticos y sustituirlos por una “sociedad civil” aséptica, sin “vínculos políticos”. Este fue el discurso sostenido desde la tarima de las empresas 1BC, especialmente desde el programa “Primer Plano” del canal RCTV dirigido por Marcel Granier; mismo canal que luego fue cerrado abruptamente por Hugo Chávez. Luego, había que hervir a los políticos viejos en aceite; este tipo de expresiones fueron ampliamente difundidas desde el competidor grupo de empresas Cisneros (llegaron más tarde a la carrera política, solo cuando percibieron a sus competidores como un peligro económico) desde el otro canal, Venevisión, con el programa “La silla caliente” de Alfredo Peña, periodista y político que desapareció en acción. Corrió. Huyó. Y no lo pescaron.

Estos grupos económicos tuvieron sus propios proyectos políticos. Se aprovecharon de las ventajas que daba la democracia (libertad de expresión) para atacar al sistema mismo. El primer grupo fue prácticamente reducido a la quiebra. El segundo migró más de 4/5 de sus capitales no más por prevenir. Aunque Venevisión existe aún, el grupo Cisneros ahora opera en otros países. Llegó el chavismo y, como el Barbarazo; “acabó con tó”. Bueno. Cachicamo trabajando pa lapa; decía mi abuela. Estafadores estafados. Una fría crónica de todo lo sucedido se puede hallar en el libro de Marta Rivero; “La rebelión de los náufragos”, cuyo título recuerda (especialmente cuando uno mira las diatribas izquierdofuribistas, o escuálidochavistas) al chiste cruel de los pasajeros discutiendo por el número de un camarote en el Titanic.

Para decirlo más claro: En Venezuela; la derecha conspiró en contra de la democracia durante décadas. Como respuesta; se alzó un fascismo de corte y discurso izquierdistas. En Colombia; la izquierda extrema (FARC) durante décadas ha mantenido en zozobra y penurias a buena parte de la población, especialmente rural, mientras la izquierda “moderada” torpedea, con su discurso y su forma de actuar (Petro), al mismo sistema democrático. Como respuesta, ya una vez se alzó un fascismo de ultra derecha, mismo que ahora amenaza con alzarse de nuevo. Mientras tanto, en el Salón de la Justicia; los izquierdistas deshojan la margarita. Se enfrentan al Dilema del prisionero. ¿Zuloaga o Santos? ¿Santos o Zuloaga? ¿Apoyamos a Santos? ¿Le entregamos el país a los furibistas, de cuyos métodos y escasez de escrúpulos ya sabemos? ¿Me quiere? ¿No me quiere? ¿Ser o no ser? La belleza depende de quien mire. Seguramente; para un izquierdista, Santos y Uribe son feos los dos.

No es la primera vez que sucede. El partido Nazi alemán de 1930, el partido de Mussolini en la Italia de esa misma época, el peronismo argentino, son fascismos tirados a la izquierda. El franquismo español y el pinochetismo chileno son fascismos inclinados a la derecha. ¿Cómo es esto posible? Porque el fascismo es la confusión deliberada de izquierda y derecha bajo el manto de la irracionalidad;  única fuerza que hace posible reconciliar principios tan contradictorios. Si uno no quita del medio la racionalidad, por ejemplo, es imposible convencer a nadie de que una conspiración judeo-masónica-sionista es responsable tanto de la creación del Fondo Monetario y el acuerdo de Bretton-Woods, como del Comunismo internacional (los extremos se tocan, y se acusan mutuamente de lo que más aborrecen). No importa a dónde se inclinen, agudice el olfato, ambas corrientes son fascismos al fin. Llegan al poder si les cedemos los espacios, si dejamos de hacer política, si desprestigiamos no a tal o cual político por sus irresponsabilidades, sino a todo el sistema en conjunto, al único sistema con el que hasta ahora nos hemos logrado poner de acuerdo sin echar un tiro.

¿Es Usted de derecha, cree en el liberalismo económico, la reducción del Estado, la educación y la salud privadas? Hágale; pero inspírese Roosevelt, o al menos recuerde de vez en cuando que Keynes también existe. ¿Es Usted de izquierda, cree en la lucha de clases, la plusvalía, el control de los medios de producción? Hágale, pero acuérdese de Gramsci. Sea lo que sea, no sea Usted antidemocrático, no juegue en contra de todos los demás porque, sin darse cuenta, estará también jugando contra sí mismo. En lo que a mí concierne; yo que me reservo mis inclinaciones políticas (mis amigos cercanos las conocen bien), si me ponen a escoger entre el furibismo y el Castro-comunismo, me quedo con Santos (con todo respeto, qué pena con Usted y demás coletillas que quiera incluir). Recuerde a Winston, aquel triste personaje de la novela 1894 de G. Orwell. O mejor aún; recuerde al Sr. O’Brien. Pregúntese Usted mismo:

¿Cuánto son 2+2?

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4 thoughts on “2+2=4

  1. Pingback: El espejo donde mirarnos. | avn va - עולם

    1. Gabriel Padilla Post author

      Fé de errata: por ejemplo, donde antes decía “…el día que nos cansamos de no pensar…” (citada en tu blog), debía decir “…el día que nos cansamos de pensar…”. Ups.

      Reply

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