Monthly Archives: May 2014

2+2=4

Ante el resultado de la primera vuelta de las presidenciales en Colombia, he visto por una parte, no poco triunfalismo adelantado en las filas del candidato que obtuvo la mayor votación. Y por otra, especialmente de parte de la izquierda, un alarmismo que da cuenta de su dificultad para mirar algunas señales. Es así como hoy me referiré a la columna de María Jimena Duzán en la revista Semana. Debo advertir que comparto las opiniones de Duzán… En un 99%. El 1% restante, el de la conclusión final, es el que paso a rebatir.

Primera parte. Hitler, Uribe & CO: La comparación entre los métodos comunicacionales del furibismo y los del tercer Reich tiene asidero. Más que entre Uribe y Hitler, lo que cabe es una analogía con los principios de propaganda de Goebbels. Entre ellos, es sencillo reconocer los siguientes (lista no extensiva):

Simplificación: Adopta una única idea, un único símbolo, un enemigo único. (Chávez, hace unos años. Ahora que éste falleció, el Castro-comunismo, no importa lo que eso signifique). Contagio: Reune a tus adversarios en una sola categoría (equiparar a Santos con el Castro-comunismo). Transposición: Carga sobre el adversario los propios errores o defectos (el fracaso de la negociación con la guerrilla es única responsabilidad de Santos, como si Uribe no hubiese sido presidente por dos periodos). Inventa mentiras comunicacionales como maniobras de distracción (guardamos las pruebas de nuestras acusaciones; pero no por ello dejes de acusar). Exageración: Convierte cualquier cosa en una amenaza grave (conversar con las FARC equivale a entregar el país a los comunistas). Vulgarización: Adapta tu discurso a los menos inteligentes (el furibismo no solo asume que Usted es imbécil; lo desea, le conviene). Orquestación: Limítate a un número pequeño de mentiras. Repítelas sin cansancio…

En esto concuerdo con Duzán. ¿Suena conocido? Aunque se puede seguir; dejémoslo hasta aquí.

Segunda parte: así paga el diablo. La democracia, desde su fundación por los griegos, ha sido un sistema en el que la veracidad de los argumentos es importante, por no decir crucial. Desde que los seres humanos asumimos que se puede gobernar sin pegar un tiro; discutir sin matarnos ha sido una meta ideal. No en vano el órganon de Aristóteles se divide en dos grandes partes: la primera de lógica deductiva, proposicional, teórica: o cómo de principios verdaderos llegamos a otras proposiciones verdaderas a través del razonamiento. La segunda, de retórica, o lógica práctica, la que se deriva del diálogo con un contrario. O cómo de principios que suponemos verdaderos llegamos a conclusiones que presumimos más o menos ciertas; vale decir, se trata de una clase de razonamiento plausible.

Desde sus inicios, el Marxismo se valió de la dialéctica Hegeliana como una herramienta para atacar a la democracia, no desde sus valores, sino desde su método mismo. Dinamitan la manera de razonar. Apuntan a los interlocutores menos formados, con menos herramientas lógicas para contraargumentar. Desesperan a los demócratas, angustiados por la veracidad de sus argumentos, llenándolos con razonamientos circulares que llegan siempre al mismo punto vacío vacías: la lucha de clases, la imposibilidad de ponerse de acuerdo declarada un axioma (la lucha de clases, para el marxismo, es como el axioma del vacío para la lógica matemática: todo se deriva de él).

Razonan de mala fé, no les importa la veracidad de lo que dicen. Son provocadores de oficio. Nos enseñan que pensar no sirve de nada. Peor aún: pensar es un acto pequeño-burgués (siempre pequeño, siempre con el adjetivo de marras). Pensar es antirrevolocionario.  Los individuos no cuentan. La historia se reacomoda a los dictados del partido único. Los marxistas pasan años trabajando para que los jóvenes, en lugar de pensar, se dejen arrastrar por la pasión revolucionaria. Emplean años en torpedear los cimientos del único sistema político en el que no nos matamos para decidir. Creen que al final del camino, cuando la corona de Francia venga arrastrada por el río, la recogerán ellos.

Y  héte aquí que, entonces, aparece el fascismo. No viene por arte de magia. Surge cuando hemos confundido a nuestra propia población votante de tal modo que el 60% de ella se abstiene de participar o deja de importarle el destino de nuestra sociedad. Surge cuando decidimos suicidarnos colectivamente, como las ballenas que encallan en la playa. El fascismo asoma los colmillos el día que nos cansamos de pensar, nos vence el desánimo, esa desesperanza aprendida que nos han enseñado los Marxistas.

Entonces,  cuando ven en sus narices la amenaza de las deportaciones, los campos de concentración, las ciudades y pueblos enteros de civiles arrasados, la guerra indiscriminada, la persecución de periodistas, la violación de todos los derechos civiles y humanos (especialmente de los suyos propios, que inicialmente no estaban en el plan de ser perdidos); solo entonces los marxistas se levantan a defender el razonamiento lógico: “…el único antídoto para evitar que la ultaderecha se tome el poder es atreverse a pensar”. ¡Pues bien! Bienvenidos aunque tarde. Lástima que ya estemos en Treblinka. Así paga el diablo. Es por eso que, antes de llegar a Auschwitz o a los Gulags, es mejor enfrentar los extremos. Antes de que se tomen el país, hay que detenerlos y comenzar a razonar punto por punto. Pensar es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de otro distinto de Usted mismo. Piense. Desconfíe, incluso de esta columna. Piense por Usted mismo. No importa si se equivoca al principio. No importa si le cuesta. A la larga acertará.

Última parte: Son feos los dos.  “Si Santos no entiende este momento y ejerce un nuevo liderazgo que lo aleje de esos grandes derrotados que hoy es su Unidad Nacional, integrada por el Partido Liberal, Cambio Radical, y lo que le queda de los conservadores, la ultraderecha se va a tomar este país”; dice Duzán.

¿Santos lo está haciendo tan mal? No creo. Para comenzar, todavía aestá en el ruedo, a diferencia de la izquierda, que no se ve por ninguna parte. Despechados, por no haber llegado a la segunda vuelta, no admiten que ellos mismos se han llevado a ese punto, gracias a su forma de hacer política. Todavía no metabolizan el legado de Samuel Moreno o Gustavo Petro. Hay que dejarlos respirar.

En segundo lugar, Santos tiene ahora el deber y la posibilidad de aglutinar alrededor de su proyecto político a todo el que no esté de acuerdo con ningún extremo. Eso ya lo diferencia del furibismo. También de las FARC. Peñaloza también ha enviado señales claras. El discurso de Santos (“Colombia unida por la paz”) recuerda al de Jacques Chirac en la segunda vuelta del 2002, cuando el Front National de Jean Marie Le Pen llegó a la segunda vuelta sobre los hombros de una izquierda dormida en sus laureles.

A la izquierda colombiana habría que recordarle cada vez que sea posible (especialmente durante estas próximas tres semanas) que hay un animal nada agradable que está creciendo de nuevo, y goza de excelente salud. Si siguen así, ese animal se va a comer lo que ellos han trabajado.

No es la primera vez que sucede. Mírense en este espejo: En la vecina Venezuela, ayudados por las propia incapacidad de respuesta de los demócratas (mala atención a los sectores de menos recursos, ineficiencia, clientelismo, corrupción; todas cosas innegables); numerosos grupos económicos y políticos conspiraron, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente, contra las bases del sistema democrático. Dos de ellos ayudaron activamente a crear un estado de ánimo colectivo en el que, antes que cualquier argumento más o menos lógico, estaba la pasión: Primero, había que acabar con los partidos políticos y sustituirlos por una “sociedad civil” aséptica, sin “vínculos políticos”. Este fue el discurso sostenido desde la tarima de las empresas 1BC, especialmente desde el programa “Primer Plano” del canal RCTV dirigido por Marcel Granier; mismo canal que luego fue cerrado abruptamente por Hugo Chávez. Luego, había que hervir a los políticos viejos en aceite; este tipo de expresiones fueron ampliamente difundidas desde el competidor grupo de empresas Cisneros (llegaron más tarde a la carrera política, solo cuando percibieron a sus competidores como un peligro económico) desde el otro canal, Venevisión, con el programa “La silla caliente” de Alfredo Peña, periodista y político que desapareció en acción. Corrió. Huyó. Y no lo pescaron.

Estos grupos económicos tuvieron sus propios proyectos políticos. Se aprovecharon de las ventajas que daba la democracia (libertad de expresión) para atacar al sistema mismo. El primer grupo fue prácticamente reducido a la quiebra. El segundo migró más de 4/5 de sus capitales no más por prevenir. Aunque Venevisión existe aún, el grupo Cisneros ahora opera en otros países. Llegó el chavismo y, como el Barbarazo; “acabó con tó”. Bueno. Cachicamo trabajando pa lapa; decía mi abuela. Estafadores estafados. Una fría crónica de todo lo sucedido se puede hallar en el libro de Marta Rivero; “La rebelión de los náufragos”, cuyo título recuerda (especialmente cuando uno mira las diatribas izquierdofuribistas, o escuálidochavistas) al chiste cruel de los pasajeros discutiendo por el número de un camarote en el Titanic.

Para decirlo más claro: En Venezuela; la derecha conspiró en contra de la democracia durante décadas. Como respuesta; se alzó un fascismo de corte y discurso izquierdistas. En Colombia; la izquierda extrema (FARC) durante décadas ha mantenido en zozobra y penurias a buena parte de la población, especialmente rural, mientras la izquierda “moderada” torpedea, con su discurso y su forma de actuar (Petro), al mismo sistema democrático. Como respuesta, ya una vez se alzó un fascismo de ultra derecha, mismo que ahora amenaza con alzarse de nuevo. Mientras tanto, en el Salón de la Justicia; los izquierdistas deshojan la margarita. Se enfrentan al Dilema del prisionero. ¿Zuloaga o Santos? ¿Santos o Zuloaga? ¿Apoyamos a Santos? ¿Le entregamos el país a los furibistas, de cuyos métodos y escasez de escrúpulos ya sabemos? ¿Me quiere? ¿No me quiere? ¿Ser o no ser? La belleza depende de quien mire. Seguramente; para un izquierdista, Santos y Uribe son feos los dos.

No es la primera vez que sucede. El partido Nazi alemán de 1930, el partido de Mussolini en la Italia de esa misma época, el peronismo argentino, son fascismos tirados a la izquierda. El franquismo español y el pinochetismo chileno son fascismos inclinados a la derecha. ¿Cómo es esto posible? Porque el fascismo es la confusión deliberada de izquierda y derecha bajo el manto de la irracionalidad;  única fuerza que hace posible reconciliar principios tan contradictorios. Si uno no quita del medio la racionalidad, por ejemplo, es imposible convencer a nadie de que una conspiración judeo-masónica-sionista es responsable tanto de la creación del Fondo Monetario y el acuerdo de Bretton-Woods, como del Comunismo internacional (los extremos se tocan, y se acusan mutuamente de lo que más aborrecen). No importa a dónde se inclinen, agudice el olfato, ambas corrientes son fascismos al fin. Llegan al poder si les cedemos los espacios, si dejamos de hacer política, si desprestigiamos no a tal o cual político por sus irresponsabilidades, sino a todo el sistema en conjunto, al único sistema con el que hasta ahora nos hemos logrado poner de acuerdo sin echar un tiro.

¿Es Usted de derecha, cree en el liberalismo económico, la reducción del Estado, la educación y la salud privadas? Hágale; pero inspírese Roosevelt, o al menos recuerde de vez en cuando que Keynes también existe. ¿Es Usted de izquierda, cree en la lucha de clases, la plusvalía, el control de los medios de producción? Hágale, pero acuérdese de Gramsci. Sea lo que sea, no sea Usted antidemocrático, no juegue en contra de todos los demás porque, sin darse cuenta, estará también jugando contra sí mismo. En lo que a mí concierne; yo que me reservo mis inclinaciones políticas (mis amigos cercanos las conocen bien), si me ponen a escoger entre el furibismo y el Castro-comunismo, me quedo con Santos (con todo respeto, qué pena con Usted y demás coletillas que quiera incluir). Recuerde a Winston, aquel triste personaje de la novela 1894 de G. Orwell. O mejor aún; recuerde al Sr. O’Brien. Pregúntese Usted mismo:

¿Cuánto son 2+2?

El exilio es la vida

Gabriel Padilla

Para R. y T. con cariño.

Ellos vienen de Cuba. Él cuenta cómo ha vivido su familia en los últimos treinta años, desde la caída del bloque soviético. Recuerda todo lo que uno normalmente olvida de la vida diaria de los cubanos. Cuenta cómo han tenido que sobrevivir en un estado de miseria forzada. Me resulta casi imposible transmitirles mi propia preocupación por Venezuela: la inseguridad, la escasez, la persecución, el amedrentamiento policial; todo eso ellos llevan décadas viviéndolo. Hablarles de eso es solo un insulto o, cuando menos, una falta de delicadeza. Los venezolanos pasamos de la bonanza petrolera y el “tá barato dame dos”, a traicionar a la familia por mendrugos de pan o por dólares, es lo mismo. ¿Qué es una raya más pa un tigre? Los cubanos nunca llegaron al bienestar enconómico. En una verdadera revolución; el paraíso, el hombre nuevo, el reino de los…

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Cadáveres de trigo

Leyendo la nota “Ultracongelar” de AVN acabo de recordar unos amigos vegetarianos que en cierta época (bueno, cuando yo también era vegetariano, ya lo admití) hablaban de los cadáveres que los carnívoros guardan en el congelador. Quizás, y desde entonces, aunque he vuelto a comer carne, trato por todos los medios de no guardarla en la nevera. De hecho, sigo pensando que la mejor es la carne al estilo a la bogotano: viva y ofreciendo resistencia, aunque no demasiada, como la caperucita. En fin; que volviendo al tema de los cadáveres ultracongelados por quién sabe cuánto tiempo en el congelador, la nota de AVN me hizo recordar a esos panas. La panadería en cuestión sería, en estricto sentido, una película de terror para cualquier vegetariano serio. Digo, se trata de un pan-frankenstein, conste que no digo drácula para no inmiscuir de nuevo la sangre en el asunto. Lo ultracongelan, y luego imagino que lo torturan con electricidad y calor extremo para revivirlo. O sea poltergeist. O sea Max Von Sidow tocando a la puerta de mi casa. “Who is it?…” De pana que yo paso del umbral…

De Peter Parker a Bob Marley

Aprovechando el juego de palabras tan aguda y sonreídamente esbozado por Carlos Márquez, se me ocurrió que, aunque lo femenino se desconstruye sobre una falta (y se persigue dentro de una falda), de pronto la vaina es al revés. De pronto lo negativo es lo masculino. De pronto la falta está de este lado de la cancha; en la cara oculta de aquel cuadro de bifrontismo que siempre da una faz, lo masculino, en el “no woman”. Los chicos no lloran, decía Miguel Bosé. “No woman, no cry”, decía Bob Marley. Piensa al revés y acertarás, al menos en lo que a la perversión toca…

Luego sucedió la realidad, como siempre. La primavera agita sus penachos, decía un poeta.

Viendo la segunda entrega del Hombre Araña se me ocurrió entonces que lo de “No woman, no cry”, también tiene que ver con el dilema del súper héroe. Dicen que el esquema básico de cualquier película de Hollywood es “boy meets girl – boy looses girl – boy recovers girl“. Hice pasar el esquema por todos los súper-héroes que conozco y, de pronto, se iluminó ante mi la súper-falta que aqueja a aquellos que adolecen de un súper-súper-yo. Bruce Wayne (Bruno Díaz) escoge ser el caballero de la noche (lo cual a mí me suena majomenoj como a tacones no tan lejanos); Superman renuncia a Loise Lane, Wolverine pierde prematuramente al amor que lo marca. Ni hablar del llanero solitario. Y Peter Parker se debate entre llevar a la jeva al cine o combatir el mal.

El resumen de cualquier película de súper héroes es este: O salvas el mundo o tienes novia. Casi habría dicho que es el dilema del súper-héroe. Pero no. Es el dilema de todo el que tiene jeva. O salvas el mundo, o tienes jeva. Si no la quieres perder, deja de andar salvándola. De pana que Popeye estaba en algo: mientras Olivia de desgañitaba, él se iba de bar en bar a atracarse de hamburguesas con Pilón. Por eso Popeye tenía novia. En cambio, Rick Blaine (Humphrey Borgart) está fucking lost, la jeva (Isa Lund – Ingrid Bergman) lo tiene loco. Y él empeñado en salvarla, uno nunca entiende de qué, la pierde. Y esa película es la falta de las faltas, toda ella falta. Le falta hasta el final.

Y al final, uno que no siempre ve la vaina, o la ve y se le olvida, o hace como que no la ve pero no se le olvida, puede terminar con la capa y los interiores por fuera, literalmente volando a salvar a la jeva que nunca te ha pedido, ni ha necesitado de ningún modo, que la salves. Deja que la pana resuelva sola de vez en cuando. Deja que “no man” combata el mal cuando y cuando le toque; por lo demás, no combatas tú el mal todo el tiempo. Déjala bailar. Ella puede.

Pensando en eso, esta nota, inicialmente, tuvo varios nombres tentativos. Primero estuvo a punto de llamarse, como la canción de Bob Marley, “No woman, no cry”. Luego iba a titularla “I am no super-man”. Desistí. No iba a quedar tan bien. Tampoco se trata de una súper-nota. No como el artículo de Carlos Márquez, “I am no man”; que sí es un súper artículo. O, cuando menos, está súper. Me crean o no, léanlo.