¿A dónde pertenezco?

¿Qué se yo de perdonar? Nada. Absolutamente nada. Podría comenzar por lo que no es: sé que no es lo mismo que olvidar. Que cuando lo concedes, aunque el otro no lo sepa, te liberas tú  (y en menor medida liberas al otro). Que a veces hay a quien le agrada sentirse perdonavidas. Que en ocasiones es mejor el silencio de las piedras. Que a veces es preferible el odio de unos al perdón de otros. Que no se puede uno pasar toda la vida pidiéndolo: nadie merece tanta devoción.

¿Qué se yo de pertenercer? Nada. Absolutamente nada. Quizás deba comenzar por todo lo contrario. Das sein. Soy aquí y ahora. No ayer o antes de ayer. No mañana. No pertenezco a nada ni a nadie. No tengo lugar donde recostar la cabeza. El hogar, la casa, el matrimonio, la pareja, la familia, los hijos, el trabajo, los amigos: todo se desvanece en un abrir y cerrar de ojos. No sé qué es la seguridad. Tampoco me interesa. Pertenezco a la calle. Soy un perro callejero. No cuento con nadie. No debo nada a nadie. La calle es mi vocación. El exilio es mi territorio y mi religión y mi patria. El silencio, mi libertad.

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