Monthly Archives: February 2014

¿A dónde pertenezco?

¿Qué se yo de perdonar? Nada. Absolutamente nada. Podría comenzar por lo que no es: sé que no es lo mismo que olvidar. Que cuando lo concedes, aunque el otro no lo sepa, te liberas tú  (y en menor medida liberas al otro). Que a veces hay a quien le agrada sentirse perdonavidas. Que en ocasiones es mejor el silencio de las piedras. Que a veces es preferible el odio de unos al perdón de otros. Que no se puede uno pasar toda la vida pidiéndolo: nadie merece tanta devoción.

¿Qué se yo de pertenercer? Nada. Absolutamente nada. Quizás deba comenzar por todo lo contrario. Das sein. Soy aquí y ahora. No ayer o antes de ayer. No mañana. No pertenezco a nada ni a nadie. No tengo lugar donde recostar la cabeza. El hogar, la casa, el matrimonio, la pareja, la familia, los hijos, el trabajo, los amigos: todo se desvanece en un abrir y cerrar de ojos. No sé qué es la seguridad. Tampoco me interesa. Pertenezco a la calle. Soy un perro callejero. No cuento con nadie. No debo nada a nadie. La calle es mi vocación. El exilio es mi territorio y mi religión y mi patria. El silencio, mi libertad.

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Leer y releer

Lo que sigue viene a cuento por un reciente post de Andrés. Hay libros que uno busca, y hay libros que lo buscan a uno. Esos que te llaman desde el fondo de la estantería, justo cuando estabas allí para comprar otra cosa que nada tenía que ver, agazapados, camuflados entre otros libros amigos que los ocultas. Y ¡zas! Saltan y te atacan a traición. Te los tienes que llevar puestos (nada de bolsas o empaques). Pagas con urgencia. Los abres de inmediato, con fruición, con glotonería, con lujuria. Te los comienzas a leer desde la misma cola de la caja y entras al transmilenio, o al metro o al tren, y si no te roban la cartera es porque los dioses protegen a quienes leen. Hay libros que se dejan leer y libros que no se dejan; al menos no a la primera o a la segunda, sino después de varios años. Hay libros que reclaman una segunda lectura, o una tercera, o una cuarta. Y aún más, hay libros que uno lee una y otra vez, mientras te pasan los días y las noches por el frente y te haces más viejo y las camisas se gastan y la ropa se destiñe y los hijos crecen y la hierba se marchita. Esos últimos son los que, finalmente, le cambian a uno la vida. Borges, por ejemplo, amaba hacerse envidiar más por los libros que había leído que por aquellos que había escrito.

ENCUESTA

(privada:  hágala Usted para sí mismo. Si le divierte, hágala de nuevo con películas de cine, obras musicales… etc).

1. Mencione de 5 a 10 libros que haya leído más de una vez.

2. De ellos, ¿cuáles ha leído más de 3 veces?

3. ¿De cuáles ha perdido la cuenta de las veces que los ha leído, o los sigue releyendo cada cierto tiempo?

No más por compartir, les comentaré mi respuesta a la #3:  No pondré las veces que los he releído. El orden en que están escritos no tiene (deliberadamente) nada que ver con ello.

Cien años de soledad; Gabriel García Márquez.

El príncipe; Maquiavelo.

Réflexions sur la question juive; J.P. Sartre.

Así hablaba Zaratustra; Nietzsche.

Leaves of grass; Walt Whitman.

La Toráh, comentada por Rashi.

El error de Descartes; de Antonio Damasio.