Monthly Archives: January 2014

Una propuesta para recuperar la memoria

Hagamos un portal de internet para conmemorar a las personas que han fallecido violentamente en Venezuela. Una anuario memorial. Se puede elegir una fecha simbólica para comenzar el registro )(por ejemplo el 27 de Febrero de 1998) aunque ello no es restrictivo. Un registro en el que aparezca el nombre, una fotografía y una breve reseña biográfica de cada víctima; donde esas personas recuperen ante nosotros aquello que han perdido en todos estos años. Un sitio que nos recuerde que no eran cifras estadísticas sino seres humanos, personas concretas con una vida, con alegrías y vicisitudes, amor y equivocaciones, errores y absurdos. Un registro de todas las víctimas, nacionales y extranjeras, conocidas y anónimas, militares y civiles. Una lista para reencontrar a quienes hemos perdido en el transcurso de nuestros propios errores. También para reencontrarnos. Un ejercicio para reflexionar sobre lo que todavía estamos haciendo, sobre las consecuencias que podría tener para todos nosotros no corregir nuestro rumbo. Todos podemos contribuir. Todos podemos aportar el nombre, la identidad, y especialmente la historia de la persona que hemos perdido. Estoy seguro de que hay mucha gente que podría ayudar a construir un sitio así. Hay organizaciones (como COFAVIC) que podrían hacer una enorme contribución a este ejercicio de memoria. Sumemos esfuerzos. Si estás de acuerdo difúndelo, compártelo, dale RT, háblalo con cuantos puedas. Recordemos para aprender a perdonar, para sacudir nuestra indiferencia, para no desensibilizarnos del todo.  Recordemos para no repetir. Recordemos para cambiar.

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Regreso a Caraquistán (II)

Esta nota es una secuela de otro artículo, Regreso a Caraquistán, escrito en Marzo de este mismo año.

Martes 17/12/2013: El vuelo Bogotá-Cúcuta sale temprano. Llego al aeropuerto a las 4am, hace un frío pelaperros. Cargo lo imprescindible y, en un talego aparte, el botín que toda la familia me ha pedido: Leche condensada y café. Llego a Cúcuta sin novedad. Cambio el poco dinero que llevo. Tasa implícita en la frontera: 1USD = 72 bolos. En la oficina del DAS colocan en mi pasaporte el sello  de salida, hay una bastante gente. Rumor: esperan un cierre de frontera en los próximos días a causa de la devaluación que está cantada. Atravieso el puente a pié. La cola de vehículos es larga; comienza varias cuadras antes de la oficina del DAS y termina en la taquilla del SAIME, en San Antonio. uena decisión la de caminar.

La taquilla del SAIME está cerrada. En  un letrero se distingue: “Para sellar pasaportes ir a la oficina después del semáforo 4 cuadras a la derecha”. Un rato después colocan en mi pasaporte el sello de entrada. Son las 9am. Si quiero conseguir sitio en el vuelo de las 4pm a Caracas, debo estar a mediodía en Santo Domingo. Decido ir en taxi. El taxista me toma por colombiano. ¿He perdido el acento? No creo. Me pide que le pague en pesos. Accedo. Nos transamos en 40.000. El trayecto es largo. Al principio el no hablamos. Cuando descubre que soy venezolano, me mira curioso. Pregunto cómo es la vida en San Antonio. Contesta que la vida en la frontera es siempre más difícil. Reconoce que hay seguridad, hace unos años atracaban a cualquiera y ahora no. La cosa está controlada “por los paramilitares”. No le entiendo. ¿De Colombia? “No, de aquí mismo”. Me deja preplejo. Cuenta que tiene dos hijas, ambas viven en el España. También tiene un sobrino que acaba de graduarse de ingeniero industrial; ya quiere irse. “Si todos se van, ¿quién va a pelear por este país?”. Llego a Santo Domingo a la 1pm. Leo un menú y me espanto. No tengo idea de cuánto cuesta nada. Logro confirmarme en el vuelo de las 4, que finalmente sale a las 5:30. Llego a Maiquetía a las 7pm.

En la avenida Sucre hay un mural gigante de Maduro conversando con Chávez, que parece a la anunciación de Giotto. Sigo mi camino. Llego a Agua Salud. Toco el timbre. Alzo el talego de contrabando. Soy bienvenido.

Miércoles 18/12/2013: Unos amigos nos invitan a bailar en un sitio cercano al Cine Prensa, sobre la Andrés Bello. Parece un buen plan. Sugiero que  vayamos en autobús. Todo el mundo me lo desaconseja. Me cuentan historias de atracos cada vez más increíbles. Al final nos quedamos en casa. La ciudad me intimida.

Jueves 19/12/2013: Debo hacer una diligencia. Bajo por la Sucre y tomo la Bolívar. En los túneles de El Silencio una cola inexplicable: de un vistazo reviso los seguros de las puertas del carro. Al salir a la luz, una manifestación bloquea la avenida. Una mujer de la policía antimotines golpea a otra mujer de civil. No se ve nada. El tráfico vuelve a circular. Paso el punto de la concentración. ¿Sobrevivo?

Lunes 23/12/2013: Como me he rehúso a cocinar hallacas, me toca buscar los ingredientes. Voy a Quinta Crespo, lugar donde el tiempo se congela. Un par de cuadras antes de llegar ya se ve el tropel de gente. Especies, tinturas, telas, juguetes, pabilo, aceitunas, carne, salas, arroz chino, perfumes, vegetales, legumbres, uvas pasas, frutas, hojas de hallacas, pociones para brujerías, mentol, y hasta un morrocoy. Lo único que no se ve es la harina PAN. Mientras “preparan” la gallina hago el resto de las compras. En el matadero las gallinas parecen palomas, son demasiado pequeñas, no pasan de “jicoteas”. Soy feliz con toda la gente, la mugre, el humo, los olores totalmente mezclados que patean, empalagan, repugnan, abren el apetito; como decía el poeta: todo mezclado, todo mezclado. Me siento en cualquier Shuk del norte de África. Estoy en cualquier parte del mundo, y en todas a la vez.

Martes 24 y Miércoles 25/12/2013:

6pm: Comienza el escándalo de la música de los vecinos. ¿Hasta qué hora esta vez? Es el mayor problema de este vecindario. Para que te escuchen dentro de tu casa tienes que gritar.

11pm: Niños jugando todo el día. Cena de navidad. Hallacas. No puedo comer sin pensar en Franklin Brito.

1am: Todos duermen como troncos. Los envidio. Mi cuñado y yo no podemos. Conversamos dando tiempo a que se acabe el ruido.

3am: La situación es ridícula, indescriptible. Los decibeles son tan insoportables como el repertorio.  No sé cuál es peor.

4am: Cada vecino tiene un equipo de cornetas más potente que el de al lado. Es una locura.

5am: Lo peor de todo es el imbécil que monta el equipo en el carro y lo saca al medio de la calle. Ahora está justo en la puerta de la casa. Los bajos de las cornetas hacen vibrar las ventanas interiores. Volvimos a la salsa: “Voy a reír, voy a bailar…”.  ¿Iré a dormir?

6:46am: Mientras me preparo una infusión de jengibre para la tos, acaban de apagar la música. Dos mujeres, totalmente borrachas, patean latas contra las aceras. El silencio ya parece definitivo. Me pregunto si mi cuñado tendrá un par de cornetas de 500 vatios para poner la Consagración de la Primavera. Un poco de Stravinsky no le hace daño a nadie. En esto de aturdir a los demás con “mi” música, se condensa este país.  Es una nueva versión del dilema del prisionero. En el juego clásico, la fuerza que los hace confesar es la envidia.  En esta variante la clave es el resentimiento. No me importa lo que suceda conmigo, mi recompensa es que vayas a la carcel (también). Lo importante no es que yo no duerma, sino que tú tampoco duermes. Aquí nadie duerme. Aquí nos jodemos todos, carajo.

Jueves 26/12/2013: Una pareja de amigos lleva más de un año pensando en irse. Me cuentan sus motivos. Las historias sobre el desabastecimiento y las colas en Venezuela son una letanía. Hace un año desde que perdieron el carro en un choque. La aseguradora pagó tarde, cuando la inflación se había comido todo. Los concesionarios “no hacen negocios con particulares”; es el eufemismo para decir que solo compran vehículos los militares o enchufados del régimen. Si quieres uno, te anotas en una lista clandestina (léase ilegal). El puesto en la lista cuesta casi lo mismo que el carro. Quien logra comprar un carro nuevo es, por muchos motivos, sospechoso. La harina PAN no se consigue en ninguna parte. El año pasado costaba 5 bolos el paquete. Este año, en Octubre, estaba en 11 bolos. Cuando se corre el rumor de que llegó harina PAN a algún comercio, los buhoneros hacen cola desde la madrugada. Se llevan a toda su familia (es limitado el número de paquetes que puedes comprar). Así la acaparan. Luego la revenden a 20. Cuando pasas por una esquina, si un buhonero te susurra al oído “chamo, tengo harina PAN”, cómprale: No sabes cuándo consigas de nuevo. La venden clandestina porque ahora también a ellos los saquean.

La inseguridad no se queda atrás. En las salas de cine de un centro comercial sifrino pusieron hace poco detectores de metales.

Viernes 27/12/2013 Por fin un día de playa. Salimos sin inconvenientes, todo un milagro. La vía está libre, la autopista en buen estado. Paramos en Higuerote para desayunar. No hay discusión posible, solo un festín de empanadas. Pido una de cazón. Luego una de guacucos. Esta vez cargo la cámara. Tomo fotos. Al fin puedo explicar por qué cuando muerdes esa vaina tienes una epifanía.

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Nótese cómo la cubierta de masa se divide en dos: esa delgada capa de harina frita, crocante, que se separa, producto de añadir un poco de azúcar y harina de trigo a la mezcla de masa de maíz, antes de freír.

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Estas son de cazón: El relleno es únicamente guiso de pescado; no lleva ni arroz, ni papa: no hace falta rendirlo al máximo: sales a pescar otra vez, y traes otro cazón.

Llegamos a Francisquito.

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Es temprano. La playa está fría. El día transcurre. El calor nos invade.

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Viviendo en la montaña mágica de Bogotá me siento como un personaje de Thomas Mann, o caso como Gabi, Fofó y Miliki.  “¡El mar, idiota, el mar!”. Sí. El mar. La arena. El pescado frito. Y el sol, por fin el sol. Hay algo que falta; todavía no sé qué es.

Sábado 28/12/2013 Reunión de trabajo que deviene en parrilla con trago y dominó. Mi compadre habla del episodio de Daka, sobre el cual ya había escrito otro artículo, recordando la Kristallnach. Cuenta que, al principio de los saqueos, algunas personas indignadas detuvieron a uno de los saqueadores que salía de Daka con un televisor de plasma, se lo quitaron y lo reventaron contra el pavimento. Dice que ha tomado la decisión de irse. Creo que habla en serio. Tercera persona que me habla de emigrar en menos de dos semanas. ¿Cuántos terminarán del otro lado? Saboreo una cerveza y me acuerdo de mi abuelo. Emigrar es como tener hijos, deseo no empreña.

Lunes 30/12/2013 Joly debe hacer las diligencias de CADIVI para obtener el cupo de dólares preferenciales.  Trámites sin sentido (¿una copia del boleto aéreo sellado por la aerolínea?). Entre carreras, pasamos horas entre entre dos centros comerciales. El primero es el Plaza las Américas, está irreconocible; ahora es un anexo de un inmenso mall al que va frecuentemente una parte de la nueva boliburguesía que se ha mudado a las urbanizaciones cercanas. Otro eufemismo caraqueño: si hablamos de “barrio”  es para referirnos a las favelas; Los vecindarios de “gente bien” se llaman “urbanizaciones”. La “Melodía de arrabal” en Caracas no se entiende.  El nuevo Mall tiene aspecto de templo religioso. El otro centro comercial es el CCCT, su arquitectura de los años 60 lo hace ver amplio, aunque algo viejo. No todas las escaleras mecánicas sirven. Es un centro comercial de “escuálidos”. A mediodía hacemos una parada para comer. En los centros comerciales resulta impagable. Vamos al Real Past.

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Se trata de un sitio maravilloso, de esos que pocas veces se repiten en la vida. Pasta casera vendida para comer en el sitio o por peso, para llevar. Salsas honestas  y sazón sencilla. Precios abordables. La máquina de hacer pastas…

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y la pasta para llevar. Raviolis de carne en salsa napolitana, tortelones de ricotta al , pasticho (lasagna); y una jarra de té frío para compartir. El Real Past ha resistido los embates de nuestra idiotez. Antes de salir, le pido a uno de los propietarios que me permita tomarme una foto con él y Rafa, para guardarla en mis recuerdos. Es un motivo de alegría.

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Me paso la tarde comparando el salario de un profesor universitario. Tengo dos fuentes, la Asociación de Profesores de la Universidad Centrooccidental y el blog del profesor de Félix Marín, de la Escuela de Física de la UCV. Salario básico de un profesor universitario instructor (principiante) 6.283BF. Almuerzo en el Real Past (mejor que un corrientazo, sin ser un almuerzo de lujo) 375BsF, es decir, 5.9% de un salario. Un par de sandalias de marca en el CCCT 1.118BsF, 17.8%. Un juego nuevo de Play Station, 5.490BF, 87.3%.

Debo comprar un cuaderno. Por la cercanía, alguien sugiere ir a Compu-Mall.

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Es una tienda de artículos de oficina de las mejor surtidas de Caracas. Cuando se buscaban cosas específicas ir a Compu-Mall significaba ahorrar tiempo, comodidad por la cual vendían más caro que otras tiendas del ramo. El negocio era propiedad de un comerciante judío de la familia Kamhazi, a quien en otro tiempo conocí por azar. En la entrada de la tienda se consigue un cartel del seniat que marca al negocio: “EN MORA por incurrir en ilícito formal tributario. Evite ser sancionado”. Como todas las agresiones del Estado Venezolano, esta también termina con una maravillosa frase de doblepensar: “Con su aporte sembramos valores para la vida”. Nada más cruzar el portal de la tienda, lo primero que noto es el espacio en el que ya no está la Mezuzá. Tengo un vacío en la boca.  Dentro de la tienda, mi mal presentimiento cobra fuerza. Los artículos no tienen etiquetas, o las que tienen son a precios muy viejos y absurdamente bajos para lo que cuestan en verdad. Subimos al tercer piso, a la sección de electrónicos. Se abre el ascensor y conseguimos anaqueles vacíos. Es mi cuñado quien me explica que los comercios fueron sometidos al acoso del gobierno. Para combatir la inflación, al gobierno no se le ocurre nada mejor que obligar a los comerciantes a bajar los precios a punta de fusil. Nadie acata las medidas del gobierno, entonces escogen “al azar” a un chivo expiatorio. Saquean el local y reparten el botín: lo de Daka es un episodio de esta película. En la caja se ve un letrero que anuncia “…en relación a los reintegros por la diferencie de precios entre los que había y los que ahora están vigentes, les participamos que tan pronto se publique la normativa relacionada con los mismos, será acatada de inmediato“. Llévense lo que quieran, la tienda no va a discutir por el precio.

Para curarse en salud, los fiscales hicieron la misma pantomima en un negocio del cual es propietaria la titular del Ministerio del Trabajo. Los dependientes de la tienda estaban avisados de la inspección 48 horas antes de la misma, y remarcaron al doble los precios de todos los artículos que tenían en exhibición. Luego el gobierno los obligó a bajar los precios al 40%, lo cual resultó en un incremento de entre el 10% y el 20%, autorizado por el propio gobierno. Hace dos semanas hostigaron (esta vez en serio) una ferretería. La respuesta de los dueños de la tienda fue inmediata: Detuvieron en Asia los contenedores con las compras de inventario por reposición para el año próximo, y ya están buscando dónde abrir un nuevo local en América Latina, al cual mandarán esos mismos contenedores.

Martes 31/12/2013 Cena de año nuevo. Decidimos pasarlo con la judería. Mi tío Jacobo amable como siempre. Mis primos enternecidos con Rafa. Mi tío me pregunta si estoy yendo a la sinagoga, le digo la verdad: Será para otra vida. Alguien toca el tema político y un pariente de la reunión se amarga durante un rato. Todo ese odio acumulado es lo que tiene en común con aquellos que adversa. Es su rasgo más venezolano, cabe decir. La vaina no es tan sencilla. Sigamos esperando al Mesías.

Miércoles 1/01/2014 De regreso a casa de mi familia política, conseguimos todas las cornetas y altoparlantes de la sala orirentados hacia las ventanas. Mi cuñado escucha o, más bien, hace escuchar a los vecinos, ACDC, Metallica. Soda Stereo. Venganza estética. Disfruto un rato de los bajos, y la vibración de las ventanas del vecino de al frente.

Sábado 4/1/2013. Segundo día de playa. Vamos a Puerto Francés, en la vía para Curiepe. La playa está repleta de gente. La marea agradable, con poca resaca.

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Un día espléndido por donde lo vea. Benditos sean el sol, la arena y el mar. La playa; bálsamo para todas las heridas, antítesis de la lucha de clases. Es ese insight lo que me faltaba: Nos olvidamos de las atrocidades, de los presos políticos, de los desaparecidos. Venga otra cerveza fría.

Domingo 5/1/2014 Incidente familiar. Lo he provocado yo. En una vehemente conversación familiar de pronto me sentí sobrepasado. Me disculpo. Trato de entender por qué reaccioné  con agresividad y desproporción. Tengo ansiedad. Sin embargo, ya se acerca el final de mi viaje. ¿No debería estar más tranquilo? La formación académica no me exime de la estupidez. Touché.

Martes 7/1/2014 Es un día de dos notas de prensa. La primera es un artículo de Karina Sainz Borgo, “Volver a Caracas”, publicado por Prodavinci. Me da curiosidad por las coincidencias con esta pequeña bitácora, este diario de desiluciones.

La segunda es una noticia de sucesos. A las 8am mientras veo el twitter (soy adicto) me consigo un trino de Oscar de León, “Que tristeza me da mi Venezuela, mi sentido pésame a la familia de Monica Spear. Rabia e impotencia es lo que siento en este momento”. Desconozco a la persona. Aparecen más comentarios. Busco una nota de prensa. Se trata de un asesinato doble, han ultimado a la mujer y a su esposo, Henry Thomas Berry, en la autopista Puerto Cabello-Valencia a las 10pm de ayer lunes. La hija de ambos, de cinco años, fue herida en una pierna. Más tarde, en la Facultad de Ciencias de la UCV (he ido a trabajar con un colega), comentamos el suceso. No hay demasiados Berry en Venezuela, el apellido nos llama la atención. Nos miramos las caras y caemos en cuenta. No damos crédito a lo que cruza por nuestras cejas. Alguien hace una llamada telefónica. Es el hijo de Tom Berry, algebrista y profesor ya jubilado, adscrito al departamento de matemáticas de la Universidad Simón Bolívar. Tom fue jurado en las tesis doctorales de al menos tres de los que estamos en ese momento en el laboratorio. Solo pienso, igual que otros, sálvese quien pueda. Mañana nos vamos. No podré estar para el velorio, lo cual me entristece. Solo por eso, respiro hondo.

Epílogo:

El 10 de Enero, dos días después de haber regresado a Bogotá, falleció el tío Borinka. Supongo que fue a reírse con mi tía Antonieta, que me hizo el mismo chiste hace tres años; al menos esta vez tuve oportunidad de verlo. El tío Borinka nació en Belgrado, de joven migró con su familia a Francia y luego a Venezuela, donde se casó y tuvo cuatro hijos: Olga, Mila, Igor y Ruslán. Amaba leer y escribir. Sobre todo amaba dar clases de francés. Dicen que “los amigos los escoges y la familia te la calas”. El tío Borinka y yo nos elegimos mutuamente por vainas del destino. Él era un perro callejero, un idocacri como quien escribe. Nos adoptamos el uno al otro. BCEX NA HYN…

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En este viaje he podido reunir algunas claves. El dilema del prisionero resentido. El asesinato de Mónica y  Henry: No pregunto por quién doblan las campanas. La playa, opio del pueblo. La voz de de Rafa Galindo en una canción de Billo Frómeta. La muerte del tío Borinka. Un comentario dejado al vuelo: “al fin y al cabo, nosotros no te conocemos”.  Ha permanecido con los días.

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