No tocar. No mirar. No hablar.

Acabamos de tener un incidente con Milú. Ibamos con Santiago y con el Juli. Estaba sujeta con la correa, tranquila y sentada, en la acera. Una mujer y un niño se nos acercaron por detrás de improviso. Se acercaron demasiado, y demasiado rápido. Milú reaccionó y rasguñó con los dientes al chamo, en el puente de la nariz. Afortunadamente la herida fue muy superficial. La mujer se puso histérica. Como todo pasó frente a una farmacia, compré inmediatamente agua oxigenada y algodón; al verificar que la herida era leve, le dejé a la madre todos nuestros datos. Más atrás ya venía el papá del chamo, con ánimo más belicoso; pero me di cuenta y me fui a tiempo. Más tarde, el padre me llamó para que volviera, porque “me estaba esperando con la policía”. Le contesté que ya su esposa tenía mis datos, que podía venir a mi casa. Vinieron y entraron. Milú ni les paró media bola. Les mostré las vacunas y los papeles. Cuando me fue a reclamar; le contesté de la manera más cortés que me fue posible, que la responsabilidad no había sido del perro, sino de la señora madre del niño. El niño no iba de la mano del mayor, sino suelto. Milú no fue a perseguir al niño para morderlo; el niño fue quien se le acercó hasta que ella se sintió invadida. Reclamó el señor entonces que “no se puede entonces pasar al lado del perro porque entonces lo muerde a uno”. Con toda la paciencia le expliqué que él, en ese momento, estaba en la casa del perro, y el perro lo había dejado pasar sin problemas y no le había hecho nada (de hecho, justo en ese instante Milú estaba recostándosele, casi buscándole fiesta). Que el problema no era pasar al lado del perro, sino tocar sin previo aviso perros que uno no conoce. Uno nunca se acerca de esa manera a ningún perro desconocido. Menos aún le acerca la cara. Milú vio dos personas desconocidas que se le acercaban de improviso: si a uno mismo se le prenden las alarmas cuando dos personas desconocidas se acercan demasiado en medio de la calle; ¿Qué le vamos a pedir a un perro? En todos los canales de TV de Colombia hay en este momento una campaña espantosa sobre los perros que muerden gente. Una gran parte de estos incidentes no se deben a los perros, sino a los humanos; pero no queremos asumir nuestra responsabilidad. En lugar del amarillismo deleznable de siempre, deberían hacer una campaña educativa para enseñar al público las reglas básicas que se deben seguir al conocer perros extraños: 1. No tocar. 2. No mirar a los ojos. 3. No hablar. 4. Permitir que el perro olfatee, guardando una distancia prudencial. 5. Mantener una energía tranquila. Sería mejor para la salud pública que pegáramos por todas partes afiches de Cesar Millán. Nos saldría más barato.

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