Borracho y loco, o sea guayaba y tusa

En Venezuela el ratón no es un animal, sino eso que en Colombia llaman guayabo, que tampoco es un árbol que da guayabas. Sinónimo de ratón extremo es un canguro, cuyo equivalente boyacense no existe. En cambio, lo que en Venezuela es un guayabo (que tampoco es un árbol) en Colombia le dicen tusa, la cual no es un sustituto del papel tualé, aunque a veces uno debería considerarlo seriamente. Estar superlativamente entusado/enguayabado, o ambas no sinónimas y a la vez, es todo un problema que tiene su correlativo del otro lado de los andes, pero nunca se está encangurado, sino encucado.

 El guayabo suele ir acompañado de una rocola y cada quien lleva por dentro la suya propia, hasta los más serios. Llévese uno al pana (parcero) más serio que tenga a mano pa un karaoke, sin aviso ni anestesia; y descubrirá uno con el paso del ron o el aguardiente cómo el aumento de la presencia de radicales OH conlleva un ineludible parpadeo de la virilidad. Cada país tiene, además, sus propias formas idiosincráticas de enguayabarse y/o entusarse, ambas inclusive. Los mexicanos son unos rudos en la materia, algo así como unos súper-sayayines del despecho: Hasta el más macho se sabe por lo menos una de Juan Gabriel con la Durcal (¡díganme que no!). En cambio, fuera de las telenovelas, los argentinos no siempre cruzan la frontera hacia el reino de lo ridículo con el mismo desenfado de un mexicano. Una vieja amiga decía amar el tango porque siempre hay un argentino sufriendo. Cuestión de un cierto exceso de racionalización: antes de hacer el ridículo con libertad, un argentino precisa años de diván y psicoanálisis. Los mexicanos son ridículos sin pensarlo, les sale natural y por eso es que también pueden ser muy serios. Una cosa es talento y otra academia, eso está claro.

 Para la trascendencia en el acervo cultural de guayabo-tusa histórica, el tamaño no siempre cuenta. En Brasil la tusa se tiñe de saudade y produce chicas de Ipanema, produce sambas da roda, produce Paulinhos da Viola, Marissas Monte, Seu Jorges e muitos mais. La tusa en USA es tusa con iniciales y copyright, y tiene profetas: Barry White, Barry Manilow y su Santidad Elvis Presley; seguidos de cerca por Donna Summer, Roberta Flack y Gloria Gaynor. Es curioso, sin embargo, que nadie pueda puede competir con las pequeñas Cuba y Puerto Rico, dos superpotencias del guayabo. La Sonora Matancera nos marcó a los latinoamericanos por más de medio siglo: para nosotros la quintaesencia de la tusa está en el estómago microscópico de algún ácaro que vivió en la peluca de Celia Cruz y, obviamente, se alimentaba de azúcar. Yo por ejemplo tengo una neurona jodida que me hace llorar involuntariamente cada vez que escucho a Marco Antonio Muñiz con aquella que “el gran Gaudí llamó la perla de los mares” y me acuerdo de mi abuela cantando mientras colaba el café de la mañana. Por cierto que, de pana y todo, a Marc Anthony le quedó bueno el remix. El testigo fue retomado por la orquesta La Billo’s Caracas Boys, única en su género de tusa big-band.

 En eso de la tusa no se salva nadie, ni siquiera los comegatos. Así pelúos y todo, con greñas, melenas, tatuajes y piercings; el Rock ha dado varias “monster ballads”, que es como los gringos suelen llamar a esa canción que lo atraviesa a uno y lo deja sin saber qué hacer, no importa cómo ni dónde se la encuentre, usualmente en las situaciones más incómodas y en público. Piénsese nada más en “Love of my life” de Queen. El Rock en español también tiene las suyas: “Dormir contigo es estar solo dos veces”, decía Fito Páez. Hay hitos de hitos del guayabo en español, y si el guayabo en español merece tratados enciclopédicos, el guayabo español (o sea, el propio de España cañí y olé, men) amerita tomos enteros. Un capítulo aparte, nunca jamás superado entre el cielo y el suelo, es la banda Mecano. Los francoparlantes, por su parte, tienen una manera propia de enguayabarse que a los de este lado del árbol lingüístico nos resulta curiosa, por decir lo menos. Escuchar a la Piaff con esa de “laisse-moi devenir l’ombre de ton chien”, o a Brel con aquella de “t’avais perdu le goût de l’eau et moi celui de la conquête” es como hacerse el hara-kiri con una pluma-fuente Mont Blanc.

 Conste que no hablo de Europa del Este, porque únicamente en Polonia uno pierde la vida enguayabándose y se lo traga un agujero negro. Los balcanes, de hecho, tienen una manera casi dionisíaca de despecharse; así que con el perdón de toda esa gente, paso y gano.

 Los venecos, pa eso de enguayabarse, se clasifican en tres bandos. Están los prehistóricos, vale decir los que se emborrachan oyendo a Felipe Pirela y recuerdan los tiempos en que pulían hebilla en una sola baldosa del bar. Luego estamos los enguayabados guayabicenses (o sea, guayabas al cuadrado, como sospecho que diría Andrés López), somos los que nos enguayabamos con Yordano (“y tú apareces como una sombra en cada frase que oigo, cada mentira que digo”) o nos deprimimos hasta el fondo con Amy Winehouse. Y luego están los chamos de 25 p’abajo, que la verdad yo hasta me pregunto si se enamoran. El reggaeton no perdona, eso del perreo no deja neurona sana. El guayabo constituye una energía difícil de canalizar. Puede arrastrarnos al marasmo, también rescatarnos de él. Si no, pregúntenle a un borracho, a un depresivo o a ambos. Yo aquí modestia aparte como Ulises, o sea como todo el que se deja arrastrar al marasmo alguna vez y sale vivo para contarlo; tengo lista mi lista pa la rocola y el karaoke. Aquí tienen el CD de mi “autosuicidio guayábico” (*), que se efectúa según el siguiente rito musical, en orden inverso de mi hit-parade: Las primeras 4 son pa calentar. De la 5 en adelante la vaina se pone seria, y si entre la 10 y la última Usted no llora, es porque comparte más del 50% del ADN con Michel Camdessus o Alan Greenspan, aunque no lo sepa. Aquí van, con todo y links, por si se atreven.

  1. Borracho y loco (Los enanitos verdes)

  2. Llueve sobre mojado (Fito Páez)

  3. Tus fotografías (Nelly Furtado & Juanes)

  4. More than words (Extreme)

  5. A flor de piel (Yordano)

  6. Moscas en la casa (Shakira)

  7. Me cuesta tanto olvidarte (Mecano)

  8. Entre Matane et Baton Rouge (Isabelle Boulay)

  9. Shishah (Shlomo Artzi)

  10. Will you still love me tomorrow? – Amy Winehouse

  11. El jibarito – Lamento borincano (Rafael Hernández/Marc Anthony)

  12. Para ver as meninas (Paulinho da viola – Marisa Monte)

  13. Sombras nada má (Felipe Pirela, Billo’s Caracas Boys)

  14. Chanson des vieux amants (Jacques Brel)

  15. Tive razao (Seu Jorge)

(*) Autosuicidio: dícese de el suicidio perpetrado al interior de un automóvil. El término lo puso de moda un expresidente difunto.

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