Me saquearon el alma

Un fantasma recorre a Venezuela: el fantasma del Caracazo; uno que es capaz de pararle los pelos a cualquier venezolano y, muy especialmente, a cualquier caraqueño. Uno que nos hace pensar en toques de queda, en suspensiones de garantías, en muertes, en desaparecidos.

Hace casi 25 años ese fantasma asomaba los dientes, y entonces cometimos el grave error de justificar lo injustificable. Interpretamos “…las motivaciones de la gente que irreflexivamente, pero desbordando lo que tienen dentro de sí, han llegado a realizar hechos de violencia y saqueos”. Aceptamos como colectivo el hecho de que toda la molestia desbordada se debía a que las autoridades eran indiferentes ante los reclamos de la población. Aceptamos que el estado de las cosas se debía a “los errores de la democracia”. Aceptamos que “no se le puede pedir sacrificio al pueblo si no se da ejemplo de austeridad”.

Vale decir que redondamente nos excusamos. O mejor dicho, nos excusaron grautitamente y nosotros, todos nosotros, los venezolanos de a pié, el pueblo llano, aceptamos agradecidos tan amable excusa. La incorporamos a nuestro inconsciente y decidimos no sentir ninguna culpa o responsabilidad por todo lo que ha ocurrido desde entonces. Jamás se nos ocurrió que la motivación de los saqueos no fuese solo el hambre; sino la comodidad, la envidia del trabajo ajeno, el simple robo. Jamás se nos ocurrió que el descontento de la población no se debiera a la indiferencia del gobierno de turno, sino al deseo de impunidad para de robar, saquear, ultrajar, secuestrar y asesinar sin ningún límite. Hace 15 años tenemos un gobierno que no solo es indiferente, sino que actúa frontalmente en contra de la mitad de su población, sin que se escuche ni la más mínima queja de la mitad que no se siente directamente afectada. La política es simple: Hagan lo que quieran mientras nos permitan hacer lo que queramos. Jamás pensamos que el estado de las cosas se debía a nuestros propios errores morales. Finalmente; jamás pensamos en voltearle la ecuación populista al gobierno: Darle a nuestros dirigentes tal ejemplo de pulcritud, rectitud, austeridad y trabajo, que ningún político osara tomar para sí ni un solo céntimo del erario público. Ser nosotros, individual y colectivamente, el ejemplo y baremo de nuestros dirigentes; y no al revés.

Dicen que es imposible estafar que un inocente. A los venezolanos, lo único que lamentablemente nos sobró fue malicia. Por eso volvimos a caer. Y ahora resulta que el fantasma está vivo y muestra los dientes.

De nuevo vienen los saqueos, y todos rezamos para que no sean tan graves. Casi veinticinco años después tengo que recordar de nuevo aquel artículo de José Ignacio Cabrujas, “La revolución del Trinitrón”, salido a página entera en la primera del cuerpo C de El Nacional (si mal no recuerdo)  unos día después de comenzados los saqueos generalizados del 27 de Febrero de 1998. El artículo de Cabrujas fue, en esa ocasión, uno políticamente incorrecto. A diferencia de otras voces que justificaban la crisis y los saqueos, Cabrujas tuvo el valor de mostrarnos esa otra parte que no queríamos ver, y de decirlo con todas sus letras: Saqueamos porque no queremos trabajar.

Hace 25 años se pensaba que lo económico estaba por encima de lo social, y ocurrió un Caracazo. Desde hace 15 años se sostiene que lo social está por encima de lo económico; lo que paradójicamente no ha impedido que ocurra un nuevo saqueo masivo. Hace 25 años los venezolanos de a pié pensábamos todos: “No nos vamos a ir”. Hoy muchos nos hemos ido; no solo porque la situación económica afuera sea mejor que en Venezuela, sino porque llevamos años siendo llamados escuálidos, apátridas, agentes del imperio. Recibimos los más increíbles insultos solo por no pensar igual que nuestros actuales dirigentes. Nos hemos ido muchos venezolano de a pié, porque no podemos vivir en Venezuela, y subsistir de nuestro trabajo. Porque el actual régimen no quiere ciudadanos independientes y económicamente productivos: se quiere vasallos, mano de obra esclava, focas 24/24 7/7.

En el intento político de reconducir todo el descontento popular sobre una fuerza institucional con dirigencia política, que terminó en el proyecto del “chiripero”; Rafael Caldera nos hizo pagar el alto precio de justificar, dentro de nuestra memoria emocional, los saqueos. Y allí nos jodimos todos. Con el respeto que puedan merecer las intenciones del Caldera de entonces (ni por asomo diría que yo lo habría hecho mejor); esa justificación es posiblemente el mayor precio histórico que pagamos los venezolanos en nuestro inconsciente colectivo: Al cerrarnos a admitir nuestra responsabilidad como ciudadanos, abrimos la puerta franca por donde los populistas siguientes nos estafaron.

He visto vitrina tras vitrina; negocio tras negocio, todo lo que ha salido en los periódicos y redes sociales. Los saqueadores tienen un ego parecido al de los asesinos en serie: les gusta que su obra salga por los medios. Me separo deliberadamente de todo ello: No me haré eco de las fotos de locales saqueados en los últimos días. Sé también que justo ahora somos gobernados, como nunca antes en la historia de Venezuela, por lo más selecto de la mafia, la élite de la gente sin escrúpulos. De modo que lo que sigue no va dirigido a ellos, sino a ti, mi pana venezolano de a pié igual que yo, que te quedaste y crees que eso justifica que saques algún beneficio de todo lo que vives, a expensas de otros venezolanos de a pié como tú.

Venezuela vivió durante 40 años con un petróleo vendido a dos dólares el barril. Hace 25 años hicimios crisis y no pudo vivir con un petróleo vendido a dieciocho dólares. Hoy llevamos 15 años con un petróleo vendido sobre los 90 dólares, y que estuvo durante mucho tiempo por encima de los 120. Y todavía no podemos vivir.

No te excuses en el terror infundido desde arriba, o en las órdenes superiores. Eres dueño de tus actos, principalmente en los momentos más difíciles de tu vida.

Si sales a saquear, eres responsable el único por ello.

Si te robas las medicinas y los equipos médicos de un hospital, y no te importa por ello joder a gente más necesitada que tú; eres el único responsable por ello.

Si hurtas, robas, atracas, secuestras o matas; o si golpeas, violas, asesinas y cometes infamias; eres el único responsable por ello.

Si le niegas a tu vecino una oportunidad de comer a causa de su posición política, eres el único responsable por ello.

Si usas la lista Tascón (o cualquier otra lista) para discriminar a tus semejantes, eres responsable por ello. No te hagas el listo; sé listo: Si usas la lista, tu moral está lista y, como eres el único  responsable por ello, estás listo.

Si te aprovechas de una turbulenta situación política para llevar a cabo tu pequeña venganza personal contra alguien más; eres el único responsable por ello.

Si aprovechas el desorden para hacer contratos y llenarte de dinero sobre el hambre, la miseria y desesperación de tus semejantes, eres el único responsable por ello.

Si has amenazado a otras personas y a sus seres queridos de palabra, por escrito o físicamente; eres el único responsable por ello.

Si has invadido algo que no es tuyo, apoyado por un gobierno que llama “expropiar” a lo que tú y yo sabemos que es robar; eres el único responsable por ello.

Si has agredido a otras personas que por su esfuerzo propio lograron superar metas personales como estudiar y formarse, únicamente por sientes envidia, aunque sabes que tú mismo tuviste esa oportunidad y la dejaste pasar; eres el único responsable por ello.

Si has atacado y destruido símbolos sagrados o lugares religiosos, o personas que tú mismo sabes que solo propagaban la paz entre venezolanos, si has insultado a curas, pastores, imanes, monjes o rabinos, únicamente porque se te dio una orden y una línea política que no respeta la diferencias entre pares; eres el único responsable por ello.

Si has decidido nunca más trabajar, y para ello eres capaz de cometer cualquier infamia contra tu prójimo; si no te importa no ser dueño de ti mismo en lo que resta de tu vida; eres el único responsable por ello.

El hambre no justifica el saqueo, ni el robo, ni el asesinato, ni el acoso del otro, ni la limitación de sus derechos políticos o económicos. El hambre no justifica el resentimiento. El hambre no justifica el odio. El hambre no justifica la venganza, personal o colectiva. El hambre no justifica el apoyo a un régimen que destruye a tus semejantes.

No te quejes luego de que la mitad de tus panas, venezolanos de a pié igual que tú, que decidieron no dedicarse ni a putas, ni a chulos, ni a buhoneros, ni a traficantes, ni a importadores, ni a jalamecates o focas de ningún régimen; hayan dejado de hablarte o, más triste aún, se hayan mudado de país.

El problema, mi pana, es la responsabilidad que tú no admites. Sin importar quién te ordena qué, o quién dice qué por televisión, por internet, por la radio o por donde sea: Tú tienes que distinguir lo que es bueno o malo.

Si no puedes, no le pidas a tus dirigentes que te lo aclaren.

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