Amargo y sabroso

Acabo de conseguir este excelente artículo “¿Trago amargo?” de Adriana la Rotta en El Tiempo. Me parece, sin embargo, que va más dirigido al público de los negocios y MBA’s; que al de los consumidores de café, como quien escribe. Así que van algunos comentarios.

¿Qué tienen que perder Oma o Juan Valdez con la decisión de Starbucks de jugar en Colombia? Probablemente algo, porque buscan el mismo perfil de cliente. Alguien a quien, más que consumir un café decente y bien preparado, le importa la limpieza del local, la propiedad de las tazas. Una carta más o menos variada con distintos cafés aromáticos (no hablo del bouquet natural del grano, sino de aromas artificiales como, por ejemplo, el jarabe de caramelo o almendras que Starbucks añade a algunas de sus presentaciones de café). Por supuesto, un local con Wi-Fi y precios internacionalizados.

El tipo de café que sirven estas franquicias es bueno; mejor que la oferta usual de “tinto, perico o aromática” casi omnipresente en toda Colombia. Se puede repetir. Ahora bien; espero me perdonen: No es café gourmet. Confundir un buen café, bien preparado y servido (de acuerdo) con café gourmet, es comprensible cuando el abanico de experiencias del consumidor no es el más amplio. Tan comprensible como creer que un buen cocinero es lo mismo que un chef con tres estrellas; o que un buen ejecutante de música es lo mismo que un virtuoso. Lo primero es un trabajo bien hecho. Cuando lo recibimos nos sentimos bien atendidos y damos las gracias. Lo segundo es obsesividad en el proceso de creación. Es Dudamel dirigiendo a la filarmónica de Berlin, y recuperando para nosotros el sentido del ritmo que alguna vez nos regalara Leopold Stokowski (lejos de los tiempos paquidérmicos de, digamos, Furtwängler).  Es escuchar a un crítico de la guía Michelin decir que el cacao de Chuao, o los varietales de café del Quindío, son “les meilleurs du monde”. Es un jonrón de Edgar Rentería jugando en las Grandes Ligas.

No siempre tenemos el dinero o la suerte de conseguir una experiencia así. Afortunadamente, no todo el tiempo son excesivamente costosas. El café es de esos placeres sencillos cosas con los que cualquiera puede darse un buen gusto de vez en cuando. 

¿Tienen algo que perder los locales corrientes que ofrecen tinto o perico? No:  ofrecen otro servicio, y apuntan a otros clientes. ¿Y los pequeños locales que venden café gourmet? Tampoco. De hecho tienen algo que ganar. Oma, Juan Valdez y Starbucks (en estricto orden alfabético) han contribuido a mejorar la escala de percepción. La masificación del buen café, aunque sea parcial, incide en la formación del público consumidor. Nos han ayudado a subir un peldaño en la calidad de vida, uno que sería tan estimable como, por ejemplo, masificar la difusión del arte; algo que hacen los vendedores de afiches con reproducciones de cuadros famosos de pintura.  Pero un afiche en la sala de mi casa no es lo mismo que un Modigliani, aunque sea en la pared del museo. Ambas cosas son innegables.

Gracias a ellos, también ha aparecido, poco a poco, un pequeño público que aprecia todo el proceso de producción, completo; desde el cultivo artesanal (con la menor cantidad de químicos y pesticidas), secado con procedimientos tradicionales y preparación (expreso italiano, prensa francesa, etc) hasta el servicio en la mesa.

Paradójicamente; consumir un café como el que acabo de describir, al menos en Bogotá, puede ser económicamente incluso menos costoso que pagarlo en cualquier local de esas franquicias. El grano artesanal se produce aquí mismo. Tenemos, poco a poco, cada vez mejores locales y baristas.

¿Tiene curiosidad? Pruebe el café Mini-mal en la calle 57 # 4 – 09; o el local de E&D cafés en la carrera 4ta #66-46; ambos en Chapinero. Sorpréndase, incluso: hay algunos locales pequeños que ofrecen un mejor que el de Oma o Juan Valdez; pruebe cualquiera de los que están sobre el Parkway (incluido el Andante); en la Soledad.

Después que lo experimente, hablamos.

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One thought on “Amargo y sabroso

  1. Andrés Villaveces

    Sí: entre MiniMal, E&D, Quipile, la Botica del Café hay algo definitivamente mucho mejor que Oma o Juan Valdez. En Oma y Juan Valdez son pocos los que saben usar la máquina de manera correcta. En Andante del Parkway son variables: a veces pueden hacer café muy bueno, pero a veces se distraen y realmente bajan el nivel. En Quipile es áspero (oeste de Cundinamarca) pero bien hecho. No aguantaría tomar siempre ese café del oeste de Cundinamarca (los mejores cafés de Colombia, y creo, del mundo, están en el Huila, en Cauca y Nariño), pero tiene mucho carácter [recio] ese café: no es baba desabrida como el genérico de aquí, ni pseudo-gourmet mal servido en cartón (Juan Valdez).

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