Monthly Archives: September 2013

Lost in translation: Impresiones de un latinoamericano en Tokio.

¿Por qué Tokio? Los latinoamericanos no solemos ver en Asia un destino turístico. Salvo la India,  casi toda Asia y buena parte de África prácticamente no existen en nuestra geografía mental. La dificultad idiomática es un obstáculo obvio (el título de esta nota es ex-profeso, una referencia al film de Sofía Coppola). Sin embargo, con la globalización, la lejanía cultural ha dejado de ser un motivo. China y Japón son, desde lejos, los dos gigantes referentes culturales entre todos los países asiáticos. Piénsese por un instante en la sopa de tallarines, el kung-fu, Bruce Lee,  el Karate, el Judo, el Anime y el Manga… Así que, ¿Por qué no Asia? ¿Por qué no Japón? Y después de todo… ¿Por qué no Tokio?

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Planee su viaje: De todos los consejos que se pueden dar a alguien que va a viajar, éste es el más importante de todos.

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No importa si luego cambia de opinión y de rutas. Sabrá qué destinos o atracciones preferir o descartar. En el caso de Tokio este consejo es más valioso aún.

Compre los boletos aéreos con antelación. Tokio está, prácticamente, al otro lado del planeta. La diferencia de precios entre la temporada alta y la baja es significativa. Salvo Ciudad de México,  creo que en ninguna otra ciudad de latinoamérica hay vuelos directos a Tokio. Eso significa que, casi seguramente, tendrá que hacer una conexión en otro aeropuerto. Reserve de modo que, al hacer escala, tenga tiempo suficiente en el aeropuerto de conexión para realizar los trámites de migración y abordar el vuelo que lo llevará a Tokio.

Cambie todo el dinero que tenga a Yenes (moneda oficial del Japón) antes de llegar. En Tokio no siempre aceptan dólares cuando los billetes son demasiado viejos, es algo que le puede traer problemas. Si hace escala en EEUU recuerde que exigen una visa de tránsito y ponen restricciones adicionales al equipaje de mano. No tome fotos en el área de migración; en casi todos los países es un delito.

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Pida información: Apenas llegue a Tokio, busque la oficina de información turística más cercana. Hay varias en el aeropuerto de Narita y en la Estación de Tokio. Pida y acepte todos los mapas que le puedan dar; nunca están de más. El aeropuerto Narita está conectado a la ciudad por línea férrea, hay trenes normales y de alta velocidad.

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Incluya en su kit mínimo de supervivencia en Tokio  un mapa de las líneas de tren, una guía turística de la ciudad y un paraguas (sombrilla). El centro de la ciudad es atravesado por varias líneas de metro (subterráneo) y de tren. Las estaciones más grandes tienen una vía para el tren de gran velocidad (“tren bala”). Es conveniente adquirir la tarjeta del sistema de trenes (“suica”) y recargarla con suficiente dinero; de ese modo se ahorrará filas.

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A menos que cuente con un amigo que le preste alojamiento gratuito; trate de quedarse cerca del centro de la ciudad. El transporte en Tokio es uno de los mejores del mundo… También uno de los más caros.

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Cuide sus modales: La hospitalidad nipona es proverbial, siempre que Usted mantenga el buen trato y cortesía que ellos consideran mínima. Aunque no hable Usted japonés, y ni siquiera sepa decir hola (“koni-chiwah“); nunca olvide las siguientes recomendaciones:

  • No fume en público; en las calles y avenidas principales está expresamente prohibido.
  • Diga por favor (aunque sea en inglés) antes de dirigirse a cualquiera para pedir información. Dé las gracias efusivamente después que le atiendan (“arigato josaimass”, o más formalmente, “domo arigato josaimashta”). Haga una leve reverencia para despedirse o dar las gracias. SAM_0979B
  • Cuando esté en público, evite al máximo gestos corporales tales como toser, estornudar, tocarse la nariz, etc. Si no puede evitarlos, use una servilleta de papel, pida disculpas a las personas cercanas a Usted y límpiese las manos con gel antibacterial a la vista de todos.  Tokio es el paraíso de los neuróticos de la limpieza (como quien escribe). El gel antibacterial es más barato que el agua de botella, y además se le consigue gratis en casi todos los sitios públicos, tales como aeropuertos, estaciones, baños, restaurantes, museos y hoteles.
  • Cuando lo inviten a alguna casa, nunca traspase el umbral con los zapatos puestos. El calzado siempre se deja al lado de la puerta, antes de pasar. Los templos y dojos tienen reglas de etiqueta propias. Jamás se entra a alguno de estos sitios comiendo.
  • Las jóvenes de Tokio son sobrias de escotes… Y aman las minifaldas. Para quienes admiramos a las mujeres, las estaciones principales de metro y de tren son un paraíso urbano. Evite problemas: lea el menú, pero a menos que lo inviten,  no coma en el restaurante. En otras palabras: Si se consigue alguna, mire y no toque.

¿Dónde y qué comer? Depende de sus gustos. A título comparativo; el desayuno más barato en Tokyo ronda los 600 Yens, que son casi 6USD; es casi el doble de Bogotá, pero menos que en Caracas. No coma comida congelada o empaquetada y evite las cadenas estilo Family Mart. De lo mejor de la cocina típica japonesa es el Ramen; se trata de caldo con vegetales y tallarines. Hay versiones de Ramen en China, Vietnam, Laos y Camboya. El de Japón es, simplemente, insuperable. No importa de qué se lo ofrezcan, diga que sí. Cuando regrese ya tendrá tiempo de hacer dieta. Si es amigo del pescado, busque los locales pequeños en los que ofrecen sushi recién hecho. Cerca del centro, en los alrededores de la estación de Kanda, hay varios sitios buenos y baratos para comer.

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¿A dónde ir? No me atrevería a dar recomendaciones sobre sitios específicos. Cada quien tiene gustos propios y Tokio es una ciudad cosmopolita que puede satisfacer los gustos de cualquiera. Hay para gustos nocturnos y diurnos.

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En mi opinión personal de turista occidental, hay que visitar al menos un templo budista y otro de la religión Shinto. Aunque no se crea en nada; la espiritualidad de un país es algo que nos ayuda a comprender el resto de la cultura. Además, la estética y el arte de los templos religiosos siempre tienen algo especial.

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Si tiene condición física y un buen par de tenis; no deje de salir a correr por el circuito que rodea al palacio imperial. La vista es hermosa y el trayecto vale la pena. La vista de noche es más hermosa aún. El palacio imperial es un museo; las visitas son gratis y la vista interior vale la pena. Caminando por los jardines se siente uno metido en un bonsai tamaño natural.

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Hay que hacer lo posible por visitar el centro. En cualquier guía turística se consiguen varias atracciones para visitar. En el sector de Marunochi, cerca de la estación de Tokio, hay un autobús turístico gratuito que hace todo el recorrido por el sector. Tiene varias paradas. Los alrededores, ente las estaciones de Kanda, Nihombashi, Ôtemachi, Kasumigaseki, etc. tienen calles repletas de locales pequeños, librerías, restaurantes, cafés, etc. Son ideales para caminar. Una buena idea, si se dispone de tiempo, es tomar la línea Yamanote que rodea el cento de la ciudad; bajarse cada día en una estación diferente  y pasear un poco.

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Si es aficionado a las artes marciales (como quien escribe), cualquier visita a Asia es una oportunidad irrepetible. Tokio no es la excepción. A media cuadra de la estación de metro Kasuga (E7) sobre la línea Oedo está el edificio del Instituto Kodokan de Judo. Tiene una biblioteca, una tienda-librería y un museo histórico que vale la pena ver. Se puede asistir como expectador a una clase de Judo y, si uno pide permiso, es posible tomar fotos. También se puede participar en un randori, pero no hay clases para principiantes. Cruzando en la esquina de la estación Kasuga hay un restaurante de comida hindú. El cordero en curry es bueno, el pan es mejor aún.

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Si uno se baja cuatro estaciones más allá, en Wakamatsu-kawada (E3) sobre la misma línea Oedo; a menos de cuatro cuadras se llega al Hombu Dojo de la asociación Aikikai. Hay prácticas de Aikido casi  todos los días, a razón de seis clases diarias con diversos Sensei. De ellas, dos (7am y 7pm) son para principiantes. Las otras cuatro se recomiendan a practicantes con al menos seis meses de entrenamiento (digamos, un 6to Kyu); aunque la entrada a todas es siempre responsabilidad del practicante. Por 1575 Yens se puede practicar durante todo un día (yo vi cuatro clases).

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Para quien estima las artes marciales, practicar en el Hombu Dojo o en el Kodokan es una experiencia que no tiene precio. Si es Usted de los nuestros, no pierda la oportunidad. No se presente sin uniforme de práctica. Recuerde que todo dojo tiene reglas estrictas de etiqueta; llegue temprano e infórmese acerca de ellas antes de entrar a cualquier clase. Luego disfrútelo al máximo.

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¿Qué le quedará del viaje? Ante todo, cuando finalmente deje Japón, le quedará una gran nostalgia. Los japoneses son inmensamente amables, respetuosos y hospitalarios. Los paisajes y vistas de Japón se graban en el alma. Algo que aprenderá en Tokio es que los buenos amigos son como el té verde, que en Japón es casi omnipresente y gratuito. Lo conseguirá frío o caliente, servido en tazas o embotellado en máquinas dispensadoras de refresco (gaseosas). En el centro se consigue incluso helado de té verde (mi favorito). El té verde es siempre honesto: ni más ni menos que lo que uno ve. No hace ruido, sino que invita al silencio.

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Tomando té verde, seguro descubrirá amistades perdurables.

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CARTA ABIERTA A LOS REPRESENTANTES PROFESORALES QUE APOYAN EL PARO

Decía un poeta que la palabra ya es acción. Partiendo de allí; toda descalificación es ya una agresión. El abuso de lenguaje en todo este debate sobre el bloqueo ha comenzado allí; en la descalificación. Lo han comenzado Ustedes, quienes apoyan el paro. Con todo el respeto y cariño debido a mis colegas Universitarios, Intolerante y fascista sin “neo” es quien

  • No escucha el argumento del otro, pero lo descalifica de entrada.
  • Decide ser irracional antes de debatir.
  • Discute de mala fe, sin que en realidad le importen los argumentos.
  • Repite consignas vacías esperando que se vuelvan ciertas, como Goebbels.
  • Rebaja nuestra condición de iguales, con su lenguaje y su acción diaria, para no tener conflicto ético alguno cuando viola nuestros derechos.

Soy un profesor con una posición diferente a la de quienes apoyan el actual estado de las cosas. Defiendo a mis estudiantes, o al menos creo hacerlo, oponiéndome con todas mis fuerzas al bloqueo de los edificios de la UNAL. Algunos de los mismos que el semestre pasado nos descalificaban, diciendo que  “la racionalidad científica nos lleva a la irracionalidad política”, ahora mismo no apoyan el bloqueo. Lo único que hacían entonces era discutir de mala fe. Es la irracionalidad de sus discursos y acciones la que nos ha llevado también a la irracionalidad política.

Por todo lo antedicho,

  1. Rechazo contundentemente toda descalificación a mi posición sobre el paro.
  2. NO acepto que se me califique, ni de “neofascista”, ni con ninguna otra etiqueta, por no apoyar un paro que a las claras perjudica a mis estudiantes.
  3. Reclamo formalmente a todos mis colegas que detengamos aquí mismo la agresión, verbal o física, entre miembros de la UNAL; sean estos estudiantes, empleados o profesores.

 

Amargo y sabroso

Acabo de conseguir este excelente artículo “¿Trago amargo?” de Adriana la Rotta en El Tiempo. Me parece, sin embargo, que va más dirigido al público de los negocios y MBA’s; que al de los consumidores de café, como quien escribe. Así que van algunos comentarios.

¿Qué tienen que perder Oma o Juan Valdez con la decisión de Starbucks de jugar en Colombia? Probablemente algo, porque buscan el mismo perfil de cliente. Alguien a quien, más que consumir un café decente y bien preparado, le importa la limpieza del local, la propiedad de las tazas. Una carta más o menos variada con distintos cafés aromáticos (no hablo del bouquet natural del grano, sino de aromas artificiales como, por ejemplo, el jarabe de caramelo o almendras que Starbucks añade a algunas de sus presentaciones de café). Por supuesto, un local con Wi-Fi y precios internacionalizados.

El tipo de café que sirven estas franquicias es bueno; mejor que la oferta usual de “tinto, perico o aromática” casi omnipresente en toda Colombia. Se puede repetir. Ahora bien; espero me perdonen: No es café gourmet. Confundir un buen café, bien preparado y servido (de acuerdo) con café gourmet, es comprensible cuando el abanico de experiencias del consumidor no es el más amplio. Tan comprensible como creer que un buen cocinero es lo mismo que un chef con tres estrellas; o que un buen ejecutante de música es lo mismo que un virtuoso. Lo primero es un trabajo bien hecho. Cuando lo recibimos nos sentimos bien atendidos y damos las gracias. Lo segundo es obsesividad en el proceso de creación. Es Dudamel dirigiendo a la filarmónica de Berlin, y recuperando para nosotros el sentido del ritmo que alguna vez nos regalara Leopold Stokowski (lejos de los tiempos paquidérmicos de, digamos, Furtwängler).  Es escuchar a un crítico de la guía Michelin decir que el cacao de Chuao, o los varietales de café del Quindío, son “les meilleurs du monde”. Es un jonrón de Edgar Rentería jugando en las Grandes Ligas.

No siempre tenemos el dinero o la suerte de conseguir una experiencia así. Afortunadamente, no todo el tiempo son excesivamente costosas. El café es de esos placeres sencillos cosas con los que cualquiera puede darse un buen gusto de vez en cuando. 

¿Tienen algo que perder los locales corrientes que ofrecen tinto o perico? No:  ofrecen otro servicio, y apuntan a otros clientes. ¿Y los pequeños locales que venden café gourmet? Tampoco. De hecho tienen algo que ganar. Oma, Juan Valdez y Starbucks (en estricto orden alfabético) han contribuido a mejorar la escala de percepción. La masificación del buen café, aunque sea parcial, incide en la formación del público consumidor. Nos han ayudado a subir un peldaño en la calidad de vida, uno que sería tan estimable como, por ejemplo, masificar la difusión del arte; algo que hacen los vendedores de afiches con reproducciones de cuadros famosos de pintura.  Pero un afiche en la sala de mi casa no es lo mismo que un Modigliani, aunque sea en la pared del museo. Ambas cosas son innegables.

Gracias a ellos, también ha aparecido, poco a poco, un pequeño público que aprecia todo el proceso de producción, completo; desde el cultivo artesanal (con la menor cantidad de químicos y pesticidas), secado con procedimientos tradicionales y preparación (expreso italiano, prensa francesa, etc) hasta el servicio en la mesa.

Paradójicamente; consumir un café como el que acabo de describir, al menos en Bogotá, puede ser económicamente incluso menos costoso que pagarlo en cualquier local de esas franquicias. El grano artesanal se produce aquí mismo. Tenemos, poco a poco, cada vez mejores locales y baristas.

¿Tiene curiosidad? Pruebe el café Mini-mal en la calle 57 # 4 – 09; o el local de E&D cafés en la carrera 4ta #66-46; ambos en Chapinero. Sorpréndase, incluso: hay algunos locales pequeños que ofrecen un mejor que el de Oma o Juan Valdez; pruebe cualquiera de los que están sobre el Parkway (incluido el Andante); en la Soledad.

Después que lo experimente, hablamos.