El wiki-hojillazo de Mario Assange

El artículo de Carlos Raúl Hernández que aparece en la edición de hoy de El Universal me hizo recordar lo que dijera, hace ya tiempo, Humberto Eco sobre el caso de los Wikilieaks. Demoledor desde la primera frase: “Casi nada de lo que afirma Mario Silva en el audio donde reporta al G2 se desconocía. En este caso paradójico la noticia no es la información, sino la fuente”. Es cierto.

Cuando uno escucha el archivo-audio completo de las confesiones de Mario Silva (disponible en internet e incómodamente ubicuo para el régimen) queda el sabor extraño de no ver nada nuevo. Y de eso se trata. Lo mismo que ya sabemos, ni más ni menos.

Es interesante detenerse a pensar de qué no habla ese reporte al G2.  El esquirol no habla jamás de inseguridad ni de escasez. Ni siquiera deben existir en su diccionario. El esbirro de marras no dice, por ejemplo, que mientras en Cuba su comandante Castro eliminó las tarjetas de racionamiento, en Venezuela las panaderías ya no venden pan. No se consiguen los pañales para bebés, ni pollo, ni nada. De la infraestructura con la que, hace 20 años (o sea durante el gobierno “las cúpulas podridas de la IV república”) pensábamos vender energía eléctrica a Colombia y a Brasil, hoy no queda nada. Tanto han robado que no les alcanzó para algo en lo que sí ahorraban los adecos y copeyanos: para mantenerla. Ahora hay cortes de electricidad endémicos en casi cualquier rincón de Venezuela. Después del despido de más de 15000 empleados calificados de PDVSA, entre los que también cayeron muchos científicos de Intevep; Venezuela vendió (por no decir que regaló) a China las patentes de fabricación de la  Orimulsión: treinta años de trabajo creativo e investigación hecha en Venezuela, y regalada a una potencia imperial extranjera. Los estudiantes de las universidades públicas marchan contra las políticas del régimen; la revolución no se lo explica. El esquirol no lo menciona.

Como en el caso de los Wikilieaks, eso que Silva le vende  al G2 como información confidencial e importantísima es lo que comentan todos los venezolanos mientras se cuelan, saltan, vuelan o trepan a través de una inmensa cola de gente para alcanzar el paquete de harina PAN que nadie ve en la calle. Antes, cuando los espías eran serios, la prensa filtraba de vez en cuando alguna información confidencial. Ahora los reportes del G2 y los archivos de la CIA se nutren de lo mismo: insulsas notas de prensa con lo que todos ya sabemos: Cabello quiere el poder sin el enredo de la presidencia, Maduro es un incompetente de marca mayor.

Si de verdad no hay nada que espiar, nada que sostener… ¿Por qué les pagamos? Si no quieren gobernar, sino solo acumular poder; ¿Para qué les pagamos el quince y último en la Asamblea o en el gobierno? Cobran sin trabajar. Engordan con lo poco que se salva de nuestros impuestos. Viajan, compran la línea blanca de primera generación en Miami y mantienen a sus hijos estudiando en el imperio mismo, a punta de la renta petrolera. Maduro, Cabello, el G2, Silva y todos los demás, lo que son es una cuerda de mantenidos. Como son unos mantenidos la Kirchner, Ortega y todos los que sostienen en el inmenso aparato de propaganda en el exterior, a costa de nuestros hospitales y escuelas e infraestructura eléctrica.

Dicen los chavistas que quien mira Globovisión concluye que Venezuela es la quinta paila del infierno; pero si uno solo mira VTV, entonces Venezuela es el paraíso terrenal. La noticia del Wiki-hojillazo es que no hay noticia. Como el protagonista del Péndulo de Foucault; Mario deberá cuidarse desde ahora.  Ha dejado de ser una ficha útil para convertirse, de pronto, en un serio problema. Acaba de develar el misterio guardado con más celo por cualquier sociedad secreta: que no hay secreto que guardar. El G2 le seguirá la pista a donde vaya. Ironías de la vida, qué vaina que uno no pueda prevenir las metamorfosis: Mario, un agente del G2 que le echa paja a otro agente del G2 (su colega Nicolás);  es un burócrata de castillo kafkiano devenido en cucaracha.

Tengo que darle las gracias a Mario Silva, si no por decirme nada nuevo, al menos sí por abrirme los ojos a un punto que, desde ahora, será crucial al lidiar con el chavismo de calle. Muchísimas gracias Mario, de verdad. Hace 14 años que me sentía loco, perdido, disociado. Ya no más. Ya no soy un esquizofrénico que no reconoce la realidad; ni un depresivo negado al mar de felicidad revolucionario. Sobre esta hermosa y movediza  “montaña de mierda” caminamos todos, chavistas o no. La sentimos cada día, todos los días, 24/24 7/7. No es una ilusión, ni son vainas mías. La mierda nos rebosa y no hay papel tualé. Yo lo sé. Ustedes lo saben. Yo sé que Ustedes saben; y Ustedes saben que yo sé que Ustedes saben.

El “dibujito” ahora es de todos.

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