Apaguemos la TV

Acabo de leer el breve y consistente artículo de Ómar Rincón sobre la TV por cable y el exceso de programación basura. ¡Bravo! Por fin alguien más lo dice.

De todos los inventos que la tecnología y la era industrial nos han regalado; ¿No es la TV el más inútil de todos? Digo, está para comenzar la luz eléctrica. Luego están los trenes, aviones y barcos; las computadoras, los celulares y el internet (en la época de mi madre había teléfonos, en la de mi abuelita telégrafos). Los aires acondicionados y calefacciones. Las neveras, lavadoras, secadoras, radios y reproductores (antes se llamaban tocadiscos). Están los automóviles de combustibles fósiles o vegetales. Solo de mirar la vista cualquiera siente que hay alguno que sobre. Hay quien no necesita del celular, hace menos de 30 años ni existían. Otro prefiere ir a pié en lugar de usar el carro. Cada vez menos gente puede prescindir, en general, del suministro de electricidad.

Pero, ¿cuánta gente puede simplemente hacer el ejercicio de apagar la TV? La TV crea una adicción incomparable. Le siguen de cerca los juegos de vídeo, y bastante más de lejos los celulares y el internet. Con el internet uno mismo escoge qué ver y qué no, con quién  conectarse y con quién no. Cierto que las nuevas generaciones cada vez valoran menos la privacidad. Una parte de las redes sociales está dando un cierto giro a la “reality show”. Somos más exhibicionistas de lo que admitimos.

Con la TV, nuestra relación es el colmo. Permitimos que nos llene de basura, que invada nuestro espacio. Nuestra vida cotidiana se llena de imágenes de inmensa violencia a edades demasiado tempranas. Hay cada vez más efectos para hacer esas escenas más y más realistas, antes un balazo era un balazo y hasta la balas del Llanero Solitario eran rápidas, fulminantes y secas. Ahora todas las balas entran en cámara lenta mientras uno mira, desde adentro de la víctima, la trayectoria del proyectil que va perforando piel, huesos, tejidos, órganos. Mientras el proyectil, el sable o el cuchillo hacen de las suyas, escuchamos además los efectos sonoros especiales como el crujir de los juesos o el destajado y sangrado de un abdomen. Hay hasta una película en la que matan al Cristo como en un episodio de CSI. Y, claro, hay quien lo goza. Somos más sádicos de lo que admitimos.

La gente se queja de que la TV nacional por señal libre es mala; y ciertamente lo es. Pero después del auge de la TV por cable, ahora se quejan de lo mismo. Los gerentes y programadores de TV no saben qué hacer. No saben cómo invertir su dinero para crear más programas. A veces sí saben pero simplemente ya no pueden. O se les acaba el dinero o se les acaba la creatividad. El sistema implosiona; el principio de entropía vuelve a funcionar. Los canales de TV por cable repiten la programación. ¿Y qué? Si Usted mirase poca TV (definición de poca: No más de tres horas por mes) no notaría la diferencia. Pero como Usted paga por ese servicio de TV; se olvida de que el servicio que paga sirve para entretenerlo un rato, no para hipnotizarlo todo el día, todos los días. Quiere Usted hacer rendir su dinero hasta el último céntimo, de modo que se atornilla en el sofá y no hace nada más que mirar la TV, día tras día, noche tras noche. Es como quien va a la plaza del mercado a comprar comida y olvida que ésta es para alimentarse; concluye que para vivir bien hay que pasársela todo el día comiendo y termina obeso. Olvida que para disfrutar la comida también hay que sentir hambre; y que a veces 30 gramos de un buen roquefort son mejores que 1kg de queso campesino.

A los adictos (de la TV, de la comida o de lo que sea) les sucede lo que al avaro de Moliere: vive Usted en la miseria por temor de vivir en la miseria. Estamos intoxicados y no nos damos cuenta. Como con cualquier droga; el punto máximo de la intoxicación llega cuando  no importa la dosis que nos administren: ya no nos satisface. Solo hay una manera de afrontar esto.

Apague la TV. Comience por pasar algunos días de la semana, completos, sin ver TV; preferiblemente los fines de semana. Lo mismo debería hacer con el resto de los aparatos que tienen pantalla: celulares, computadoras. Si esta Usted con su familia, con la gente que ama y es más importante para Usted, ¿con quién más espera conectarse? Si sobrevive dos fines de semana entonces ya puede pensar en algo más difícil: Usted es el tipo de héroe que yo estaba esperando. Hágase un plan de dieta y propóngase no permanecer más de cierta cantidad de tiempo frente a la TV. No más de 2 horas por semana es perfecto. Si puede menos, mejor. No tenga miedo de sentir un vacío en su vida. Por arte de magia descubrirá que existen los parques, las mascotas, los primos y sobrinos, los amigos de antaño… ¡Y hasta los libros! Descubrirá Usted que existe el mundo. El mundo real, aquí y ahora, en este maravilloso presente.

Apáguelo todo. Comience por esta pantalla que está leyendo.

Hasta luego.

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