Las manos sucias

La política es un asunto sucio. Lleno de mierda. La cuestión es si uno se decide finalmente a ensuciarse las manos; o más bien opta por echarle la mierda a otros. Me parece que ese es el caso, justamente, en los comicios que acaban de suceder. La ilegitimidad de Nicolás Maduro procede de tres fuentes:

1. Un proceso de elecciones irregular. Nuevamente nos vemos en unas elecciones en las cuales el candidato oficialista tiene a su disposición los recursos del Estado; los impuestos de los venezolanos, los petrodólares de PDVSA; todo lo cual no es suficiente. Trancan la frontera. Cierran consulados. Disparan hacia las filas de votantes. Amedrentan a miembros de mesas de votación. Mandan comandos de motorizados a rodear el perímetro de centros de votación. Roban máquinas de transmisión de datos.

2. La negativa o reticencia temporal a contar todos los votos; lo cual constituye un capítulo más, un epílogo absurdo, la guinda del pastel del punto 1. Quien no la debe no la teme.

3. El discurso intolerante. Luis Vicente León acaba de soltar, lúcido como siempre, una frase inmejorable: “Cuando un líder asume el mando contra la opinión de la otra mitad del país, más vale que la reconozca y respete. Lo otro es suicida“. Si es que ganaste, no puedes gobernar contra el otro 49.9% que te adversa.

Conclusión: He escuchado ya a varios amigos opositores citando aquella triste frase del difunto, sobre la “victoria de mierda”. Tengo algo que decirles. Primero; esa cita es suya, no la hagamos nuestra. Esa es la posición del fascismo, que nosotros mismos hemos vivido en carne propia. Segundo; si Capriles saliese victorioso después de un reconteo de los votos; el chavismo nos trataría del mismo modo. De hecho, aunque para ellos hemos perdido, nos están tratando de ese modo. Nos llaman la burguesía apátrida. ¿Que somos más de siete millones de burgueses apátridas? Esa es su opinión, no la nuestra. Tercera: Estamos en el punto de inflexión. Se acaban de pasar a las filas del proyecto de Henrique Capriles nada más y nada menos que un millón de ex-chavistas. A los agresores solo les queda el cansancio. En lugar de devolver la agresión, debemos llevarlos al punto en que el absurdo de esa agresión en la que se rebajan a sí mismos sea insoportable.

Epílogo:

La ilegitimidad de Nicolás Maduro no procede de que haya ganado con una diferencia mínima. Si Maduro ganó con un solo voto, bienvenido sea. Será una victoria legítima.  Que se demuestre les debería interesar tanto a ellos como a nosotros. La diferencia, de 1% o de un voto, es lo de menos.

Un voto de diferencia es irreversible si gobiernas con la mitad del país, e insostenible si gobiernas contra la otra mitad del país.

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