La primera medida

Después de mucho tiempo desconectado del acontecer político venezolano,  he estado siguiendo de lejos las propuestas de Henrique Capriles. No hablo como profesional, sino como un ciudadano y observador más. Capriles ha mejorado sustancialmente su estrategia comunicacional. Me ha parecido acertado el giro de discurso de las últimas semanas; más hacia los rojos que se autocuestionan, menos hacia la oposición que sabe por quién va a votar. El famoso 20% de voto duro de HC se está diluyendo gracias a la absoluta torpeza del otro candidato. El fantasma de la abstención está pesando más en la otra orilla, al menos en este momento.  Por primera vez en muchos años, la oposición tiene una posibilidad real de ganar. Así que me he estado preguntando: ¿Cuál será la primera medida de un gobierno de Henrique Capriles? ¿Cuál quisiera Usted que fuese, lector?

Unos dirán que subir los salarios: Después de una devaluación del 120% en menos de 2 meses, la inflación y la pérdida adquisitiva están enloqueciendo a todo el mundo. Esa es una medida que se puede tomar con rapidez, y sería ampliamente agradecida desde todos los bandos. Otros dirán que el combate a la inseguridad, pero ésta no se resuelve con una medida sino con todo un proyecto de país y una filosofía de gobierno. La verdad es que la lista es tan larga como las necesidades de los venezolanos.

Aunque hay tanto, tantísimo por hacer; aunque lo que viene es joropo y nos faltan como treinta millones de alpargatas, aunque la economía está en el piso, las universidades públicas mueren de asfixia, las empresas privadas están quebradas y el aparato industrial es casi inexistente; aunque todos los días mueren venezolanos a manos del hampa común, hay escasez de alimentos y productos de primera necesidad; aunque hay cortes de agua y electricidad; si yo fuera Henrique Capriles, mi primera medida no tendría nada que ver con nada de eso.

Es cierto que la calidad de vida de los venezolanos cayó estrepitosamente. Pero también es cierto que los venezolanos, todos los venezolanos (y me incluyo), somos parcialmente responsables del actual estado de las cosas. Algunos son responsables de robar, asesinar, malversar, perseguir, insultar, secuestrar, vejar. Otros somos responsables de callar, de otorgar, omitir, obviar, conceder, bajar la cabeza, olvidar.

Los venezolanos necesitamos reconciliarnos unos con otros, agresores y agredidos, vejados y vejadores, insultados y escarniadores, expropiados  e invasores, deudos y asesinos. Esperamos deponer los rencores y los miedos. Para ello, para que surjan el perdón y la contrición, me parece urgente un llamado público a toda la población en el que recordemos las cosas que están mal, y todos acordemos que no se van a repetir.

Hay una entre todas que cargo guardada en el pecho hace rato. La llevamos todos los venezolanos en algún rincón entre el parietal y el hipotálamo. La digerimos en el desayuno, la callamos en las tardes, la lloramos en las noches. La lloramos todos, agresores y agredidos, solo que un bando la llora con lágrimas y el otro con síntomas. La pasamos por alto en las conversaciones con viejos amigos, cuando sabemos que el interlocutor es del otro bando político. No sé si por no pelear o por no ponernos a llorar todos, lo cual sería terapéutico.

Un gobierno de unidad nacional debe dar claras señales en su intención de buscar y reparar esa unidad. Reparar a los agredidos pasará algunas veces por juzgar a los a agresores; pero la reparación no siempre pasa por un juicio (mucho menos por una venganza). De todas las reparaciones e indemnizaciones posibles, la del reconocimiento público me parece la más importante.  En el largo camino que llevará reconstruir la autoestima venezolana, es mucho lo que se puede hacer desde lo simbólico.

Es por ello que no sé cuánto tiempo le habrá tomado a otros reflexionar sobre la primera medida de Capriles como presidente. A mí no me ha tomado ni medio segundo. Un gobierno de unidad nacional tiene que liberar a todos los presos políticos que existen ahora. Una Venezuela para todos los venezolanos debe, con gran urgencia, pedir perdón públicamente a todos los presos políticos, a sus familiares y a sus deudos.

En nombre de todos nosotros, tanto los que agredimos como los que callamos y miramos a otra parte; un nuevo gobierno de unidad nacional debe hacer una reparación pública, económica, moral y simbólica a María Afiuni; Iván Simonovis, Lázaro Forero, a la memoria de Franklin Brito; y a todos los familiares y deudos de estas personas.

En solo demorarlo se nos va la república.

Se nos va la vida.

 

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