La teoría de la sospecha

La teoría de la sospecha nos viene del Marxismo, y su aplicación en la política diaria tiene consecuencias terribles en una sociedad democrática. La democracia es un sistema de gobierno que sustituye el poder de las armas por el de los argumentos, El parlamento nos viene del Ágora, y es incluso más importante que las elecciones presidenciales, aunque Usted no lo crea. La democracia necesita de la discusión y se nutre de ella.

La lógica dialéctica (tesis-antítesis-síntesis) se opone, en este sentido, a la lógica aristotélica. Su correspondiente, el materialismo histórico-dialéctico, se opone a una posición que resulta ser el pilar de toda democracia. Demócrata es aquel que está convencido de que para gobernar es suficiente convencer a los demás de los propios argumentos, sin coacción militar, económica o de cualquier otra índole. Antidemócrata es quien piensa lo contrario: que discutir no tiene sentido, no vale la pena, no soluciona nada. Que es mejor quien soluciona con hechos, quien decide, que quien pierde primero el tiempo intentando convencer a los demás.

La teoría de la sospecha se puede resumir como sigue: No me interesan tus argumentos, sino tu historia, tu origen, tus intenciones oscuras, los intereses que defiendes. Tú no argumentas porque seas demócrata, sino porque defiendes intereses ocultos. Detrás de esta posición podemos descifrar algunas claves. Vale decir: la moral tiene una genealogía. El discurso demócrata viene manchado por un pecado original, los intereses de cada participante.

1. En la teoría de la sospecha, no escuchamos el argumento del otro: lo descalificamos.

2. La participación política para defender los intereses propios está teñida de pecado. Sólo es válida la participación “desinteresada”, humanística, filantrópica, por la defensa de principios abstractos como el bien de la humanidad, la justicia o la igualdad; pero no la participación para resolver problemas concretos, como pretender arreglar el hueco en la calle al frente de su casa o mejorar el suministro de agua de alguna comunidad.

3. El discurso de un ________ (la rayita la puede rellenar con cualquier etiqueta, como “burgués”, “enemigo”, “lacayo del imperio”, “antirrevolucionario”, pero también “rojo”, “terrorista”, etc….) está destinado al fracaso desde antes de que éste lo profiera.

4. No se escucha el discurso de un _____________ (ver punto anterior). No se le responde. Se ignora de plano su contenido, y se buscan las “debilidades morales” de quien lo profiere. Se descalifica al demócrata ingenuo con un discurso agrio.

La teoría de la sospecha es sólo una forma más de historicismo, una muy perversa por cierto, como bien nos previno Karl Popper en una de las más fieras defensas del pensamiento democrático, “La sociedad abierta y sus enemigos”.  El resultado de esta  manera de hacer política, dentro de una sociedad democrática, es simplemente nefasto. Cuando este tipo de pensamiento llega al poder, se dedica a ignorar sistemáticamente a la parte de la población que disiente de su proyecto. Se crea por la vía de los hechos un apartheid político. Se marca al disidente con una estrella de David amarilla que lo convierte en loco.

En este tipo de regímenes, a un disidente solo le quedan dos alternativas: el exilio o el campo de reeducación.  ¿Cuál elige Usted?

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