Reflexiones sobre la intolerancia

En el otoño de 1944, mientras ya las fuerzas del Eje estaban de repliegue, JP Sartre publicó sus “Réflexions sur la question juive” cuando todavía no se sabía de los campos de concentración.  Quiero hacer el ejercicio de sustituir la etiqueta “antisemita” por “intolerante”; y la etiqueta “judío” por una rayita “____”,  la cual pueden rellenar con la etiqueta que prefieran con tal que siempre sea la misma. Después que terminen de rellenarla; vuelvan a leerla y, esta vez, hagan el mismo ejercicio rellenando la rayita con la etiqueta “opuesta” (si es que la hay).  ___________________________________________

Si alguien atribuye todas o una parte de sus propios males o de las calamidades de  propias o de su país a la presencia de elementos ______ en la comunidad; si propone remediar tal estado de las cosas privando a los ____ de algunos de sus derechos o apartándolos de algunas de sus funciones económicas y sociales, o expulsándolos del territorio o exterminándolos; solemos decir que tieneopiniones intolerantes.

Esta palabra opinión hace soñar. Es la que emplea un ama de casa para poner fin a cualquier discusión que comienza a agriarse: sugiere que todas las opiniones son equivalentes, y da a los pensamientos una fisionimía inofensiva, comparable a la de los gustos. Entre gustos y colores… mejor no discutir. En nombre de la libertad de opinión, la intolerancia reclama el derecho de predicar, por todas partes, una cruzada anti_____.

Habituados como estamos al espíritu analítico, vemos a cada objeto como un rompecabezas que podemos separar en elementos; miramos a las personas como mosaicos en los que cada pieza coexiste con las otras de modo natural. De tal suerte, la opinión intolerante nos parece una molécula susceptible de entrar en interacción con otras sin alterarse. Es por ello que alguien puede ser buen padre, buen marido, ciudadano modelo, fino letrado y, por otra parte, intolerante. Puede amar la pesca, los placeres del amor, ser flexible en materia religiosa, lleno de ideas generosas y filantrópicas sobre los aborígenes de África central y, por otra parte, detestar a los _____.  Si no los ama; decimos que su experiencia le ha revelado que eran malvados, que las estadísticas le mostraron que eran peligrosos, que algunos factores históricos influenciaron su capacidad de juicio. Dado que esta opinión parece basada en hechos externos, quienes quieran estudiarla descuidarán a la persona misma del intolerante… para dedicarse a estudiar la historia de los ____ desde el principio del mundo. La intolerancia parece ser un fenómeno impersonal y social, que se puede explicar por cifras y promedios, que está condicionada por constantes económicas, históricas y políticas.

No digo que estas concepciones sean contradictorias. Digo que son peligrosas y falsas. Admitiré que, en rigor, se puede tener una opinión sobre la política vinícola del gobierno; vale decir, que se pueda tomar una decisión, basada en razonamientos, para aprobar o condenar la libre importación de vinos de Argelia… Pero me rehúso a aceptar como “opinión” a una doctrina que apunta deliberadamente a personas particulares y que busca suprimir sus derechos o exterminarlas. El ____ a quien el intolerante desea alcanzar no es un ser esquemático y definido por su función social o como un sujeto del derecho administrativo, o por sus actos como en el Código civil. Se trata de un ____, del hijo de un ____, reonocible por su físico, por el color de sus cabellos, por su vestimenta o, digamos, por su carácter.

La intolerancia no entra en la categoría de pensamientos que deben ser protegidos por el derecho de libre opinión. De hecho, se trata de algo muy distinto a una opinión. La intolerancia es una pasión.

Sin duda, puede presentarse en forma de proposición teórica. El intolerante moderado es un hombre cortés que dirá dulcemente: “Yo no detesto a los ____. Simplemente, estimo preferible por tal y tal razón, que tomen una parte reducida en la actividad de la nación”. Mas, apenas nos ganemos su confianza, añadirá con más confianza: “Vea Usted, debe haber algo en los ____, simplemente me desagradan”. Este argumento, que he escuchado cientos de veces, vale la pena examinarlo. ¿Imaginará Usted que alguien le diga: “Vea Usted, debe haber algo en los tomates, simplemente siento horror de comérmelos”? Por otra parte, nos muestra que la intolerancia, incluso en sus formas más tibias o más evolucionadas, sigue siendo una totalidad sincrética que se expresa en un discurso de apariencia razonable, y que puede entrañar incluso modificaciones corporales.

Vengo de notar que la intolerancia se presenta como una pasión. Todo el mundo comprende que se trata de un sentimiento de odio y de rabia. De ordinario, el odio y la cólera son solicitados: odio a quien me ha hecho sufrir, a quien me enoja o me insulta. La pasión del intolerante no goza del mismo carácter: ella anticipa los hechos que deberían hacerla nacer, sale a buscarlos para alimentarse, losinterpreta a su manera para que sean verdaderamente ofensivos. Si hablamos de un ______ a un intolerante, dará signos de una viva agitación. Por cierto; siempre debemos consentir al sentimiento de rabia para que ésta pueda manifestarse: es absolutamente justa la expresión, montamos en cólera. Deberíamos entonces admitir que el intolerante escoge vivir de un modo apasionado; lo cual no es raro. Usualmente amamos a los objetos de nuestra pasión: las mujeres, la gloria, el poder, el dinero. Dado que el intolerante ha escogido odiar; estamos convencidos de que aquello que en el fondo ama es, precisamente, dicho estado de exaltación.

El intolerante ha escogido el odio porque el odio es un tipo de fe. Ha escogido originalmente desvalorizar las palabras y el razonamiento. Se siente en comodidad. Las palabras le parecen fútiles. Las discusiones sobre los derechos de los ______ le parecen ligeras. Saben que sus palabras son absurdas. Se divierten de soltarlas; poniendo a su adversario en el terreno de usar de esas mismas palabras de modo serio, ya que éste sí cree en el significado de las palabras. Ellos tienen el derecho de jugar. Aman jugar con el discurso. Dando argumentos bufones, de una sola vez desacreditan la seriedad de su interlocutor. Hablan de mala fe, con total delicia.

El intolerante es impermeable a la razón y la experiencia. No es que sea impermeable porque su convicción sea fuerte. Es que su convicción es fuerte porque, de entrada, decidió ser impermeable.

El intolerante reconoce voluntariamente que los ______ sean inteligentes y trabajadores. Incluso se confesará a sí mismo inferior a ellos. Estas concesiones no le cuestan absolutamente nada, pues ha puesto sus cualidades entre paréntesis. Mientras más cualidades posea un _____, más peligroso es.  En cuanto al intolerante mismo, no se hace ilusión sobre aquello que es. Se considera una persona media, de la pequeña media. Todo un mediocre. Pero no hay que creer que su mediocridad le haga sentir vergüenza: al contrario, se complace en ella, la ha escogido. Por lo demás: habrá que recordar que no por escoger la mediocridad significa que se escoge la humildad o la modestia. Lla frase: “Odio a los _____”, es de las que se pronuncian en grupo; reasegurados por una comunidad de mediocres. Hay un orgullo apasionado de los mediocres. La intolerancia es una tentativa para valorizar la mediocridad en sí misma, para crear la élite de los mediocres. Para el intolerante, la inteligencia es de los _____, de modo que puede despreciarla con toda tranquilidad, como cualquier otra virtud que se consiga en los _______. Esas son las trampas que siempre tejen los _______ a fin de reemplazar la justa y equilibrada mediocridad que nunca poseerán.

Contiuará…

(Traducción majomenoj libre de “Réflexions sur l’antisémitisme” de J.P. Sartre).

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