Diario de caminata 08/07/2011 Guía para bogotanos y caraqueños que no se entienden mutuamente

Originalmente publicado el 08/07/2011 en indocacri.blogspot.com

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“¿Qué sería de los blancos cuando van a tierra caliente si los negros no les sirvieran refrescos de tamarindo?”

Jaime Jaramillo (Alheña y Azúmbar) 

Un esfero no es un balón de fútbol y un bolígrafo no es un lapicero, algo que sólo existe entre Cúcuta y San Cristóbal.

Las cosedoras no sirven para engrapar, ni las engrapadoras para coser. Se engrapa con una engrapadora; se cose con una cosedora. Un vestido de novia en Bogotá da tanto escalofrío como la sierra eléctrica de Freddy Kruger. Haga cuidado, sobre todo si es bogotana.

No hay gomelos en Caurimare, pero sí hay sifrinos en Virrey. Todos los gomelos son sifrinos pero no todos los sifrinos son gomelos. Para ser gomelo hay que tener clase, eso me lo enseñó un gomelo.

Además, los sifrinos nunca piden disculpas, primero muertos que sencillos. En cambio los gomelos se disculpan por todo, signo de su distinguida educación. ¿Marica si me entiende?

En Bogotá no existen taguaras.

Para calmar la sed hay que entrar a cualquier chuzo. Si dicen que la cerveza está fría está a temperatura ambiente; si le dicen al clima devuélvala. En cierto hipermercado tienen, al lado de las cajas registradoras, docenas de neveras apagadas repletas de cerveza caliente. ¿Hay panorama más desolador? Si quiere una cerveza helada servida en la barra tendrá que entrenar al barman. Los hay ya entrenados, doy la dirección del chuzo, de pana y todo.

Las mujeres entusan, el aguardiente enguayaba y ambos, mujeres y aguardiente, dan un ratón que sale de cualquier mayá. Buscando guayaba ando yo, que no renuncio a la cerveza fría. Es claro en todo caso que tusa y guayabo no son lo mismo. Si se enguayaba, se entusa o ambos, busque una negra modelo que le quite el sueño.

En la otra ribera del Arauca el ratón no da guayabo. Un ratón pertinaz se vuelve canguro y una guayabo pasado se hace tusa. Si no consigue una negra, modelo o corriente, no hay como una cerveza fría para quitar la tusa. Diomedes dixit, también quita el guayabo y, no importa lo que entienda, del otro lado todos estamos de acuerdo con él. Voy a montá una tiendesita pá vendé selvesa… 

En Bogotá aman el fútbol como en Caracas al béisbol. Lo que acá dicen del Millos o el Santa Fé, dicen allá del Magallanes o el Caracas. Si no olvida de qué se trata, sustituya los nombres y pasará por docto. Sustituya, no intercambie. El Millos no es afición sino religión. El Millos y el Santa Fé son como el Bien y el Mal: el Millos fue creado por Dios, el Santa Fé es invento de los hombres. Colombia será una potencia cuando el presidente sea hincha del Santa Fé.

En Bogotá se corre el champú; en Caracas se ruedan las tejas. Puede que opine Usted que a Hugo se le corre el champú y a Álvaro se le rueda una teja. Si lo dice en voz alta le darán razón, aquí y allá.

En Caracas las revoluciones de cafetín se acompañan de un negro corto cerrero o un marrón bien cargado. En Bogotá se habla mal del alcalde mientras se toma un tinto. Ojo que no es Cabernet- Sauvignon, ni Malbec ni Shiraz. Cuando se toma es tinto, cuando se ofrece es tintico y al ofrecerlo hay que fruncir el ceño y alzar la nariz y la comisura del labio, si no lo hace nadie entiende lo que está ofreciendo. Si no prestó atención, lea otra vez.

En Caracas uno se muda o hace mudanza, en Bogotá uno se cambia o se trastea. Cosa curiosa, en toda mudanza se mueven los trastos y nada cambia después que uno se muda.

En Caracas hay jevas y chamas. Chamas son todas, chamas primaverales hasta edades tardías. Las hay quincuagenarias, son las que más se halagan cuando les dices chamas. Jeva es la chama con la que estás saliendo, o sea una chama con dativo: la chama, mi jeva.

En Bogotá lo que hay son viejas, y son viejas todas, tenga cuidado con las prematuras. Una cuarentona puede ser mucho mejor que dos de veinte. Las jevas y los panas suelen ser más directos, si quiere algo dígalo, tiene a su favor el 50% de las oportunidades. Las viejas y los manes necesitan más rodeos, si quiere algo no lo diga y si tiene hambre no la muestre.

Uno jamás sale con la jeva del pana, lo mismo se aplica a la jeva del man o al pana o el man de la vieja aquella. Pero si por más de un minuto se le queda viendo a los ojos la vieja de aquel man, es señal de que tiene oportunidad. Yo en su lugar me abro de ese parche, conste que está advertido.

Los bogotanos se lo piensan todo tres veces. Si dicen fresco quieren decir listo, si dicen listo quieren decir quizás. Si dicen listo fresco es que sí va y plomo al hampa.

En Bogotá hay unas guanábanas jugosas y carnosas tamañas así. Hay que abrir totalmente los brazos cuando se dice así, si no no se entiende.

Hay limones, fresas, moras. También hay carambolas. Si las prueba todas de carambola querrá repetir ex profeso.

Hay guayabas y bocadillo, pero no se dice bocadillo de guayaba porque todo el mundo sabe que el bocadillo siempre es de guayaba, y cuando no es de guayaba sí se dice, por ejemplo, que uno quiere bocadillo de uchuva. Si le ofrecen un plátano horneado con queso y bocadillo no arrugue la cara: cierre los ojos, muerda y dé gracias al universo.

En Caracas hay manos de cambures, algo que no existe en Bogotá, donde hay bananos y bananillos, bananos de bocado. En Caracas hay plátanos, cambures, manzanos y titiaros, pero no se conocen bananos de ningún tipo. Hay racimos de uvas en Caracas, pero manos sólo hay de cambures, en cambio en Bogotá hay manos de problemas, o manos de plata, pero no he visto manos de bananos.

La ciudad de Bogotá tiene rasgos de vieja psicorígida, que no de chama enrollada. Si Usted sabe darle en la tecla justa puede descubrir todo un mundo de dulces amabilidades. Caracas es cosmopolita y agresiva, como las jevas que se divorcian y luego no quieren nada con nadie. No dicen jartera sino ladilla. No dicen cansancio sino dolor de bolas. No dicen qué pena con Usted sino jódete ese peo es tuyo. No dicen ábrase, así comedidamente en tercera persona, sino qué coño te pasa a ti y quítate güebón con g, diéresis, be de toro, empujón y tuteado.

Hay mangostinos en Bogotá. Nadie sabe de dónde vienen o a dónde van, pero si ve uno cómaselo. Los mangostinos se abren con un cuchillo teniendo cuidado de no partir la semilla. Antes de comerlos hay que disfrutar el sutil aroma de la fruta, que agita el deseo. Acerque la nariz y déjese llevar.

En Caracas no hay mangostinos pero sí hay mangos de hilacha. Si consigue un mango de hilacha tenga tino y atrápelo. Los mangos de hilacha perfuman las manos nada más de rozarlos. En Caracas todos, hasta las chamas, aman chupar mamones. Hay los que se chupan un guacal entero de una sentada. En Bogotá se comen mamoncillos. Una vieja decente, gomela o no, jamás se lo mete a la boca completo, sino que lo agarra con la punta de los dedos, lo cual es mucho más mamón.

Chupar mamones mancha la ropa, comer mamoncillos quizás.

Mangos de hilacha sólo se comen a escondidas porque uno se ensucia, se mancha y se empatuca mientras se entrega al placer sin reservas.

La diferencia entre mangos de hilacha y mangostinos, como entre mamones y mamoncillos, es la que hay entre lujuria y recato.

Cuando no hay ni mangos ni mangostinos, ni mamones ni mamoncillos, ni cerveza fría ni negras modelo, voy de urgencia a la frutería a tomarme un batido de tamarindo.

¿Qué sería de mí sin el tamarindo, sin los negros, sin las frutas de los negros, sin las negras de los negros?

Hay tantas flores en Bogotá que miro en ellas lo que los bogotanos no miran de tanto tenerlo. He conseguido flores bogotanas viviendo de incógnito en otras ciudades. El cielo despejado y el sol picante de la meseta bogotana han devuelto a la memoria de mi piel los colores profundos de Caracas, la vida vertiginosa de París, las húmedas tardes de Lille, la luz dorada de Jerusalén.

Nirvana del extranjero. Albert Camus es mi Dalai Lama. Anónimo, Bogotá me permite no ser, me fundo con la nada. Fragmentado, me olvido de esta cosa que contesta por mí y firma los cheques en mi lugar, de éste equipo de béisbol que dice Yo.

Sí, de béisbol, no me presionen. Primero muerto que sencillo.

Bueno. Está bien. Arriba Millos

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