Monthly Archives: October 2012

Diario de caminata 22/10/2012 We all are reflexions

A walker’s logbook: We all are reflexions
These are some pictures of my workplace, the UNAL (Universidad Nacional de Colombia). It is a Bauhaus like set of buildings that where constructed on the 30’s by Leopoldo Rother, see a reference here. I just wanted to explain somehow why I love it so much. I think it is a reflexion, and also an impression, of myself (which reminds me John Coltrane…)
My favourite tree, at the entrance of Cr30 Cl45

This is a wonderful, old, huge adn amazing acacia tree you find in the entrance of the Cr30Cl45, in the way to the central square.

There is a reason for anyone to fall inlove with someone or something; it is always a particular detail that touchs you. In my case it was this tree. I saw it the very first time I visited the campus and, in that moment, I knew I wanted to stay there for a long while.

Institute of music

This is the way from the Cr30Cl45 entrance to my workplace, in the Mathematics building, on the right there is the building of the Music Institute. For me, a hopeles pathological chronic melomaniac; it is an absolute blessing to walk each day and listen to the melodies that music students play and replay in their daily practice. It remembers me my elder days in the Jose Angel Lamas music conservatory.

(detail of the tree)

The Arts building

Someghing I absolutely love of the UNAL is the profusion of grafittis. This one is in the facade of the Arts building, and so are the next ones. I decided to take some pictures sice, because of the ephemeral nature of graffitis, they use to change and dissappear. One of the bests I  have ever seen was a graffitti of a huge eye. On the center of the iris you could see what the eye was looking at: a students’ riot. There was a caption text: “We all are reflections”. Unfortunately, when I went back with my camera it wasn’t there anymore.

(This one is a word puzzle, “my art= mi arte”, and also, “piss you=miarte”).

T

This one is marvelous, isn’t it?

A sculpture of V.I. Lenin…

It’s funny how the “revolutionary” speech of young activists has, at least for me, some retro flavour. But perestroika and glasnost did not pass through them. I took a picture of these  ’cause there is a different aesthetic approach on their symbols and colours, which I enjoy.

Now look at this one…

…and this one…

This is an incredible tunnel of leaves and branches that wellcome visitors when you approach the buildings of engineering (left) and maths (right).

Ok.. Now this is not a graffiti, but a huge mural indeed. It is in one of the back walls of the Arts building, just in front of the Maths building.

The Math building, my workplace, which is an absolute privilege.

Though I am a mathematician, this one, I did not understand it. Could anyone explain me? 🙂

This one is short and crushing… “Explore your erotic intellingence … (up) “.

Now look at this one: this is on the top of the facade at another of the Engineering buildings (yes, they have more than one).

Another word puzzle, without “Lucha” (fight, but also, Louise, the mom) there is no Victory (the baby).

And this one, I don’t know who is the guy that made it, but it is amazing. It is just in front of the Science&Engineering Library building….

Well. I hope there will be more later. Enough for this time.

Reflexiones sobre la intolerancia

En el otoño de 1944, mientras ya las fuerzas del Eje estaban de repliegue, JP Sartre publicó sus “Réflexions sur la question juive” cuando todavía no se sabía de los campos de concentración.  Quiero hacer el ejercicio de sustituir la etiqueta “antisemita” por “intolerante”; y la etiqueta “judío” por una rayita “____”,  la cual pueden rellenar con la etiqueta que prefieran con tal que siempre sea la misma. Después que terminen de rellenarla; vuelvan a leerla y, esta vez, hagan el mismo ejercicio rellenando la rayita con la etiqueta “opuesta” (si es que la hay).  ___________________________________________

Si alguien atribuye todas o una parte de sus propios males o de las calamidades de  propias o de su país a la presencia de elementos ______ en la comunidad; si propone remediar tal estado de las cosas privando a los ____ de algunos de sus derechos o apartándolos de algunas de sus funciones económicas y sociales, o expulsándolos del territorio o exterminándolos; solemos decir que tieneopiniones intolerantes.

Esta palabra opinión hace soñar. Es la que emplea un ama de casa para poner fin a cualquier discusión que comienza a agriarse: sugiere que todas las opiniones son equivalentes, y da a los pensamientos una fisionimía inofensiva, comparable a la de los gustos. Entre gustos y colores… mejor no discutir. En nombre de la libertad de opinión, la intolerancia reclama el derecho de predicar, por todas partes, una cruzada anti_____.

Habituados como estamos al espíritu analítico, vemos a cada objeto como un rompecabezas que podemos separar en elementos; miramos a las personas como mosaicos en los que cada pieza coexiste con las otras de modo natural. De tal suerte, la opinión intolerante nos parece una molécula susceptible de entrar en interacción con otras sin alterarse. Es por ello que alguien puede ser buen padre, buen marido, ciudadano modelo, fino letrado y, por otra parte, intolerante. Puede amar la pesca, los placeres del amor, ser flexible en materia religiosa, lleno de ideas generosas y filantrópicas sobre los aborígenes de África central y, por otra parte, detestar a los _____.  Si no los ama; decimos que su experiencia le ha revelado que eran malvados, que las estadísticas le mostraron que eran peligrosos, que algunos factores históricos influenciaron su capacidad de juicio. Dado que esta opinión parece basada en hechos externos, quienes quieran estudiarla descuidarán a la persona misma del intolerante… para dedicarse a estudiar la historia de los ____ desde el principio del mundo. La intolerancia parece ser un fenómeno impersonal y social, que se puede explicar por cifras y promedios, que está condicionada por constantes económicas, históricas y políticas.

No digo que estas concepciones sean contradictorias. Digo que son peligrosas y falsas. Admitiré que, en rigor, se puede tener una opinión sobre la política vinícola del gobierno; vale decir, que se pueda tomar una decisión, basada en razonamientos, para aprobar o condenar la libre importación de vinos de Argelia… Pero me rehúso a aceptar como “opinión” a una doctrina que apunta deliberadamente a personas particulares y que busca suprimir sus derechos o exterminarlas. El ____ a quien el intolerante desea alcanzar no es un ser esquemático y definido por su función social o como un sujeto del derecho administrativo, o por sus actos como en el Código civil. Se trata de un ____, del hijo de un ____, reonocible por su físico, por el color de sus cabellos, por su vestimenta o, digamos, por su carácter.

La intolerancia no entra en la categoría de pensamientos que deben ser protegidos por el derecho de libre opinión. De hecho, se trata de algo muy distinto a una opinión. La intolerancia es una pasión.

Sin duda, puede presentarse en forma de proposición teórica. El intolerante moderado es un hombre cortés que dirá dulcemente: “Yo no detesto a los ____. Simplemente, estimo preferible por tal y tal razón, que tomen una parte reducida en la actividad de la nación”. Mas, apenas nos ganemos su confianza, añadirá con más confianza: “Vea Usted, debe haber algo en los ____, simplemente me desagradan”. Este argumento, que he escuchado cientos de veces, vale la pena examinarlo. ¿Imaginará Usted que alguien le diga: “Vea Usted, debe haber algo en los tomates, simplemente siento horror de comérmelos”? Por otra parte, nos muestra que la intolerancia, incluso en sus formas más tibias o más evolucionadas, sigue siendo una totalidad sincrética que se expresa en un discurso de apariencia razonable, y que puede entrañar incluso modificaciones corporales.

Vengo de notar que la intolerancia se presenta como una pasión. Todo el mundo comprende que se trata de un sentimiento de odio y de rabia. De ordinario, el odio y la cólera son solicitados: odio a quien me ha hecho sufrir, a quien me enoja o me insulta. La pasión del intolerante no goza del mismo carácter: ella anticipa los hechos que deberían hacerla nacer, sale a buscarlos para alimentarse, losinterpreta a su manera para que sean verdaderamente ofensivos. Si hablamos de un ______ a un intolerante, dará signos de una viva agitación. Por cierto; siempre debemos consentir al sentimiento de rabia para que ésta pueda manifestarse: es absolutamente justa la expresión, montamos en cólera. Deberíamos entonces admitir que el intolerante escoge vivir de un modo apasionado; lo cual no es raro. Usualmente amamos a los objetos de nuestra pasión: las mujeres, la gloria, el poder, el dinero. Dado que el intolerante ha escogido odiar; estamos convencidos de que aquello que en el fondo ama es, precisamente, dicho estado de exaltación.

El intolerante ha escogido el odio porque el odio es un tipo de fe. Ha escogido originalmente desvalorizar las palabras y el razonamiento. Se siente en comodidad. Las palabras le parecen fútiles. Las discusiones sobre los derechos de los ______ le parecen ligeras. Saben que sus palabras son absurdas. Se divierten de soltarlas; poniendo a su adversario en el terreno de usar de esas mismas palabras de modo serio, ya que éste sí cree en el significado de las palabras. Ellos tienen el derecho de jugar. Aman jugar con el discurso. Dando argumentos bufones, de una sola vez desacreditan la seriedad de su interlocutor. Hablan de mala fe, con total delicia.

El intolerante es impermeable a la razón y la experiencia. No es que sea impermeable porque su convicción sea fuerte. Es que su convicción es fuerte porque, de entrada, decidió ser impermeable.

El intolerante reconoce voluntariamente que los ______ sean inteligentes y trabajadores. Incluso se confesará a sí mismo inferior a ellos. Estas concesiones no le cuestan absolutamente nada, pues ha puesto sus cualidades entre paréntesis. Mientras más cualidades posea un _____, más peligroso es.  En cuanto al intolerante mismo, no se hace ilusión sobre aquello que es. Se considera una persona media, de la pequeña media. Todo un mediocre. Pero no hay que creer que su mediocridad le haga sentir vergüenza: al contrario, se complace en ella, la ha escogido. Por lo demás: habrá que recordar que no por escoger la mediocridad significa que se escoge la humildad o la modestia. Lla frase: “Odio a los _____”, es de las que se pronuncian en grupo; reasegurados por una comunidad de mediocres. Hay un orgullo apasionado de los mediocres. La intolerancia es una tentativa para valorizar la mediocridad en sí misma, para crear la élite de los mediocres. Para el intolerante, la inteligencia es de los _____, de modo que puede despreciarla con toda tranquilidad, como cualquier otra virtud que se consiga en los _______. Esas son las trampas que siempre tejen los _______ a fin de reemplazar la justa y equilibrada mediocridad que nunca poseerán.

Contiuará…

(Traducción majomenoj libre de “Réflexions sur l’antisémitisme” de J.P. Sartre).

Diario de caminata 08/07/2011 Guía para bogotanos y caraqueños que no se entienden mutuamente

Originalmente publicado el 08/07/2011 en indocacri.blogspot.com

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“¿Qué sería de los blancos cuando van a tierra caliente si los negros no les sirvieran refrescos de tamarindo?”

Jaime Jaramillo (Alheña y Azúmbar) 

Un esfero no es un balón de fútbol y un bolígrafo no es un lapicero, algo que sólo existe entre Cúcuta y San Cristóbal.

Las cosedoras no sirven para engrapar, ni las engrapadoras para coser. Se engrapa con una engrapadora; se cose con una cosedora. Un vestido de novia en Bogotá da tanto escalofrío como la sierra eléctrica de Freddy Kruger. Haga cuidado, sobre todo si es bogotana.

No hay gomelos en Caurimare, pero sí hay sifrinos en Virrey. Todos los gomelos son sifrinos pero no todos los sifrinos son gomelos. Para ser gomelo hay que tener clase, eso me lo enseñó un gomelo.

Además, los sifrinos nunca piden disculpas, primero muertos que sencillos. En cambio los gomelos se disculpan por todo, signo de su distinguida educación. ¿Marica si me entiende?

En Bogotá no existen taguaras.

Para calmar la sed hay que entrar a cualquier chuzo. Si dicen que la cerveza está fría está a temperatura ambiente; si le dicen al clima devuélvala. En cierto hipermercado tienen, al lado de las cajas registradoras, docenas de neveras apagadas repletas de cerveza caliente. ¿Hay panorama más desolador? Si quiere una cerveza helada servida en la barra tendrá que entrenar al barman. Los hay ya entrenados, doy la dirección del chuzo, de pana y todo.

Las mujeres entusan, el aguardiente enguayaba y ambos, mujeres y aguardiente, dan un ratón que sale de cualquier mayá. Buscando guayaba ando yo, que no renuncio a la cerveza fría. Es claro en todo caso que tusa y guayabo no son lo mismo. Si se enguayaba, se entusa o ambos, busque una negra modelo que le quite el sueño.

En la otra ribera del Arauca el ratón no da guayabo. Un ratón pertinaz se vuelve canguro y una guayabo pasado se hace tusa. Si no consigue una negra, modelo o corriente, no hay como una cerveza fría para quitar la tusa. Diomedes dixit, también quita el guayabo y, no importa lo que entienda, del otro lado todos estamos de acuerdo con él. Voy a montá una tiendesita pá vendé selvesa… 

En Bogotá aman el fútbol como en Caracas al béisbol. Lo que acá dicen del Millos o el Santa Fé, dicen allá del Magallanes o el Caracas. Si no olvida de qué se trata, sustituya los nombres y pasará por docto. Sustituya, no intercambie. El Millos no es afición sino religión. El Millos y el Santa Fé son como el Bien y el Mal: el Millos fue creado por Dios, el Santa Fé es invento de los hombres. Colombia será una potencia cuando el presidente sea hincha del Santa Fé.

En Bogotá se corre el champú; en Caracas se ruedan las tejas. Puede que opine Usted que a Hugo se le corre el champú y a Álvaro se le rueda una teja. Si lo dice en voz alta le darán razón, aquí y allá.

En Caracas las revoluciones de cafetín se acompañan de un negro corto cerrero o un marrón bien cargado. En Bogotá se habla mal del alcalde mientras se toma un tinto. Ojo que no es Cabernet- Sauvignon, ni Malbec ni Shiraz. Cuando se toma es tinto, cuando se ofrece es tintico y al ofrecerlo hay que fruncir el ceño y alzar la nariz y la comisura del labio, si no lo hace nadie entiende lo que está ofreciendo. Si no prestó atención, lea otra vez.

En Caracas uno se muda o hace mudanza, en Bogotá uno se cambia o se trastea. Cosa curiosa, en toda mudanza se mueven los trastos y nada cambia después que uno se muda.

En Caracas hay jevas y chamas. Chamas son todas, chamas primaverales hasta edades tardías. Las hay quincuagenarias, son las que más se halagan cuando les dices chamas. Jeva es la chama con la que estás saliendo, o sea una chama con dativo: la chama, mi jeva.

En Bogotá lo que hay son viejas, y son viejas todas, tenga cuidado con las prematuras. Una cuarentona puede ser mucho mejor que dos de veinte. Las jevas y los panas suelen ser más directos, si quiere algo dígalo, tiene a su favor el 50% de las oportunidades. Las viejas y los manes necesitan más rodeos, si quiere algo no lo diga y si tiene hambre no la muestre.

Uno jamás sale con la jeva del pana, lo mismo se aplica a la jeva del man o al pana o el man de la vieja aquella. Pero si por más de un minuto se le queda viendo a los ojos la vieja de aquel man, es señal de que tiene oportunidad. Yo en su lugar me abro de ese parche, conste que está advertido.

Los bogotanos se lo piensan todo tres veces. Si dicen fresco quieren decir listo, si dicen listo quieren decir quizás. Si dicen listo fresco es que sí va y plomo al hampa.

En Bogotá hay unas guanábanas jugosas y carnosas tamañas así. Hay que abrir totalmente los brazos cuando se dice así, si no no se entiende.

Hay limones, fresas, moras. También hay carambolas. Si las prueba todas de carambola querrá repetir ex profeso.

Hay guayabas y bocadillo, pero no se dice bocadillo de guayaba porque todo el mundo sabe que el bocadillo siempre es de guayaba, y cuando no es de guayaba sí se dice, por ejemplo, que uno quiere bocadillo de uchuva. Si le ofrecen un plátano horneado con queso y bocadillo no arrugue la cara: cierre los ojos, muerda y dé gracias al universo.

En Caracas hay manos de cambures, algo que no existe en Bogotá, donde hay bananos y bananillos, bananos de bocado. En Caracas hay plátanos, cambures, manzanos y titiaros, pero no se conocen bananos de ningún tipo. Hay racimos de uvas en Caracas, pero manos sólo hay de cambures, en cambio en Bogotá hay manos de problemas, o manos de plata, pero no he visto manos de bananos.

La ciudad de Bogotá tiene rasgos de vieja psicorígida, que no de chama enrollada. Si Usted sabe darle en la tecla justa puede descubrir todo un mundo de dulces amabilidades. Caracas es cosmopolita y agresiva, como las jevas que se divorcian y luego no quieren nada con nadie. No dicen jartera sino ladilla. No dicen cansancio sino dolor de bolas. No dicen qué pena con Usted sino jódete ese peo es tuyo. No dicen ábrase, así comedidamente en tercera persona, sino qué coño te pasa a ti y quítate güebón con g, diéresis, be de toro, empujón y tuteado.

Hay mangostinos en Bogotá. Nadie sabe de dónde vienen o a dónde van, pero si ve uno cómaselo. Los mangostinos se abren con un cuchillo teniendo cuidado de no partir la semilla. Antes de comerlos hay que disfrutar el sutil aroma de la fruta, que agita el deseo. Acerque la nariz y déjese llevar.

En Caracas no hay mangostinos pero sí hay mangos de hilacha. Si consigue un mango de hilacha tenga tino y atrápelo. Los mangos de hilacha perfuman las manos nada más de rozarlos. En Caracas todos, hasta las chamas, aman chupar mamones. Hay los que se chupan un guacal entero de una sentada. En Bogotá se comen mamoncillos. Una vieja decente, gomela o no, jamás se lo mete a la boca completo, sino que lo agarra con la punta de los dedos, lo cual es mucho más mamón.

Chupar mamones mancha la ropa, comer mamoncillos quizás.

Mangos de hilacha sólo se comen a escondidas porque uno se ensucia, se mancha y se empatuca mientras se entrega al placer sin reservas.

La diferencia entre mangos de hilacha y mangostinos, como entre mamones y mamoncillos, es la que hay entre lujuria y recato.

Cuando no hay ni mangos ni mangostinos, ni mamones ni mamoncillos, ni cerveza fría ni negras modelo, voy de urgencia a la frutería a tomarme un batido de tamarindo.

¿Qué sería de mí sin el tamarindo, sin los negros, sin las frutas de los negros, sin las negras de los negros?

Hay tantas flores en Bogotá que miro en ellas lo que los bogotanos no miran de tanto tenerlo. He conseguido flores bogotanas viviendo de incógnito en otras ciudades. El cielo despejado y el sol picante de la meseta bogotana han devuelto a la memoria de mi piel los colores profundos de Caracas, la vida vertiginosa de París, las húmedas tardes de Lille, la luz dorada de Jerusalén.

Nirvana del extranjero. Albert Camus es mi Dalai Lama. Anónimo, Bogotá me permite no ser, me fundo con la nada. Fragmentado, me olvido de esta cosa que contesta por mí y firma los cheques en mi lugar, de éste equipo de béisbol que dice Yo.

Sí, de béisbol, no me presionen. Primero muerto que sencillo.

Bueno. Está bien. Arriba Millos

¿Y como pa qué era?

(Originalmente publicado en indocacri.blogspot.com el 09/12/2012)

Dos viejitos desmemoriados se consiguen en una esquina después de muchos años sin verse. Se abrazan con alegría, casi lloran. Uno le pregunta al otro:

– ¿Te acuerdas de Rosita? Me la conseguí hace unos días.
– No… No me acuerdo…
– La que salía con nosotros cuando éramos estudiantes…
– ¿Con nosotros?
– Pana, a tí te gustaba Rosita, yo salía con su hermana…
– Pues no me acuerdo…
– Salíamos a bailar noches enteras en una discoteca que ponía música lenta y lámparas a media luz…
– ¿Ejh…?
– Qué mal estás de la memoria… Y bailábamos con ellas de lo más apretados. Era una maravilla el perfume de Rosita…
– Aaaaah… Ya majomenoj me acuerdo, ¿Y… como pa qué era?

El chiste viene a cuento pues a finales de septiembre pasado un amigo querido se me acerca y, al rompe, sin anestesia, lo primero que me dice es:
– ¿Quiúbo hermano, y Usté ya leyó La Rebelión de los Náufragos (perfil en Facebook)

Pongo cara de ponchao.

– No me diga que no la ha leído. Juy hermano, mire yo en lo que la termine je la presto. Eso es una crónica monumental del gobierno ‘e Pérez, especialmente de los últimos meses antes de su renuncia.

Hernando es colega de la Universidad Nacional de Colombia. Fue profesor en la ULA (Mérida, Venezuela) hasta que se jubiló y, hace algunos años, regresó a Bogotá. Yo llegué a Colombia hace casi tres años y, desde mi llegada, el número de venezolanos inmigrantes se ha ido incrementando de manera importante, hablo especialmente de los venezolanos de mi profesión y especialidad. Soy matemático, PhD en topología algebraica de la UCV y la Universidad de Artois (Francia). Hernando también, es algebrista, sacó el PhD en Ohio. Los matemáticos siempre somos pocos, por cada uno de nosotros siempre hay un montón de gente que viene, adelante, atrás o a los lados, al menos en lo que a inmigración se refiere. La inmigración de venezolanos en los últimos años hacia Colombia ha traído de todo, en particular, una masa importante de profesionales científicos y técnicos.

-¿…? No, pues no lo he leído. ¿Y qué tal?

Hernando pone cara de felicidad mientras me invita un tinto (café) y se explaya con entusiasmo en hablarme del libro de la peridista venezolanaMirtha Rivero (perfil en Facebook). Poco a poco me voy interesando yo también, quedamos pues en el convenido préstamo… que todavía estoy esperando.

Unas semanas después, es mi padre quien me pregunta si he podido leerlo. Esta vez tengo cara de semiponchao. Algunos días después, él mismo publica en la web una reseña del libro a la que se suman una lista igualmente interesante de comentarios públicos.

En las semanas siguientes me dedico a recorrer librerías en Bogotá sin conseguirlo, no porque no lo hayan distribuido: está agotado. Entre octubre y noviembre, aparentemente, vuelve a aparecer, no en las redes de Panamericana, sino en la Lerner. Eso al menos me dice otro amigo roloveneco. Cuando llego ya no hay, si es que lo hubo (contrario a la mitología caraqueña sobre los libreros bogotanos, el dependiente no sabe de qué le hablo). Me resigno pues a esperar y buscarlo en Caracas, tan pronto llegue a pasar vacaciones.

Y eso hago.

La Rebelión de los Náufragos tampoco está en Tecniciencias. No la tienen en Las Novedades, ni en El Buscón, ni en la Alejandría, ni en el veintiúltimo pasillo de ingeniería en la UCV. Al menos no en los últimos días de diciembre. ¿Se la regalan todos los caraqueños entre sí? ¿Poco el tiraje? Mientras más la busco más intriga me da. Pasan los días y, finalmente, llega la fecha de mi retorno al trabajo. Hago mi maleta y me regreso sin fuegos artificiales (no me agradan las despedidas).

Es una soleada tarde de viernes. Ya resignado a no conseguirlo, chequeo mi maleta en Maiquetía, miro con algo de nostalgia los dibujos cinéticos en el piso del aeropuerto y no dejo de pensar en el inmenso mural de Cruz Diez sobre la aduana portuaria de la Guaira, perdido en el olvido. Respiro. Paso por inmigración y comienzo a caminar por el duty free. He aquí que en una pequeña libería, escondido, como si me estuviera esperando en el Finis Africae, de pronto me sonríe un libro de lomo grueso rojinegro. Lo miro, me mira, nos reconocemos. Atravieso el pasillo del aeropuerto repleto de turistas y allí nos conseguimos y me siento fray Guillermo de Baskerville, o mejor aún, el propio Sherlock Holmes.

Me lo llevo sin dudar. Me instalo en el asiento del aeropuerto a esperar la salida del vuelo 81 de Avianca de las 6:15pm, con destino a Bogotá. Abro finalmente la primera página de La Rebelión de los Náufragos.

No me pregunten lo que ha sucedido en las últimas horas, creo que no me he dado cuenta de prácticamente nada. No sé ni cómo llegué a Bogotá ni cómo recuperé la maleta ni quién la deshizo ni cómo entré a mi casa, ni qué comí ni en dónde me acosté.

Sólo sé que hoy es lunes y apenas hace un par de horas acabo de pasar la última página y cerrar la tapa del libro. Que el libro de Mirtha Rivero es una impresionante búsqueda hacia adentro con apariencia de investigación periodística hacia afuera, pero no, la vaina es hacia adentro. Hay, además de toda la documentación y el giro de posición reconocido por la propia autora, una inmersión en las aguas del recuerdo de lo que éramos y cómo éramos, y una apuesta a la honestidad, al menos a la honestidad con uno mismo.

Sólo sé que uno no puede soltar esa vaina. Atrapa, así que tenga cuidado. Léalo y sumérjase. Zambúllase. Corra también Usted el riesgo de girar.

Luego, cuando le hablen de derechos humanos o civiles, de proyectos de país, en fin cuando le hablen de democracia, no pregunte: ¿Y como pa qué era?

Si yo me indignara

(Originalmente publicado el 12/10/2012 en gabrielpadillaleon.wordpress.com)

Indignarse o no indignarse: hé aquí el dilema. ¿Qué es mejor? ¿Sobrevivir a nuestro propio sentido del ridículo, o ser tragados por las fauces de la masa? Bien.

Ya que estamos en eso, me he pasado el día pensando por qué debería indignarme yo. Digo, si uno quiere estar a la moda, hay que indignarse. Si no, no se es in. El que no se indigna es un pan y, como bien lo acotó Andrés López, nadie se lo va a comer. Así que indígnese, que  para comenzar, está en juego la supervivencia de la especie. Ahora,  si la cuestión no es ya indignarse o no, sino por qué; hé aquí una lista humanitaria que proveo a tod@s mis panas (la @ es cuestión de ser políticamente correctos, para que luego no me digan machista, o al menos para que no se note). De modo que, con  amor al universo e interés filantrópico; va aquí en orden inverso, desde la más suave a la más insoportable, mi humilde lista de

COSAS QUE ME INDIGNAN

15. El moñongo de Lila Morillo.

14. Los usuarios de transportes públicos que se tiran peos en los autobuses o vagones repletos durante las horas pico, sin la más mínima consideración para con niños, ancianos o mujeres embarazadas; sin ningún respeto por el protocolo de Kyoto, la convención de la Haya y los tratados internacionales sobre la limitación de armas químicas o biológicas en la guerra convencional. Conste escribe alguien consciente de sus debilidades gastrointestinales: cuando me jallo en semejante trance prefiero caminar a amargarle la vida a sus congéneres. Y eso quea veces la brisa le juega a uno malas pasadas. No se burlen.

13. Los locutores de emisoras de música clásica que no tienen idea de lo que está saliendo al aire, ni de quién lo interpreta, ni de cuál es la orquesta o el director, muchísimo menos el compositor, y nunca, pero nunca pegan una.

12. La chicha con canela y las tetas con silicona. ¿A quién se le ocurre arreglar lo que ya es perfecto?

11. Las diputadas o diputados que se las tiran de feministas o feministos hablando todo el tiempo de los ciudadanas y ciudadanos, estudiantas y estudiantos, güebonas o güebones. Me indignan tanto que me provoca meterme a estilisto y manicuristo.

10. El pizarrón (*) sin borrar que consigo, siempre con el mismo tipo de letra, cuando llego a dar clases; y que siempre vuelvo a dejar neuróticamente limpio al terminar de dar la mía.

9. Los cortes de luz/agua/teléfono/internet.

8. Las jevas que nunca te pueden decir de una qué es lo que les ladilla y uno tiene que empezar a adivinar. Uno: ¿Estás molesta mi amor? Ella: No, claro. Uno:¿Fue algo que hice? Ella: No mi vida. Uno: ¿Fue algo que no hice? Ella: No mi vida. Uno: Ok, ¿fue algo que he debido hacer pero no hice porque no me atreví a preguntarte hantes de pensar en hacerlo? Ella: No mi vida, es más complicado pero déjalo así… etc.

7. Quienes salen por allí a indignarse, como si estuviera de moda, por cualquier cosa que  alguien les sugiera en una red social (incluida esta lista); pero no se les ocurre protestar  contra los secuestros, las minas antipersonas, los crímenes de guerra, los desaparecidos o desplazados, los presos políticos, los perseguidos de conciencia, los discriminados, las violaciones a los derechos de la mujer… etc. Pasan por alto lo más importante en cualquier sociedad abierta: la inviolabilidad de las personas.

6. Las pizzas sin anchoas. Más todavía: las vainas que te venden como pizzas, como esa cosa con pollo, champiñones y piña. No panas, esa vaina no es una pizza y, me disculpan, pero soy un talibán en cuanto a pizzas se refiere.

5. La gente ñonga para comer.

4. Las cachifas (**) que todo lo cambian de lugar y no avisan. Se van corriendo, sonrientes, imaginando la semerenda arrechera que nos van a hacer coger cuando no consigamos el rollo de papel tualé, las llaves del carro o el inhalador de salbutamol. Pana no sean ratas, no lo hagan, que esa vaina sube la tensión.  Además; suena demasiado bien quejarse de las cachifas, es un tema de conversación absolutamente burgués. ¿No?

3. Los supuestos ayudadores de las cajas de supermercados, que se encargan de amarrarte las bolsas de mercado con unos nudos que no se desamarra ni con un curso de marino mercante.

2. Los Navegantes del Magallanes.

1. Y lejos, pero muy lejos de las demás, en el primero del ranking: Convivir con un indignado.

La última es la más tenaz de toda (perdón por el modismo rolo). Son todos una ladilla, ¿no les parece? Esa es una vaina absolutamente cansona cuando se trata, digamos, de la suegra, del padre o la madre, de un hermano. Ni hablar si se trata de su jeva, no hay quien aguante un mes de cantaleta. ¿Que su pareja hace ya rato que tiene el tonito de indignado o indignada? ¿Que ya no es tonito, ni sonsonete, sino franco acento dialectal? Ahí tiene un excelente motivo para indignarse. No se preocupe, no corre peligro. La mayoría de los indignados cogen mínimo cuando uno se indigna a su vez: indignado que ladra, no muerde. Si se trata, ya no de su cónyuge, sino de su jefe, le deseo suerte. Nada más insoportable que un indignado 24/24 7/7 en la oficina, de esos que se indignan si uno sale al pasillo a fumarse un cigarrillo o tomar café. Ánimo: indígnese Usted también, alguna vez tiene que llegarle su turno. Si no se trata de su jefe, sino del alcalde, del gobernador o, faltaba más, del propio presidente de la república; y de pronto siente Usted que tiene como mucho tiempo soportando el sonsonete, se siente incómodo digamos, y le baja una luz y tiene Usted ahí mismo una epifanía y se le aclara la mente y se le nubla la vista; de ahí en adelante es peo suyo. No le doy consejos para que luego no me digan traidor a la patria.

Eso de indignarse siempre tiene algo de ígneo. Mejor no jugar con fuego. En lugar de tanto indignarse, ¿qué tal si se ríe un rato de sí mismo?

(*) Dícese de un tablero. Cortesía del Diccionario Rolo-Veneco. Ediciones Sin Oficio. @2012

(**) Dícese de una mucama o señora de limpieza. Op. cit.

Especulaciones simples

Originalmente publicado bajo el título “Especulaciones fascistas” en gabrielpadillaleon.wordpress.com el 24/09/2012. Este artículo fue editado luego de las amables observaciones de algunos amigos. Una de ellas, quizá la más importante, fue que (tal como estaba inicialmente escrito) la palabra “fascista” se podía tomar como una descalificación personal. Nada más lejano de mi intención de réplica: Para mí el fascismo es una actitud política identificable; todos (incluido quien escribe) podemos caer eventualmente en algún tipo de acción pública que favorezca el pensamiento fascista. Por tales motivos me decidí finalmente a reescribir esta nota.

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No hay nada peor a olvidar las diferencias entre derecha e izquierda. Derecha e izquierda coexisten, luchan, conviven y negocian. A veces, jugadores políticos de cualquiera de los dos espectros le juegan sucio a la Sociedad Abierta. A veces aparece un tercer espectro: el de la identificación entre derecha e izquierda. La confusión socava las reglas de juego de la Sociedad Abierta desde sus cimientos. De la confusión entre derecha e izquierda surgen frecuentemente los extremos de derecha e izquierda.

Para que sea posible identificar valores opuestos hace falta limitar, también deliberadamente, el propio razonamiento lógico. Los valores opuestos sólo se amalgaman a través de una pasión: “No me gusta la política, soy antipolítico. No soy  ni de derecha ni de izquierda, sino venezolano (colombiano, argentino, chileno, francés, alemán, etc…)”. ¿Suena conocido? Hay también actores políticos que buscan deliberadamente esa confusión-identificación. El fascismo es la amalgama de los principios más extremos de derecha e izquierda, de modo deliberado, a través de una o varias pasiones que funcionan como catalizadores y vehículos sintéticos del pensamiento primitivo.  Ejemplos de pasiones sintéticas pueden ser el odio a un enemigo externo (el imperio, la amenaza roja) o interno (terrorismo), la cohesión religiosa, la identificación tribal…

Dicen que la república es eterna porque muere todos los días. A veces la Sociedad Abierta se suicida o, al menos, lo intenta. Los profetas del desencanto arremeten contra  instituciones que defienden nuestras libertades individuales. Prometen una sociedad más justa a cambio de eliminar “algunos estorbos”. ¿Nos preguntamos qué quedaría si de un día nos levantásemos y ya no existieran los partidos políticos, el congreso, la prensa libre, los sindicatos independientes, la universidad autónoma? Hacemos caso a los enemigos de la Sociedad Abierta  porque le tememos a la libertad. Es imposible embaucar a alguien inocente: caemos por algo. Olvidamos la paradoja de Popper: la Sociedad Abierta no puede tolerar a los intolerantes.

La inversión en cultura, en arte, en tecnología y en ciencias naturales, por pequeña que sea, siempre redunda en la calidad de vida de toda una nación. Puede que esto no sea evidente para el carnicero de la esquina, pero sí lo es para cualquiera que viene de la academia. La Sociedad Abierta es responsable de invertir en la formación de sus ciudadanos. La efectividad de esa inversión no sólo se mide en la cantidad de egresados. Una escuela de artes, un dojo de artes marciales, un conservatorio de música, una universidad; no sólo existen para producir escultores, físicos, judokas o directores de orquesta (al menos no a cualquier precio ni de cualquier manera). Su impacto trasciende los diplomas, licencias o cinturones negros. No son sólo fábricas de egresados.

Cuando alguien pasa por una universidad, aprecia una obra maestra de pintura o descubre los cuartetos póstumos de Beethoven; su vida cambia para siempre. Poco importa si no termina los cursos en los que se inscribió. Su vida ya ha cambiado desde practica alguna de esas disciplinas por algún tiempo. Su vida ya ha cambiado desde que inició un nuevo viaje: es el viaje mismo lo que nos abre una perspectiva diferente del mundo porque descubrimos una nueva Ítaca. ¿Recordamos los científicos acaso lo que significan las Ítacas?

El secreto está en practicar, experimentar, vivir. No importa si es breve o largo, la experiencia nos cambia. Esta es la idea que tenía, por ejemplo, Jigoro Kano sobre el impacto y la misión de la enseñanza del Judo. El impacto social que tiene el proyecto de orquestas juveniles en un barrio de Caracas va más allá del número de conciertos que graba Dudamel con la orquesta Simón Bolívar.

¿Hay quien financia turismo académico a costa de los contribuyentes? ¿Existen políticos corruptos? ¿Hay empleados públicos ineficientes? ¿Se habla demasiado y se hace poco en el congreso, o en la Corte Suprema? Respuesta de una Sociedad Abierta que no quiera suicidarse: Sí, ¿y qué? 
Reformamos las instituciones sin destruirlas o nos quedamos sin ellas. Si prescindimos de sindicatos independientes, universidades autónomas, partidos políticos, prensa libre, Congreso, Corte Suprema, etc…  ¿Por quién votaremos, si es que nos dejan votar después? ¿Por un par de botas? ¿Por una sotana?
¿Somos los académicos una clase privilegiada, una oligarquía del conocimiento? ¿No debería ser más democrática la universidad? Las preguntas simples a veces merecen respuestas complicadas (¡Díganselo a Fermat!). Toda simplificación es, en cierto modo, un reduccionismo. Duelen los académicos que dan a las personas simples argumentos más simples aún. Necesito una academia que ocupe su espacio político desde el conocimiento.
La academia es el lugar en donde damos argumentos complicados a preguntas simples.
Más aún: parte de nuestra labor es explicar esos argumentos complicados a las personas simples. Prefiero una academia imperfecta, una universidad pública con todos sus defectos, un Colciencias jurásico; a la desaparición de esas instituciones. A veces, responder de manera simple a una pregunta simple equivale a suicidarnos.

Si fueran honestos; los enemigos (conscientes o no) de la Sociedad Abierta pedirían a las botas y a las sotanas lo mismo que exigen a las universidades. Sueño con un alto mando militar elegido por voto el directo de reclutas, soldados, porteros y bedeles.

¿Puede toda la sociedad evaluar la relevancia que tendrá en su presente o en su futuro el conocimiento científico que actualmente producimos en Colombia? ¿Tenemos que justificar nuestra investigación en la relevancia social de nuestro trabajo? Los empresarios financian investigaciones que garantizaran ganancias. Los regímenes autoritarios financian panfletos. Detrás de argumentos simples que amarran la libertad de pensamiento de un científico, de un músico, de un artista, a la relevancia social de su trabajo; se esconde el miedo al pensamiento que profesan los dictadores. Al “¡Muera la intelectuaildad traidora! ¡Viva la muerte!” de Millán Astray contestaba Unamuno “Este es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote, estáis profanando su santo recinto”. Lo único que un investigador no negocia es su libertad para pensar y escoger en qué investiga.

Una hoja de ruta seria no se elabora a punta de consignas. El camino al fascismo está empedrado por argumentos simples; en ocasiones, minúsculamente simples.