Paralelos y no tanto

sino.jpgEsto es un comentario amplificado de una respuesta que en otro lado le di a mi macropana Diana Pareja, quien se dedica a las estadísticas y análisis de mercado. Creo que deberíamos recapacitar sobre el manejo del miedo que ha habido en parte de la campaña del No; así como en el triunfalismo que ahora, después de los resultados, se hace evidente en los partidarios del Sí. Sobre ambos puntos, hay algunas cosas que paso a comentar.

En la campaña del No en Colombia; los partidarios de esa tendencia usaron con bastante ligereza los “paralelos con la situación venezolana”. Se dijo que después de firmar la paz, la guerrilla iba a tomar todas las posiciones políticas de poder (alcaldías, gobierno) a través de elecciones para llevar a Colombia al comunismo… “como en Venezuela”.  Afirmar algo así es desconocer que la izquierda venezolana que firmó la paz en los años 70 fue la que se integró honestamente al juego democrático. Los mejores ejemplos que tengo de eso son Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez, Moisés Moleiro, Freddy y Simón Muñoz, Manuel Caballero, Rui de Carvalho (antaño profesor de mi padre, a quien él siempre admiró), mi profesor y amigo Ricardo Ríos; y mi difunto amigo Omar Zamora. Casi todos ellos o fueron desde el principio o terminaron a la larga en la oposición al chavismo.

Se ha dicho que “la paz política en venezuela fue producto del boom petrolero, sin el cual habría sido insostenible”. En mi opinión, la verdad fue más bien la recíproca: La paz política que Venezuela consiguió con la paficicación de la guerrilla potenció enormemente la prosperidad económica que tuvimos. De otro modo, nuestros guerrilleros activos habrían bombardeado oleoductos, o se habrían aliado con las mafias del secuestro y el narcotráfico internacional; nada de lo cual ocurrió.

Se ha tratado de hacer ver que, “como en Venezuela”, la guerrilla buscaba legitimarse a través del referendo por el Sí para luego dar el zarpazo final. En Venezuela, el ala democrática que alguna vez tuvo el chavismo (que existió, que tenía proyectos y demandas legítimas) fue traicionada, desde su nacimiento, por el ala “cívico-militar” que tenía desde 1998 sus propios planes autoritarios y excluyentes, léase dictatoriales. Los responsables del golpe de Estado a Carlos Andrés Pérez en su 2do período no fueron los que firmaron el acuerdo de paz venezolano de los años 70, sino las facciones que públicamente le dieron la espalda. Y, por favor, que quede claro: no estoy diciendo que esto mismo esté sucediendo en Colombia ahora, ni estoy adjudicándole “intenciones antidemocráticas” al bando del No. Solo estoy poniendo en claro que esos “paralelos” con Venezuela, son inferencias arbitrarias y nada más.

Por otra parte; casi 20 años después de la llegada de Hugo Chávez Frías al poder en Venezuela, tengo que recordar que mucho de lo que vivimos se pudo evitar, simplemente, con un poco más de humildad y sentido común de parte y parte. La tragedia venezolana sí fue evitable. Tuvimos muchas oportunidades para evitarla… y las echamos todas al caño. Si uno no quiere que Pedro Pérez gane la presidencia, pues uno se inscribe en el registro electoral, participa en la campaña, le explica a todo el que uno se tropieza por qué Pedrito no debería ganar (o mejor aún, por qué a uno le llama más la atención el programa de Juan González); y finalmente el día de las elecciones va uno y vota. Entonces, aunque el Sí hubiese ganado en el referendo; nada implicaba por fuerza que Colombia “terminaría en el comunismo” (como lo pintaban las viudas del terror). La cosa es fácil: quien no quería a los guerrilleros, con no votar por Timochenko, tenía (y tiene). La desgracia que nos acontece a los venezolanos es nuestra responsabilidad en cuanto no fuimos capaces de mostrarle a nuestros conciudadanos todo lo que estaba por venir (y creo que ninguno de nosotros, en aquella época, la imaginó en toda su amplitud).

Dicho esto; el riesgo del suicidio social como el zeppuku múltiple y masivo que practicamos los venezolanos en diecisiete elecciones, el que se hicieron a sí mismos los alemanes cuando eligieron a Hitler, o el que están a puntico de cometer los gringos con Donald Tramp (sic, muchas gracias) es un aspecto inherente a cualquier sistema de tomas de decisiones, individuales o compartidas. Los errores son posibles. En una democracia, lamentablemente, las mayorías también se equivocan.

En lo que respecta al referendo en Colombia, me la he pasado recolectando opiniones sueltas de la gente en la calle. Tengo que relatar que, con asombro, he escuchado gente de a pié (un taxista, un obrero, un conductor de bus) decir que iban a votar por el No. Luego de publicados los resultados los vi no solo contentos, sino especialmente aliviados. Del lado del No había angustia,  había temor, y los partidarios del Sí no llegaron a calmar esos temores. Hubo la sensación de que el gobierno colombiano “pisaba el acelerador” en las últimas fases del acuerdo. Esta gente existe. Sintieron tranquilidad después que supieron los resultados (que ganaba el No). Son parte de la realidad a la que cualquier animal político (como yo mejmo) le debe tomar el pulso. Los matemáticos, estadísticos, encuestadores y analistas de datos están (estamos) allí para tomar ese pulso. Las encuestas son también fotografías instantáneas. Retratan un momento pasado de una realidad cambiante. Reflejan parcialmente la realidad política en un momento dado del pasado, no predicen el futuro, especialmente no lo predicen cuando la dinámica polĺtica es (por naturaleza o debido a algunas circunstancias) demasiado volátil. Algo de ello pudo haber pasado, para que los sondeos de semanas atrás se estrellaran de modo semejante contra la realidad de las votaciones de hoy. No es la primera vez que lo veo (ya he tenido varios sinsabores con la realidad política y las encuestas venezolanas).

Como profesional del área, debe uno también tener paciencia con los demás. Una parte importante de nuestra profesión es la de comunicar lo poco que sabemos de la manera más humana y amable a nuestros semejantes. Esto también es parte del trabajo. Alguien me llegó a sugerir que los abstencionistas estaban todos con el No. Le respondí, con la mayor calma de la que fui capaz, lo que cualquier estadístico con algo de respeto por sí mismo le diría: que la intención de voto entre los abstencionistas es idéntica a la de quienes finalmente votan o, al menos, esa es nuestra “hipótesis nula”.

Nadie quiere volver de nuevo al estado de guerra. En ese sentido, es importantísima la rápida reacción de Timochenko  al declarar que las FARC no se alzarán de nuevo en armas: es aceptar que se van a quedar en la mesa de negociación, que no le van a dar una patada. Tampoco se trata de que el gobierno y guerrilla deshojen la margarita eternamente. Lo que queda claro con los resultados de las votaciones de hoy, en grueso, es que una mitad de Colombia no está de acuerdo (o al menos no está tan convencida) con lo que propone la otra mitad. En particular;  la mitad de los votantesno aprueba totalmente los términos en los que Santos y Timochenko firmaron los acuerdos. Decía Leibnitz que vivimos en el mejor de los mundos posibles. En este caso, al menos, tenía razón. En tales circunstancias lo mejor que podía pasar era lo que finalmente sucedió: que ganara el No y los actores políticos se vean obligados a renegociar.

No le habría convenido al Sí ganar por ese estrecho márgen que las encuestadoras no previeron. Continuar así los acuerdos de paz habría sido imponer un proyecto, de manera apresurada y a contrapelo, a la otra mitad del país. Vencer sin convencer es una forma de violencia. La lectura correcta del resultado electoral de hoy, para los partidarios del acuerdo de paz, es que no han hecho todo el trabajo necesario. Hay que escuchar, buscar respuestas en el otro bando,  armar mayores y mejores consensos, volver a empezar. Únicamente en ello puede que los partidarios del Sí consigan un “paralelo” con la situación venezolana: tienen algo que aprender  de la dura lección que hemos metabolizado los opositores venezolanos en estos casi veinte años. Hay que hacer el trabajo completo. Métase en la campaña. Inscríbase en un partido político. Participe en las mesas de votaciones. Presencie los conteos de votos el día de las elecciones. Proteja la limpieza del resultado en las mesas de su circuito, incluso y especialmente, si es su bando el que pierde. No desligitime todo el sistema y todo el juego cuando pierda. Acepte la derrota, comience desde cero y vuelva a trabajar.

Recuerde que la democracia es el único sistema político en el que las cosas se resuelven discutiendo. Su mejor arma política, la única que lo salva (a Usted, a mí y a todos a la larga) de tener que dirimir las vainas a tiros con sus semejantes; es el voto. Úselo. La democracia es como el béisbol. Nada la retrata mejor que aquella frase de Yogi Berra: “It ain’t over till its over”. Esto se termina cuando se termina. Concéntrese en el próximo hit.

Desesperanza

Es tarde en la noche

los niños duermen

Hace rato se acabó el ruido de fondo

me siento frente a la ventana

respiro

siento la brisa fría de la meseta

el olor dulce de los árboles lejanos

 

Mientras todos celebran

 

me invade esta tristeza a contrapelo

me pregunto si en verdad

tenías que hacerme esperar veinte años

vendiéndome un paraíso en el que no creías

 

El aire fresco acaricia mis sienes

el frío eriza levemente

la barba sobre el candado

recuerdo cuántas veces te pedí

que no te tiraras medio siglo de esfuerzo conjunto

por una venganza minúscula

 

Tenías que lograr a toda costa

tu minuto de revancha orgásmica

sin importar

a quiénes se llevaban por el medio

quiénes fuimos excluidos a la fuerza

expatriados

marcados con estrellas

 

Tenías que ver cómo la ira me sobrepasaba

en una cola absurda

en la que me humillaste

a cambio de un paquete de pañales

un kilo de harina

o cualquier otra cosa

necesitabas disfrutar

mientras la frustración me consumía

para soltar el primer ademán de movimiento

 

Fue necesario que destruirlo todo

llegar al fondo y ponerte a cavar tu propia tumba

sin importar cuánto te suplicara

que te detuvieses

Tuve que renunciar a tener hijos para que tú los tuvieses

perdí mi fe para que tú la hallaras

te dejé solo con tu resentimiento

para que al fin

cuando yo ya no pudiese regresar

cuando ya nada tuviera remedio

concluyeras

que ya no crees en dictaduras

que ahora tienes esperanza en una patria

 

que tienes la ingenua osadía

de contar conmigo

 

La brisa noctura es suave

el frío leve

cuento respiraciones

abro los ojos

miro la luz en la ventana del frente

dejo pasar estrellas y nubes

dejo pasar tu recuerdo

 

 

ISIS afraid

Isis is afraid. Terrorists are afraid. Existence of laic States just scares them, even if those States are far away. They feel not so well ’cause there are societies which not only allow, but encourage women to study, to vote and to decide (even worse, you can go to prison for misstreating one). They are concerned with the possibility that, some day, sissy fags and fairies (this is how they call anyone who belongs to the wide, warm and beautiful rainbow of LGTB community) realize they actually can stand for their rights. Much more scared they are that, some day, they will exert those rights. Terrorists are afraid of illustration, public schools, press; and yes, they’re afraid, truly and absolutely afraid of books. They know what books and reading can do to people. Encyclopedies freak them out., Internet (the same they use to hang on youtube the videos of beheaded journalists), when used to didactical goals (wikipedia for instance) provokes them chill in the spine). ISIS attacs Irak and Turkey because these muslim countries have tried, during decades of inner struggles, to walk the way of laicity. The fears of terrorists are those of fanatics and fundamentalists. You must kill everyone who doesn’t share your creed. If not, or one day he/she would induce you to think against the dogma and, that day, you will wake up and look in the mirror what exactly you are. One day you might realize that, all that defenseless people, yes, you killed’em for humbugs and tales and lies. Terrorists have fear of Westerns, because we estimate too much (or, at least, too dangerously) our right to think and express what we think. They hate Paris, the cradle of modern thought, with the same feelings they have for encyclopedism and illustration. They are afraid of the meaning of that three-bars flag, that  bleu-blanc-rouge flag.

They are afraid of liberty, la equality and fraternity. And they are right.

We, westerns, have seen what happens and how falls an insane, irrational religion; when most of the society nows how to read.

ISIS tiene miedo

Isis tiene miedo. Los terroristas tienen miedo. Les da miedo que existan estados laicos, aunque queden muy muy lejos de ellos. Les da miedo que haya sociedades en las que las mujeres estudian, votan y deciden (peor aún, te ponen preso por pegarle a una). Les da miedo que un día a los maricos (así llaman a ese amplio arcoiris que es la multicolor comunidad LGTB) les dé por reclamar sus derechos y hacer marchas. Mucho más miedo les da que algún día logren hacer valer esos derechos. Los terroristas tienen miedo de la ilustración; miedo de las escuelas públicas y las imprentas, y sí, miedo, mucho miedo a los libros. Las enciclopedias les dan terror, y el internet (ese que usan para colgar en youtube los vídeos de periodistas degollados) usado para fines didácticos (wikipedia verbigracia) les provoca un escalofrío en el espinazo. ISIS ataca en Irak porque es un país que durante décadas intentó transitar el camino hacia la laicidad. El miedo de los terroristas es el miedo de los fanáticos. Hay que matar a tiros a todo el que no crea en lo mismo que yo, no sea que un día, conversando cualquier vaina, de pronto me hagan pensar en contra del dogma. No sea que un día despierte mirando en el espejo eso que en realidad soy. No sea que un día descubra que eso por lo que mato gente desconocida, indefensa y desarmada; es una pura patraña y una vil mentira. Los terroristas tienen miedo de Occidente, porque los occidentales valoramos demasiado peligrosamente nuestro derecho a pensar. Odian París, cuna del enciclopedismo y la ilustración. Tienen miedo de lo que significan esas tres franjas en bleu-blanc-rouge. Tienen miedo de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Eclipse de cumpleaños

Hay pocas cosas en la vida que sean menos frecuentes que un eclipse. El último eclipse de luna ocurrió en la noche del cumpleaños de Santi; todo un regalo. Nos dedicamos a mirarlo una buena parte de la noche, tumbados en la alfombra de la habitación principal, que da al balcón. Luego me dio por recordar La Luna de Bertolucci. Vainas…

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Repudio

Tomo esta foto prestada (sin permiso expreso) de la nota de prensa de BBC Mundo.

Ciudadanos colombianos deportados en la frontera con Venezuela. Tomo esta foto prestada (sin permiso expreso) de la nota de prensa de BBC Mundo.

Los hechos que se están produciendo en la frontera entre Colombia y Venezuela son simplemente desesperantes. Gente expulsada a la fuerza. Viviendas confiscadas y saqueadas. Emigrantes puestos en la frontera a punta de fusil, con mujeres, niños y ancianos; sin ninguna posibilidad de protesta o pataleo. “Nadie estaba preparado para este desplazamiento forzado al estilo de Hitler”: acaba de declarar el alcalde de Cúcuta. “Nos botan como perros”, decía un desplazado a las cámaras de un canal local. “La franja de Gaza en los Andes”, replica un amigo.

Los comentarios de vecinos y familiares son espeluznantes. Hace doce años, mientras vivía en Francia; explicarle a los franceces las violaciones a derechos humanos que se estaban produciendo en Venezuela era, simplemente, imposible. Por entonces, en Colombia estaba desatado el conflicto y las migraciones de desplazados. Ante eso, el despido en vivo y directo de 18.000 empleados de PDVSA era, simplemente, un juego de niños. Era mi palabra contra todo el aparato internacional de propaganda del Estado Venezolano, financiado con petrodólares pagados a más de 100USD el barril. Elijo recordar en primer lugar a los despedidos de PDSVA durante el paro petrolero. Ese despido tuvo las mismas connotaciones de lo que ahora pasa en la frontera con Colombia: Familias enteras sacadas por la fuerza de sus casas en los campos petroleros, personas despedidas por no presentarse a trabajar mientras estaban en reposo por incapacidad médica, y una enorme lista de violaciones a derechos humanos y laborales a los que el régimen les pasó por encima. Las familias de deportados en la frontera me recordaron inmediatamente  a los expulsados de los campos petroleros; también mujeres, ancianos y niños incluidos. Nadie estaba preparado para una expulsión al estilo Hitler.

Hace poco más de seis años, cuando llegué a Colombia; una buena parte de mis conocidos no me creían cuando les hablaba de las repetidas violaciones a derechos humanos que se estaban produciendo en Venezuela. Resultaba difícil, aunque ya no imposible, hacerle entender al colombiano promedio que las cosas en Venezuela estaban más graves de lo que parecían. Una parte importante, sin embargo, tenían sus propias convicciones políticas, las cuales les impedían escuchar (una de las mayores distorsiones del marxismo es la descalificación del interlocutor en virtud de su origen económico, étnico o social). Ya había presos políticos en Venezuela (Afiuni, Forero, Simonovis) ninguno de los cuales (lamentablemente) tuvo la notoriedad mediática de Leopoldo López. Ya hacía varios años estaba funcionando la lista Tascón (ahora disponible en versión 5.0 beta). Los nombres de todos los opositores públicos (incluido quien escribe, familiares, amigos y conocidos) fueron proscritos del sistema de economía nacional: nadie volvería a ofrecer empleo a un opositor. A uno le rescindieron un contrato para instalar cámaras en la alcaldía del municipio tal, porque había firmado. A otro lo sacaron del concurso en la universidad cual. Muchos se fueron agobiados por las dificultades económicas y laborales. Otros, finalmente, porque además comenzamos a temer cosas más graves. Conseguimos refugio (¿definitivo?) en países extranjeros. Fuimos botados como perros.

Los colombianos (el ciudadano de a pié: la vecina del frente, el panadero de la cuadra, el conductor de la buseta, el compañero de trabajo) han comenzado a abrir los ojos sobre la gravedad del problema en el país vecino. La represión brutal a las manifestaciones estudiantiles en los últimos años, el encierro de López y Ledezma, la prohibición de visita a expresidentes “no alineados” con la ideología del gobierno, la inhabilitación de opositores; todo ello ha comenzado a resonar, cada vez más, también fuera de las fronteras de Venezuela.

El episodio actual es solo la guinda del pastel. El objetivo no es la gente que se expulsa; sino la declaración (ya oficial) de estado de emergencia en el Táchira, una de las dependencias más fuertemente opositoras a una política económica absurda que el régimen pretende implementar a sangre y fuego, contra todo resto de racionalidad. Las expresiones que he escuchado a algunos personeros del régimen venezolano, al referirse a los deportados de la frontera en los últimos días, superan todo mi asombro. Me recuerdan el Dakazo de 2013 sobre el cual ya había escrito otra columna hace tiempo. Me recuerdan la profanación de la sinagoga de Maripérez, la cual yo mismo presencié y fue uno de los motivos más fuertes de mi partida. Lo que hay en Venezuela no es una democracia con la cual se pueda dialogar. Negocian de mala fe. Arrasan con personas, familias, sindicatos, instituciones y, de ser necesario, con países enteros. Merecen el rechazo rotundo tanto de sus propios ciudadanos como de las naciones vecinas. Lo que hay en Venezuela, no de ahora, sino desde hace 18 años, es la Kristallnacth en Caracas. Es la franja de Gaza en los Andes, como decía mi amigo.

Una vez, más me veo en la necesidad personal de repudiar las acciones del régimen violento que gobierna en mi país. Esta es la segunda. Dice la Sharia que, después del tercer repudio, sobreviene el divorcio definitivo.

Enciclopedia de las vainas inútiles: Clasificación de las Flatulencias

Clasificación de las flatulencias

Tomado del Manual Diagnóstico de la OMF (Organización Mundial de la Flatulencia).

Inoportuno: Esta categoría, tarde o temprano, le sucede a todo el mundo. Acontece en las peores circunstancias, usualmente públicas y solemnes, como los entierros o velorios, desfiles patrios, etc. La víctima está en el momento justo y en el centro de la acción.  El cumpleañero al momento de soplar la vela. El novio o la novia en el instante del beso en el altar.

Canino: Variación del inoportuno, que ocurre en ese temido instante, en el sofá de la casa de los (actuales o futuros) suegros. De pronto sucede el milagro: alguien a quien echarle la culpa, bajo el sofá estaba el perro de la casa.

Ecuestre: Ese que hay que sacar ya, porque sí, cuestre lo que cuestre.

Engañoso: El que parece, pero no es. Tiene como variante el traidor, que es, pero no parece.

Boomerang: ¿A quién no le ha sucedido estar reventándose las tripas en una reunión familiar, pedir el baño prestado y darse cuenta de que solo se trataba de fuegos artificiales? Después del segundo o tercer conato de emergencia, el incauto piensa que no es grave, se aleja hasta el balcón para de descargar su angustia. Entonces la madre naturaleza (o el karma) manda una suave brisa que hace regresar la emisión gasífera, completica, al centro de la reunión social.

Terrorista: Emitidos por niños pequeños e incivilizados (propiedades ambas en relación directamente proporcional). A menor edad, más violento es el ataque. Uno no sabe exactamente qué acuerdo internacional violan: si el de Kyoto (emisiones de carbono), el de Ginebra (armas de destrucción masiva) o el de La Haya (delitos de lesa humanidad).

Antisocial: Variante del anterior, realizada con deliberación y alevosía, a fin de terminar ipso facto una reunión social. Se caracteriza por la edad adulta (no menos de 18 años) del victimario, quien posee plena conciencia y se regodea con el sufrimiento ajeno.

Exhibicionista: Curiosa subvariante del terrorista, que ocurre en lugares de concentración masiva y alta circulación de gente, como los centros comerciales.

Anticultural: Idem, con preferencia por teatros, museos o cines.

Modernista: Idem, en ascensores, aviones, helicópteros, autos de carreras o naves espaciales.

Antideportivo: Idem, en estadios de béisbol/futbol/lo que aguante.

Antigastronómico: Idem, en medio de una epicúrea reunión de pantagruélicos comensales.

Sonoro: Esta categoría tiene subtipos: vientos, metales, cuerdas, percusión. Sobran cualquier descripción.

Musical: Variante melismática del anterior. Solo ocurre entre los subtipos vientos/cuerdas.

Orquestal: Coincidencia  simultánea de dos o más sonoros, en contrapunto y/o harmonía.

Encobijado: El favorito de esos abuelos soñados por todos los niños, que llaman a sus nietos a acostarse en la cama con ellos.

Silencioso: El que no se oye. Suelen ser de gran efectividad, impacto y toxicidad; algunos implican riesgo bioquímico. Son los preferidos de los viajeros de transporte público, en horas pico.

Antireligioso: Variante del silencioso, que ocurre en templos religiosos atestados de gente, durante épocas litúrgicas fuertes y, de preferencia, en climas de cálidos a sofocantes. Tiene como subvariante el herético; que sucede cuando el victimario es la misma persona que oficia el rito. Algunos académicos refutan esta clasificación, pero la OMF en su manual diagnóstico establece que, si los decibeles sonoros superan el nivel 2, entonces se debe clasificar como Terrorista (op. cit. más arriba).

Comunista: Sucede en muy raras ocasiones, que por la flatulencia de uno solo, todo el mundo hace autocrítica y pide disculpas.

Capitalista: Siempre hay alguien que se las arregla para cobrarle a uno por cualquier cosa.

Kamikaze: Cuando el culpable se envenena a sí mismo con su propia emisión.

Inútil: Ese del que nadie se entera que existió.

Semisólido: Dícese de la flatulencia que viene acompañada de chufletazo. Vale decir, que los interiores del culpable quedan manchados con la marca del Zorro. Por eso mismo, es sencillo saber a quién corresponde el atentado.

Semilíquido: Variante que no requiere mayor explicación.

Coloide: El que queda a mitad de camino entre semisólido y semilíquido. Los hay en estado sol o gel, dependiendo de la predominancia del estado físico.

Post-orgásmico: ¡Ay no! ¿De verdad?

Freudiano: ¿Y todavía le parece que es un chiste?

Lacaniano: el que no se entiende.

Jungiano: esta no es una variante del Freudiano, sino del orquestal, en la cual la coincidencia colectiva se produce de manera inconsciente.

Bachiano: Se dice de aquel en el que el responsable del atentado, por vergüenza, se pierde y no regresa nunca más. Toccatta y fuga.

Beethoveniano: Cuando no se oyen; pero eso sí, vienen el primero, el segundo, el tercero… y el noveno de pié.

Brahmsiano: Idem, con coda.

Mahleriano: Además de modular, también muta lentamente las diferentes sensaciones olfativas de putrefacción. Se extingue (¡finalmente!) luego de varias horas: las víctimas no deben esperar sentadas, por riesgo de intoxicación aguda.

Schubertiano: El inconcluso.

Wagneriano: Idem. Pero no se extingue.

Gregoriano: Se creerá Usted en el séptimo infierno de Dante. Recitará, aunque Usted mismo no se lo crea: “Rex, tremenda maiestatis, salvanos fons pietatis”.